Hace dos días veía con mis hijos, por doceava vez, la película de “Enredados” y siempre cuando Rapunzel empieza a describir una lista interminable de actividades, cantando, me pregunto: ¿Podría hacer todo eso, con cinco hijos?, ¿qué digo con cinco, con uno o dos?; quizá sí comenzaría barriendo, lavando, puliendo, pero, ¿velas, bordar, tejer, leer, pintar todo un mural, y terminar faltando quince a las siete? ¡Ah y eso no es todo! se tiene que cepillar un cabello de más o menos tres metros de largo… ahora sí, esto se ha convertido en un reto.

Mi familia

Yo soy madre de cinco niños. Sara, la más grande tiene ocho años; Yael, la segunda tiene 6; Ixa, la tercera tiene 4 y Síndrome de Down; Zoe, tiene tres y por último, Fidel, un bebé de un año, al que llamamos como su papá. Tenemos dos perros, Wonka y Mila; y además, educamos sin escuela.

Fidel, mi esposo, es empresario y trabaja desde la casa la mayor parte del tiempo. Eso hace un poco diferente el funcionamiento del hogar, pues existen ocasiones en que sus colaboradores empiezan a llegar a casa desde las ocho de la mañana.

La comida

Una política importante de casa es comer sano y natural, así que el 90% del alimento que consumimos es procesado por nosotros mismos. Desde que nos casamos definimos nuestra filosofía acerca de esto: “Que nuestro alimento sea nuestra medicina y que nuestra medicina sea nuestro alimento”.

No somos vegetarianos, pero para ser concretos, lo procesado sólo se utiliza si no queda otro recurso. Siempre trato de darles lo que yo preparo, en todas las comidas.
Por poner un ejemplo de un día:

Desayuno:
Jugo de naranja natural, fruta de temporada con miel de abeja, frijoles machacados con queso fresco y jitomates, tortillas de harina integral (Hechas en casa) Pan integral dulce.

Refrigerio:
Pepinos con sal y limón y agua de frutas

Comida:
Piña en trocitos, carne asada con ensalada, salsa de jitomate, tortillas de maíz, agua de limón

Cena:
Coctel de frutas con nueces y pan.

Es muy importante la variedad y no repetir los alimentos en las comidas del día. En casa, mis hijas y yo preparamos galletas, panqués y pan. Los cereales de caja los limitamos a una vez por semana y ponemos mucho énfasis en lo orgánico y lo de temporada. Primero, porque la naturaleza es muy sabia: te da los alimentos que necesitas según la estación en que estás; y segundo, es mucho más económico comer así y consumir lo local. El comer sano tiene grandes ventajas: visitamos menos al doctor, nos enseñamos a preparar diferentes alimentos nosotros mismos, y nuestros hijos prácticamente comen de todo. Claro, existen sus excepciones: a Sara no le gusta la berenjena, a Yael los champiñones, a Ixa el atún, y así cada quien tiene su “opuesto” en alimento.

En casa se come a las 14:00 hrs. y siempre la comida es hecha aquí, salvo algunos días que decidimos descansar. La mesa para la comida siempre la preparan Ixa y Zoe, una pone los individuales y otra las servilletas y cubiertos.

Las labores

La clave de mi día es despertar muy temprano, al menos dos horas antes que todos. Y es que si lo logro, el porcentaje de que el día funcione bien aumenta considerablemente. Cuando mis hijos se levantan, saben que deben cambiarse y no andar en pijama por la casa (Sólo los fines de semana está permitido). Sara, la mayor, viste a Ixa y yo, al bebé. ¡Ah! y a mi esposo. ¿Por qué a mi esposo? Porque mientras él se baña, yo le escojo la ropa y se la dejo lista para que al salir no pierda mucho tiempo en eso.

