Los mexicanos, al igual que los habitantes de otras naciones, deseamos ver un cambio en nuestra tierra. Deseamos poder caminar por las calles de un país seguro donde no tengamos temor de ser asaltados, secuestrados o asesinados; queremos saber que el gobierno administra el dinero de nuestros impuestos honradamente; queremos que más fuentes de empleo sean generadas para incrementar nuestra economía; y anhelamos que nuestros hijos reciban una mejor educación.

Queremos que nuestra realidad cambie, pero muchas veces no estamos dispuestos a cambiar. No queremos violencia, pero reaccionamos violentamente contra nuestros hijos. No queremos deshonestidad, pero aprovechamos cualquier oportunidad para evadir impuestos, dar mordidas y comprar piratería. No queremos desempleo, pero somos flojos y apáticos para prepararnos mejor. Queremos que nuestros hijos estén mejor educados, pero le dejamos esa responsabilidad al Estado.

Es verdad que un cambio es difícil, pues depende de muchas personas y situaciones ajenas a nosotros, pero también es verdad que no podemos cruzarnos de brazos esperando a que ese cambio llegue. Cada uno de nosotros tenemos en las manos la oportunidad de cambiar nuestra área de influencia, por más pequeña que sea. El área de influencia más importante y que todos tenemos en común es nuestra familia, nuestros hijos. Ellos dependen totalmente de ti y cada día se transforman en lo que tú eres.

¿Qué tipo de ciudadanos estás aportando a tu país? ¿Estás personificando los valores que anhelas ver, o estás confeccionando ciudadanos con los mismos defectos que desprecias?

Necesitamos invertirnos en fortalecer a nuestras familias

Los paradigmas de nuestras sociedades nos han hecho creer que la única manera de educar a nuestros hijos y de asegurarles un buen futuro es a través de enviarlos a la escuela, pero según los resultados de la Prueba ENLACE 2011, el 45.7% de los alumnos mexicanos del último grado de bachillerato tienen un nivel insuficiente en habilidad lectora; y el 75.3%, en matemáticas. Por otro lado, según el informe “Panorama Mundial de la Educación 2011” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, México es el tercero después de Turquía e Israel, con el mayor número de jóvenes entre 15 y 29 años que no estudia ni trabaja (ninis)
Y finalmente, la Secretaría de Educación Pública determinó que en el 14% de los municipios de todo el país, los alumnos de enseñanza básica están expuestos a altos grados de violencia, criminalidad, consumo de drogas y alcohol. El Programa Escuela Segura 2011 está dirigido a los planteles públicos de educación básica ubicados en los territorios de mayor riesgo para brindar asesoría para elaborar, distribuir y difundir diversos materiales educativos sobre cómo alejar a los alumnos de las drogas y la violencia.

¿Ése es el “buen futuro” que el sistema educativo ofrece?

Reformar el sistema está fuera de nuestro alcance, porque también depende de muchos factores ajenos a nosotros. Y aunque actualmente está habiendo un despertar de la conciencia, y se han lanzado buenas iniciativas, no podemos esperar a que el sistema esté listo para educar a nuestros hijos.

Yo no puedo.

He descubierto que:

Una fuerte conexión con nuestros hijos es la base que nos permite tener una influencia significativa sobre ellos.
La conexión se fortalece cuando les prestamos atención a nuestros hijos e invertimos mucho tiempo en conocerlos profundamente.
Los niños aprenden mucho mejor por imitación y tienen un fuerte deseo de colaborar e integrarse a su círculo social, que por lo general, se conforma por personas de distintas edades.
Los seres humanos aprendemos mucho mejor cuando necesitamos lograr un objetivo específico, que cuando nos obligan a “tragar” conocimiento.
Cada persona tiene talentos y habilidades que lo hacen único y que pueden ser su motivador más fuerte para alcanzar grandes logros, y que no siempre son las mismas habilidades que las escuelas refuerzan.

Por lo tanto, considerando esta realidad, yo he decidido darles la libertad a mis hijos de aprender directamente del mundo, sin escuela. Mucha gente no envía a sus hijos a la escuela por diversas razones e ideales. En mi caso, mi motivación más importante es la de fortalecer a mi familia.
Al no enviar a mis hijos a la escuela, tenemos la libertad de invertirnos de lleno para producir:

Familias que saben participar, servir y colaborar en la sociedad, animando a nuestros hijos a ser productivos desde pequeños.
Hijos que no serán los próximos asesinos del crimen organizado, sino que saben cómo aportar sus talentos y trabajar sinérgicamente para fortalecer a nuestra gente y no para oprimirla.
Individuos que saben aprender lo necesario para la vida, sin que nadie tenga que obligarlos a hacerlo; que continuamente se están preparando y adquiriendo las herramientas necesarias para seguir siendo productivos.
Ciudadanos llenos de iniciativa, que actúan con determinación y motivación propia, que no se esperan a actuar por temor a ser sancionados.
Seres humanos que respetan la vida, que tienen una conciencia ecológica y que luchan por cuidar el planeta.
Mexicanos que aman sus raíces porque se han dedicado a conocer su cultura, dominan su historia y emplean el lenguaje con precisión.
Líderes que no se limitan a esperar instrucciones precisas, sino que saben resolver problemas con un pensamiento crítico y creativo

Yo sinceramente creo que el aprendizaje sin escuela es la mejor alternativa para fortalecer a mi familia y por consiguiente, fortalecer a mi país.
Por lo tanto, también estoy invirtiendo tiempo y esfuerzo en investigar más recursos, reunirlos, traducirlos, escribir mis ideas y poner todo al alcance de tus manos y de todos aquellos padres genuinamente interesados en fortalecer a su familia y en hacer fuertes a nuestras naciones.

A menudo pienso que si mis padres hubieran sabido que existía esta alternativa para mi educación, en mi infancia, inmediatamente la habrían abrazado. Es esa misma idea la que me impulsa a escribir. La idea de que tengo en mis manos la posibilidad de brindarle a mi país familias fuertes, estables, que poco a poco contribuyan a traer el cambio que tanto anhelamos, si tan sólo saben que la hay.

Existe la alternativa y está a tu alcance. Es tu decisión tomar el reto de fortalecer a tu familia. Es mi privilegio compartirte recursos que te pueden ayudar a lograrlo.

¿De qué manera vas a contribuir tú para ver un cambio en México?