¿Conoces a alguien que parece tener un imán para las personas?
Tal vez esa persona influyó en ti de una manera positiva, te enseñó cosas valiosas o se interesó en ti. Yo sí conozco a algunas personas con estas características y de hecho, son personas a quienes yo admiro mucho y cuya opinión yo respeto mucho. Lo curioso es que ellos nunca impusieron su autoridad sobre mí, sino que yo, voluntariamente, decidí escucharlos y darles un lugar importante en mi vida. Eso se llama autoridad natural.

La autoridad natural es la autoridad innata que una persona ejerce para atraer a otros. Es distinta a la autoridad que arrastra u oprime desde afuera para controlar, en que depende del carisma, la asertividad y la autoconfianza de quien la ejerce.

Carisma ~ Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
Asertividad ~ Es una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.
Autoconfianza ~ Seguridad, esperanza firme en uno mismo.

Para algunas personas, estas características son naturales y no necesitan esforzarse para ser así. Sin embargo, en nuestra función de mamás, es vital que desarrollemos estas cualidades para fortalecer nuestra autoridad natural. Los niños necesitan un liderazgo con la capacidad de atraerlos y fascinarlos naturalmente, para ganarse su confianza y entonces, poder guiarlos asertivamente.

Cuando era soltera tuve la oportunidad de trabajar con niños durante varios años. A través de mi observación a los niños durante ese tiempo, aprendí muchas lecciones valiosas que me han ayudado mucho ahora que soy mamá. Una de esas lecciones importantes fue la de saber cómo ganarme el corazón de un niño. Recuerdo que cuando veía que había problemas entre los niños y sus papás yo pensaba: “pero si es tan fácil ganarse el corazón de un niño si tan sólo te detienes unos minutos a escuchar con atención lo que tiene que decir”.
Es verdad, la atención a los niños (y a todas las personas) te permite atraerlos como con un imán y tener su corazón en tus manos. Es parte de ser carismático. Y como no todos nacemos con el don de ser carismáticos, aquí se me ocurren algunas ideas para mejorar la atención hacia nuestros hijos cada día:

1. Escucha atentamente con todo tu cuerpo

Muchas mamás sólo oyen pero no escuchan, y el no ser escuchado por sus papás, puede ser una de las experiencias más frustrantes para un hijo.
Los niños son muy sensibles a nuestra atención o a la falta de ella. Ellos pueden “leernos” completamente. Decirle a tu hijo con tu boca: “ajá… sí… qué bonito”, mientras que estás completamente concentrada en otra actividad, no es atención y él puede percibirlo. El mensaje que le estás enviando es: “esto que estoy haciendo es más importante que tú”.
Cuando tu hijo te esté platicando algo, deja tu actividad por completo. Agáchate a su nivel y míralo fijamente a los ojos. Haz expresiones de sorpresa o asombro que le hagan saber que estás entendiendo lo que te está diciendo. Pero sé genuina. Los niños también son sensibles a la hipocresía.
Cuando tú hables, pídeles que te vean a los ojos. Utiliza un lenguaje adecuado a su edad, habla con claridad, usa gestos faciales expresivos. Asegúrate de que entendieron tu mensaje completo haciéndoles preguntas o pidiéndoles que repitan lo que dijiste.

2. Haz preguntas sinceras y lógicas

Hazle preguntas que demuestren que verdaderamente estás interesada y quieres saber más. Asegúrate de que esas preguntas sean lógicas y que estén relacionadas con lo que se está hablando. Las mamás muchas veces somos especialistas en hacer preguntas fuera de lugar… y para un niño eso es muy frustrante.

3. Mantén la comunicación constantemente

Me siento un poco dudosa de hacer esta recomendación, ya que hay algunas mamás a las que no les para el pico, y una mamá que monologa también es muy frustrante para un hijo. Me refiero aquí al tipo de comunicación que sabe cuándo hablar y cuándo callar. Que sabe valorar el silencio y que sabe cuándo romperlo con sabiduría. Al tipo de comunicación que habla cuando tiene algo importante qué decir, y que calla para incitar a que otros también hablen. Viviendo con puros hombres, siento que tengo que ser más cautelosa en este aspecto, ya que mis hombrecitos tienden a “desenchufarse” cuando estoy hablando de más. Así que tengo que ser muy precisa en escoger las palabras que quiero usar, ya que un solo mensaje conciso y oportuno es mucho más efectivo que largos sermones repetitivos una y otra vez.

