Tal vez te hayas hecho esta pregunta al igual que yo y al igual que otras mamás.  Y es que cuando comenzamos a entender que el aprendizaje más significativo surge del interior del niño, de su propio interés y no como resultado de ningún estímulo externo, es difícil determinar hasta dónde está la línea entre darles la libertad de encontrar lo que les encanta hacer, y entre dejarlos que se pierdan de oportunidades valiosas o de completar proyectos importantes en su vida por simple desidia, flojera o falta de dirección.

No es fácil tener una respuesta clara para esta interrogante en cada situación que enfrentamos con nuestros niños, ya que no existen absolutos. Cada niño es único y la intervención que necesita de sus padres es única también. No existen fórmulas ni recetas mágicas que puedan decirte el paso a paso de cómo acompañar a tus hijos en su aprendizaje.
Por esa razón yo creo que desarrollar una conexión sólida con ellos es un pilar fundamental; sólo así incrementamos la eficacia de nuestra intuición como papás: esa vocecita interna que te dice el momento preciso en el que necesitas apretar un poquito o aflojar; esa voz que se alimenta del conocimiento que sólo tú posees de las características de cada niño en particular.

Hace unos días tuve una experiencia muy satisfactoria con mi hijo mayor, Mateo. A través de ella pude reflexionar y concluir algunos conceptos importantes acerca de mis funciones como acompañante en el proceso de aprendizaje de mis hijos, que me gustaría compartir contigo:

Inspirar

Estábamos en el parque, jugando como siempre. A Mateo, de siete años, le gusta mucho contar y personificar historias que él mismo va inventando en ese momento. Ese día mientras que lo escuchaba, se me ocurrió una idea y se la dije: «Mati, todo eso que me estás contando está muy interesante, pero es muy probable que se me olvide. ¿No te gustaría escribirlo todo y hacer luego un libro con ilustraciones que podamos leer una y otra vez?»

Yo pienso que no puedo esperar que a mis niños se les ocurra todo mientras que los observo cruzada de brazos. Yo tengo más experiencia que ellos, sé más que ellos y conozco más recursos que ellos. A Mati no se le había ocurrido que podría plasmar su historia mental en papel y verla escrita, pero cuando supo que eso era posible, la idea le fascinó. Una de nuestras funciones más importantes como papás, es la de inspirar a nuestros hijos; ayudarlos a que conciban una visión tan clara y fascinante en su mente, que decidan poner manos a la obra para hacerla realidad.

Facilitar, proveer

Screen Shot 2013-04-21 at 8.59.50 PMDespués de esa breve plática, se les quitaron las ganas de seguir en el parque, pues no querían perder un minuto más de su vida sin comenzar a materializar su sueño: escribir su libro. Entonces regresamos a la casa. Mati me preguntó cómo podía hacerlo, así que le abrí la computadora, le enseñé el programa Word y le expliqué para qué se usa. Inmediatamente comenzó a teclear, vaciando todas sus ideas en ese documento en blanco. Mientras que estuve allí cerca para ayudarle cuando se le atoraba algo, les estuve ayudando a los otros dos niños a sacar materiales para que comenzaran a hacer las ilustraciones para el cuento.

Muchas veces los niños no saben cómo materializar sus anhelos, simplemente porque no conocen qué herramientas existen a su alcance. Nuestra función como papás es acercarles esas herramientas que les ayuden a lograr sus metas personales.

Motivar

Toda esa tarde trabajaron mucho. Mateo terminó de escribir el cuento y le ayudé a corregir errores de tipografía, ortografía y redacción (creo que no es necesario decir cuánto disfruté esa parte ¿verdad?) Como ya era tarde, quedamos en que al día siguiente continuaríamos con las ilustraciones, el formato del libro y la impresión.

Al día siguiente, cuando ya estábamos listos para comenzar a trabajar en eso, Mati dijo que él tenía otros planes para ese día: ponerse a armar legos. Le recordé nuestro plan de continuar con el libro, traté de animarlo platicándole de lo bonito que nos iba a quedar cuando ya estuviera terminado, pero todas las veces él me decía que estaba cansado, que ya no tenía tantas ganas de hacerlo, que luego sí lo iba a terminar, pero no en ese momento.

Ver cada situación con objetividad

Cuando un niño dice que ya no quiere continuar con una actividad que había escogido, o cuando no muestra el grado de entusiasmo y de interés que uno esperaba al proponerle o presentarle una idea o una actividad en la que hemos invertido esfuerzo, es fácil sentirnos frustrados e incluso, rechazados. Nuestros hijos son una parte tan importante de nuestra vida, que a veces sentimos que sus errores son nuestros errores, y sus fracasos se convierten en nuestros propios fracasos personales.
Para poder serles de verdadera ayuda, es importante que veamos cada situación con objetividad y que separemos los sentimientos que nos provoca la situación.