Entre las cuatro niñas ponen la mesa y yo sirvo el desayuno. Mientras desayunamos, cada quien dice lo que va a hacer hoy en sus deberes de la casa, lo platicamos y nos ponemos en marcha cuando terminamos. He tratado de no hacer tediosa la labor de casa y les he dicho que ellas observen lo que necesita arreglo y lo hagan. Hay cosas que obviamente, yo les tengo que marcar, y funciona muy bien así. Las niñas se dispersan a hacer sus deberes y yo voy tras ellas a supervisar todo. Casi siempre es así, sólo que haya una salida de casa al museo, caminatas con los perros o al parque, reorganizamos todo. Siempre dejamos dos días flexibles entre semana y por lo general son los martes y jueves. Esos días los deberes pueden variar y hasta desaparecer, para alegría de algunos.

El estudio

Después de sus deberes de casa, las niñas pasan a hacer sus labores intelectuales, por ejemplo:
Sara y Yael, van por el libro en turno que estén leyendo. Leen mínimo una página y me explican lo que leyeron. O Sara por ejemplo, hace una reseña del libro, porque ella sí lee un libro completo (versión para niños) de una sola vez y me la manda para revisión por internet.

Ixa y Zoe hacen lo que ellas quieren: Pintan, recortan, escuchan un cuento.
A la mitad del día casi siempre jugamos a hacer ciencia y leen o hacen experimentos ya sea dirigidos por mí o inspiradas por ellas mismas.

También está la terapia de Ixa, que hacemos dos veces al día y dura aproximadamente una hora. En ella, Sara es de gran ayuda, pues ella le hace una terapia completa, y yo le hago otra. Damos paseos por los alrededores de la casa, sirve de ejercicio, plática y descubrimientos. A veces nos quedamos en casa, viendo algo interesante en internet o jugando a armar rompecabezas o dándoles nuevo acomodo a los libros, a los juguetes o a sus cosas personales.

Después de comer hay tres clases que las niñas más grandes toman: canto y piano, los lunes, y gimnasia los martes y miércoles.

El trabajo

Hay una regla de trabajar fuera de casa, lo cual se hace dos veces a la semana. Sara y Yael se van con su papá a la empresa y trabajan ensamblando cajas y empaques de los diferentes productos que se fabrican. Son dos o tres horas de intenso trabajo por el que reciben una paga justa y adecuada para su edad. Con esto pretendemos arraigarles y que ellas comprendan el valor del trabajo, al mismo tiempo que van incursionando en el mundo empresarial.

La hora de ir a la cama

El baño empieza más o menos a las 19:30. Sara y Yael se bañan solas y yo baño a los tres más pequeños. Casi nunca lo saltamos, pues consideramos importante la limpieza y el que ellos se relajen después de un día lleno de actividades porque siempre duermen mejor.
La cena se sirve máximo a las 20:00 hrs., porque a las 20:30 ya tienen que estar en sus camas. Mi esposo me ayuda a dormir a tres y yo duermo a los dos bebés. Si es que no me quedo dormida con ellos, mi día puede continuar hasta la 1:00 o 2:00 de la mañana para poder avanzar en los proyectos que tengo con ellas, platicar con mi esposo y recibir algo de “cordura” para el día siguiente.

Después de casarme, tener una familia grande es la experiencia más excitante de mi vida. Cada día sé que necesito toda la energía y todo el enfoque para que el día sea productivo. Me esfuerzo por estar realmente con todos, con mi esposo y con mis hijos participando en sus proyectos y actividades, y sobre todo, les transmito que vivimos en una casa que nos involucra a todos y que necesitamos todas las manos en el trabajo diario y toda la mente y el corazón en ser la realidad que sabemos que somos dentro de nosotros mismos. No todos los días son como yo quiero, pero soy flexible. Me gusta aprender de los errores. Mis hijos, mi marido y yo vivimos en constante movimiento, lo que involucra aciertos y desaciertos, pero así es como se vive y se crece plenamente, las 24 horas, los cinco hijos, el esposo y la mamá.

Sonia Valdés
niaso67@gmail.com

Sonia Valdés es una mujer activa y entusiasta, que decidió dejar su notable actividad en la gerencia de ventas, relaciones públicas y eventos, a cambio de tomar la administración del evento más importante de su vida: la crianza de sus hijos, quienes nunca han ido a la escuela. Su actitud alegre y servicial es un claro reflejo de la inversión constante de Sonia, lo que la convierte en una fuente de inspiración para muchos.

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