4. Valida sus sentimientos

Mucho se habla de este concepto, que simplemente significa hacerle sentir al niño que entendemos cómo se siente. Punto. Sin agregarle más ni reprocharle nada ni darle lecciones. Ahorita me vienen a la mente algunos autores, como Adele Faber y Elaine Mazlish, en su famoso libro: “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen” (que existe en español y lo venden en Gandhi), o Naomi Aldort en su libro: “Raising our children, raising ourselves” (Criando a nuestros hijos, criándonos a nosotros), o Pam Leo en su libro: “Connection Parenting” (Crianza basada en la conexión) ~ Puedes ver todos estos libros aquí.

Aquí copio un fragmento del libro de Naomi Aldort para dar una idea un poco más amplia sobre este concepto – que la verdad es amplísimo y podríamos escribir muchos artículos al respecto:


“Valida lo que tu hijo te está diciendo o las necesidades que está expresando, sin dramatizar y sin agregarle tu propia percepción. Escuchar y validar son los ingredientes del amor. El éxito es crear una conexión con el niño y ganar un sentimiento de autenticidad y presencia. Cuando los niños son validados, inmediatamente dejan ir los sentimientos negativos. No se aferran a ellos, ya que no tienen todo un historial construido a su alrededor. Una vez que la necesidad del niño es suplida, entonces avanzará a lo que sigue. Las emociones son como el sudor o como el movimiento intestinal. Son necesarios y necesitan que las reconozcamos, como limpiarnos el sudor, para que no nos estorben en el camino”

5. Suple todas sus necesidades

Este aspecto de las necesidades también es muy amplio y podríamos hablar mucho al respecto. De hecho, toda la filosofía de la crianza con apego se basa en esta prioridad: suplir las necesidades de tus hijos.
Yo sé lo que es tener niños pequeños que parece que lo único que saben hacer es pedir, pedir y pedir. Puede ser agotador, pero piensa que tu inversión presente en suplir esas necesidades tierna y cariñosamente, traerá un fruto abundante en un futuro no muy lejano.
Aquí me encontré un fragmento del capítulo “Talk” (habla), del libro “How Children Learn” (Cómo aprenden los niños), de John Holt.
Me gusta mucho el mensaje:

“El New York Times, en un artículo de 1981 acerca del llanto de los bebés, citó al Dr. Michael Lewis, profesor de pediatría de la Escuela de Medicina Rutgers, quien dijo que aun bebés pequeñitos de tan sólo ocho semanas de vida cuyos llantos son respondidos, son notablemente más curiosos, sonríen más y se mantienen despiertos por periodos de tiempo mayores. En el mismo artículo, Susan Crockenberg, profesora asociada del desarrollo humano en la Universidad de California en Davis, dijo que el trabajo de un número de investigaciones ha demostrado que “mientras más sensible sea una madre hacia su bebé, menos llora él, más seguridad adquiere y más rápidamente desarrolla confianza”. A las mamás que dijeron que pensaban que responder al llanto de sus bebés solamente los “malcriaría”, se les hicieron observaciones posteriores y se encontró que sus bebés lloraban más.

Yo he sentido durante mucho tiempo que la ira apasionada con la que muchos niños de dos o tres años lloran, viene simplemente de su sentimiento (tal vez erróneo, tal vez no) de que no han sido entendidos, o peor aun, que sus palabras han sido ignoradas o casual y despectivamente hechas a un lado. Incluso si en algunas ocasiones estamos determinados a someter la voluntad de un niño a la nuestra, deberíamos ponerle cuidadosa atención cuando trata de decirnos lo que quiere. En una discusión con un niño pequeño, siempre he encontrado que decirle constantemente: “Escucho lo que estás diciendo, entiendo que quieras esto o aquello, siento mucho que estés tan enojado y triste, pero no te voy a dar el dulce (o lo que sea)”, al menos es amable y muchas veces útil. Pero existe un aspecto mucho más profundo e importante en el que podemos y muchas veces fallamos  en entender a los niños. Ya que son tan pequeños, torpes, inarticulados, simples y también  tan bonitos (para quienes les gustan), que fácilmente podemos subestimar la seriedad de muchas de sus preguntas e inquietudes, y nos reímos de ellos indulgentemente o los ignoramos por completo”.

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¿Se te ocurren otras formas para fortalecer nuestra autoridad natural diariamente?

Si deseas saber cómo fortalecer tu autoridad natural,
te invito a conocer esta herramienta.

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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