Temple Grandin nació el 29 de agosto de 1947 en Boston, Massachusetts. Cuando era niña, no podía hablar. Su existencia silenciosa era interrumpida por un balanceo rítmico y ataques ocasionales de gritos y golpes. Las muchas personas que estuvieron al pendiente de Temple poco a poco fueron contradiciendo las predicciones pesimistas de los doctores y la impulsaron a convertirse en una de las historias de éxito más queridas en la comunidad autista.

Es zoóloga, etóloga, y profesora de la Universidad Estatal de Colorado y diseña mataderos. Se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesora de comportamiento animal en la Universidad de Colorado. Además, es autora de varios libros, como Thinking in Pictures (Pensamiento en imágenes) o Unwritten Rules of Social Relationships (Las reglas no escritas de las relaciones sociales).

Actualmente es una de las expertas mundiales sobre ganadería. Es una gran defensora del bienestar de los animales, sobre todo de los animales explotados por la industria ganadera. Ha reformado mataderos y ranchos a lo ancho y largo de los Estados Unidos en defensa de una vida y una muerte digna de los sujetos, pues considera que las medidas bienestaristas contribuyen a que la industria de la explotación animal funcione de un modo «seguro, eficiente y rentable». Allá, más de la mitad del ganado se trata con sistemas compasivos diseñados por ella. El crédito por su habilidad de ser «la mujer que puede pensar como una vaca», Temple se lo atribuye a su pensamiento visual y a su mente sistematizada, ambas características del autismo.

temple movieEn 2010, HBO produjo una película inspirada en su vida, y en ese mismo año fue nombrada «heroína» en la revista Time, en una lista de los top 100 de la gente más influyente del mundo. El neuropsiquiatra Oliver Sacks dedicó un capítulo en Un antropólogo en Marte a la vida de Temple. Su libro fue la primera narración sobre el autismo contada desde dentro. Hasta entonces, tanto médicos como familiares de personas con autismo habían pensado que dentro del pensamiento de una persona con autismo no había nada. La autobiografía de Temple, publicada en 1986, asombró al mundo.

Hasta hace unas semanas yo no sabía nada de esta asombrosa mujer. Mi hermana me prestó la película, y quedé profundamente conmovida. Inmediatamente me puse a leer su biografía porque quería saber más de ella, de su obra, del trabajo que sus padres hicieron en ella. Apenas hoy compré uno de sus libros, y no sé qué tan apegada a la realidad esté la película, pero con esta poca información puedo observar algunas acciones por parte de su mamá y de la gente que estuvo cerca de ella, que marcaron una gran diferencia en su vida:

1. Estar cerca

A lo largo de su vida siempre hubo gente que la amaba y que estuvo cerca de ella, comenzando por su mamá. Su tía, su maestro, algunos amigos. Muchas veces no sabían exactamente cómo reaccionar o qué hacer, especialmente para su mamá era muy difícil la relación con ella, ya que no podía comunicarse ni tocarla, y continuamente sentía su rechazo, pero se mantenían ofreciéndole su apoyo y su amor incondicional en cada momento. De esta manera pudieron observarla y llegar a conocerla muy bien, lo que les permitió seguir su intuición, aun cuando iba en contra de lo que los expertos decían.

2. Seguir su intuición

Cuando Temple tenía tres años, los doctores le dijeron a su mamá que tenía daño cerebral, y le sugirieron internarla en un psiquiátrico, ya que su enfermedad no tenía cura. Su madre se negó a creer que nunca hablaría, por lo que rechazó esa sugerencia. Insistió en llevarla a la escuela, aun en contra de la opinión de otros y de la niña misma.

Más adelante, a los 16 años, Temple se fue a pasar unos días a la granja de ganado de su tío en Arizona. Allí se fijó en una máquina que se usaba para tranquilizar al ganado cuando venía el veterinario a explorarlos: dos placas metálicas que comprimían a las reses por los lados. La presión suave parecía relajarlas. Entonces pensó en hacer un artilugio semejante para ella: una máquina de dar abrazos. Esta máquina le proporcionaría el estímulo táctil que tanto necesitaba pero que no podía obtener porque no soportaba el contacto físico con las personas.

Animada por su tía y algunos de sus maestros, construyó una máquina que le permitiría a la persona que la usara, controlar la duración y la intensidad del «abrazo» mecánico. El uso de su máquina era terapéutico: la ayudaba a relajarse y le sirvió para empezar a sentir cierta empatía hacia los demás.
Cuando entró a la universidad no le permitieron tener la máquina en su cuarto, y otra vez fue animada por su tía a insistir. Así Temple realizó experimentos que le ganaron el permiso de tenerla y no sólo eso, sino que a la fecha hay clínicas para tratamiento de niños autistas que utilizan su máquina.