Saber esperar

Decidí no mencionar nada del proyecto. Él tampoco dijo nada y así pasaron varios días. Es bueno saber respetar, ser pacientes, dar tiempo… pero no olvidarnos del asunto.

Inspirar de nuevo, cuantas veces sea necesario

Después de unos días, su papá preguntó cómo iba el libro, y luego le sugirió que podría usar el programa de legos en el que le encanta trabajar, para hacer las ilustraciones. Después de platicar un rato de cómo podrían hacerlo y cómo se vería, Mati recuperó la emoción otra vez. Estuvo trabajando mucho rato en todas las ilustraciones del libro, y cuando las terminó, apagó la computadora sin decir nada y se dedicó a otra cosa.

Usar tu intuición para saber qué necesita cada niño

Yo continuaba siendo paciente y dándole tiempo, tratando de no ser muy insistente ni hostigosa, pero después de uno o dos días le pregunté cómo iba, a lo que me contestó que desde aquel día ya estaban terminados. Le pregunté si quería continuar con el libro, armarlo, acomodarlo y aprovechar la ida con los abuelos para encuadernarlo. Una vez que se lo imaginó terminado, volvió a entusiasmarse.

Me da risa pensar en lo diferente que es cada niño. Hay niños que no te dejarán en paz hasta que vengas y les ayudes y estés muy cerquita de ellos hasta que su proyecto esté totalmente terminado, mientras que otros niños tendrán una actitud de indiferencia cuando les ofreces tu ayuda. Tu intuición como papá es determinante. No porque un niño sea poco expresivo, significa que no desea terminar y que no necesita tu ayuda.

Según la situación, el niño, el proyecto, todo cambia y tú tienes que saber cuándo puedes insistir un poco más y cuándo es mejor dejar las cosas así. No tiene caso que el niño se sienta obligado a terminar un proyecto y que incluso lo haga de mala gana. Pero por otro lado, en muchas ocasiones tal vez al principio el niño muestre algo de renuencia, pero después de comenzar con la actividad su actitud cambia y hasta lo disfruta.

Tú debes saber cuándo es necesario que un niño dé ese paso desagradable en un principio, porque sabes después se beneficiará de un buen resultado. Tú tienes la capacidad para discernir si la actitud renuente de tu hijo se debe a desidia, a flojera o a que realmente no está entre sus habilidades desarrollar esa actividad. Es tu responsabilidad ejercitar y pulir esa capacidad para sacarle el mejor provecho.

Saborear sus triunfos junto con él

Finalmente estuvimos armando el libro juntos. Aprendió un poco más de Word, de cómo darle formato al texto, de cómo insertar imágenes y acomodarlas, y también cómo funciona la impresora. Disfrutamos mucho ese rato juntos, trabajando para lograr una misma meta.

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Al día siguiente, el abuelo lo llevó a encuadernar su libro, y aunque Mati no es muy efusivo, yo podía percibir su emoción. Cuando regresó, les enseñó el libro a sus hermanos, quienes le hacían muchas preguntas y comentarios entusiastas.

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Ya en la casa, me dijo que quería ponerlo en el librero junto con los demás libros, y muy seguido se sientan en la sala a leerlo juntos.

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Probablemente no habría pasado nada si yo no le hubiera insistido a Mateo que terminara el libro; pero ahora que lo tiene allí, su sueño materializado en sus manos, veo que fue muy bueno haberle insistido. Creo que será una experiencia que siempre recordará, y tengo la esperanza de que este recuerdo sea una fuente de inspiración cada vez que se encuentre a punto de renunciar, en el futuro.

Si veo para atrás, en mi infancia quedaron muchos proyectos inconclusos y muchas habilidades sin potenciarse, porque cuando me desanimé, no se me insistió a que no renunciara. No estoy diciendo que nuestros fracasos son culpa de nuestros padres, pero sí estoy diciendo que si tenemos en nuestras manos la oportunidad de ser un poco insistentes y de dar ese «empujoncito» que nuestros hijos necesitan, no tengamos temor de dárselo. A veces los niños no saben con exactitud qué es lo que quieren, o sienten flojera o desidia de terminar. Todos la sentimos, pero qué confortante saber que existe alguien que se preocupa lo suficiente por nosotros y nuestros proyectos como para darnos una palmadita en la espalda y decirnos: «Vamos, no te desanimes; tú puedes, tendrás mucho éxito, y aquí estoy yo para acompañarte».

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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