En la película, el día de su graduación de la universidad, Temple da este pequeño discurso:

«Siempre he querido entender la calidez que sienten las demás personas cuando sus madres las abrazan. Ahora he inventado una máquina que me permite hacer eso. Es como si un cable hubiera sido reconectado. De no ser por mi máquina, hoy no estaría aquí. Estaría escondiéndome en mi cuarto o girando para calmarme, o golpeando a alguien más. Cuando era más joven, me aislaba de las personas. Ni siquiera hablé hasta los cuatro años. Existe un nombre rimbombante para esta condición: autismo. Pero debido a mi máquina he sido capaz de conocer el amor y la ternura que me han dado para llegar a esta altura de mi vida. Hoy más que nunca, sé que no he transitado esto sola. Y agradezco no sólo a mis profesores, sino a mis amigos y a mi familia».

3. Darle un trato igual

Su mamá continuamente le repetía que ella era especial, pero no inferior, y la trató como a cualquier otro de sus hijos. Había reglas que funcionaban para ella igual que para los demás. A lo largo de su vida se enfrentó con retos y situaciones difíciles que tuvo que enfrentar y superar como cualquier otro.

4. Estar dispuestos a ver más allá de sus acciones

Cuando entró a una escuela para niños con problemas emocionales, los niños la provocaban y hostigaban constantemente. Se burlaban de ella porque no entendía sus bromas. Daba vueltas para buscar seguridad. Hablaba rápido, a veces demasiado, y repetía mucho lo que decía. Seguido le daban ataques de pánico. Uno de sus maestros la observó detenidamente y descubrió que su proceso de pensamiento era diferente, por lo que se interesó en trabajar más de cerca con ella. Le ofrecía desafíos que fortalecían sus habilidades de pensamiento y por lo tanto, su autoestima.

5. Inspirar a encontrar el significado de la vida

En la película, ese mismo maestro de la escuela para niños con problemas emocionales, observa que a Temple se le dificultaban mucho materias abstractas como idiomas o álgebra, pero que era muy brillante en materias visuales como biología y arte. Entonces concluye que ella ve a través de imágenes y que tiene la habilidad de conectarlas. Se dedica a fortalecer esa habilidad de visualización a través de desafíos especiales que la motivaban mucho. Él la hace ser consciente de que su capacidad de ver el mundo de una forma que otros no pueden, es una gran ventaja; y la anima a enfocarse en escoger una materia para desarrollar su talento sin perder tiempo.

templeEntonces Temple decide estudiar psicología y especializarse en comportamiento animal, dada su estrecha relación con los animales. Su autismo le permitía entender a los animales, y le permitió descubrir que éstos también tenían problemas emocionales, lo que la inspiró a dedicar su vida a la mejora del bienestar animal.
Ella decía que si estábamos criando ganado para comer, les debemos respeto y que si la naturaleza es cruel, nosotros no tenemos por qué serlo.

Su último diálogo en la película hizo que me salieran lágrimas. No sé qué tan literal sea, pero seguramente encierra mucho de lo que ella piensa acerca de su experiencia:

«No soy como las demás personas. Pienso en imágenes y las conecto. Los niños buscan autoestimulación. Girar, rodar. Los tranquiliza. La autoestimulación al final termina calmando el sistema nervioso. Puede ser un modo de compensar la carencia del abrazo. El abrazo de otra persona es atemorizante, pero el rodar o el sentirse abrazado por una superficie produce el efecto pacificador que cualquier niño obtendría con un abrazo.

Soy autista y necesito sentir la calidez del abrazo. Desarrollé una máquina en la que me meto y me abraza, y al salir me siento distinta. Más sociable. No hablé hasta los cuatro años y ahora tengo un título universitario, una maestría, y pronto, un doctorado.

La mayoría de los autistas son sensibles a los sonidos y los colores. La sobreestimulación nos afecta. Mucha gente hablando mucho en simultáneo puede provocarnos pánico. No me curé, siempre voy a ser autista. Mi madre se negó a creer que no iba a hablar. Y cuando aprendí a hablar, me hizo ir a la escuela. Y en la escuela y en casa, los modales y las reglas eran importantes. Me los hicieron entender. Tuve suerte. Todo esto funcionó conmigo.

Todos se esforzaron mucho para conectarme con el mundo. Sabían que yo era especial, pero no inferior. Tenía un don. Podía ver el mundo de un modo nuevo. Podía ver detalles que para otros no existían. Mi madre me fomentó la independencia. En el verano trabajaba en la hacienda de mi tía. Fui a un internado y a la universidad, y todo eso… Todo eso al principio me resultaba incómodo, pero me ayudó a abrir puertas a otros mundos».

Una vez más, el interés y la disposición para invertirse en una vida es lo que marca la diferencia. No las herramientas como la escolarización o la desescolarización, sino el amor incondicional de quienes estuvieron cerca de ella y la intuición que les permitió saber cómo usar esas herramientas para impulsar a Temple a encontrar el significado de su vida.

Invirtamos todo nuestro esfuerzo en conocer a nuestros hijos (tal y como son), en estar cerca de ellos, en inspirarlos y motivarlos a que utilicen las herramientas a su alcance para encontrar el significado de su vida.

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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