Tengo tres niños (2006, 2007 y 2009) que nunca han ido a la escuela. Sí, pasan TOOOODO el día con su papá y su mamá, y no estamos locos ni frustrados. Al contrario, nos encanta nuestro estilo de vida.

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Si te estás preguntando por qué decidimos vivir así, sigue leyendo:

1. Tenemos mucho tiempo para mantener una relación cercana

Tener libertad de tiempo y de horarios es un maravilloso regalo que podemos darles a nuestros hijos. Mucho se habla de pasar “tiempo de calidad” con los hijos, pero yo pienso que la cantidad es parte de la calidad. Muchas de las pláticas más profundas con mis hijos han surgido en momentos inesperados o no planeados, como al ir de compras o al hacer labores domésticas.

Nuestras sociedades actuales están debilitadas porque carecen de familias fuertes, pero los sistemas que nos rigen, donde todos corren de arriba a abajo, atentan contra las relaciones entre padres e hijos y por consiguiente, la unidad familiar. Es necesario invertir horas y horas de nuestro tiempo para conocer verdaderamente a nuestros hijos, para ganarnos su confianza, para hacerles sentir que siempre estaremos disponibles, para compartir nuestra vida con ellos y para darles un sentido de seguridad, identidad y libertad único. Lo que, a final de cuentas, produce familias fuertes y por consiguiente, sociedades fuertes.

2. Podemos confeccionar una educación a la medida

En mi opinión, el objetivo del aprendizaje no es obtener conocimiento, sino descubrir el propio potencial y cómo obtener recursos para lograr metas y objetivos cada vez mayores.

Como diría Confucio: “No le des pescado, enséñalo a pescar“, pero como diría mi papá: “No lo enseñes a pescar mojarras, enséñalo a descubrir cómo puede pescar lo que él quiera“.

Cuando tenemos la libertad de elegir qué, cuándo y cómo queremos aprender, y si le sumamos a eso el hecho de pasar muchas horas observando a nuestros hijos de tal manera que lleguemos a conocerlos muy bien, entonces tenemos en nuestras manos la posibilidad de confeccionar para cada uno de nuestros hijos una educación a su medida.

3. Podemos prepararlos para integrarse adecuadamente a la sociedad

Uno de mis anhelos más profundos es que mis hijos lleguen a beneficiar a la sociedad en la que se desenvuelvan. Es por eso que su papá y yo creemos necesario invertirnos intensamente en ellos ahora que son pequeños e “influenciables”, para que cuando estén maduros y listos, puedan salir y causar ese impacto.

He recibido comentarios que menosprecian mis aspiraciones y me juzgan como egoísta por no dejar que mis hijos “trasciendan” en la sociedad desde pequeños. Pero yo pienso, ¿quién tendrá más poder de influencia: un niño inmaduro de nueve años que todavía no ha afianzado sus valores y objetivos en la vida, o un hombre de veintitantos años que no sólo está bien seguro de lo que quiere en la vida, sino que sus decisiones benefician a muchos?

Incluso en la naturaleza vemos este principio: aunque los pájaros estén grandotes y no quepan en el nido, los padres los dejan allí hasta que ellos saben que están listos para salir y enfrentar el mundo. Cada padre sabrá cuándo es el tiempo indicado de dejarlos salir, y no necesariamente estamos privándolos de experiencias en el mundo real, sino que les proveemos de experiencias mucho más genuinas y auténticas en el mundo real, y nos preocupamos por armarlos con las herramientas adecuadas de socialización que les permitan resolver conflictos adecuadamente, trabajar en equipo, ayudar a otros, aportar sus habilidades para un bien común… Además de que en todas esas experiencias, nosotros que los amamos, estamos cerca para cuidarlos, asesorarlos y asegurar que cada situación sea lo más provechosa posible.

Yo creo que es posible criar hijos que beneficien grandemente a nuestras sociedades, pero lograr ese resultado requiere de mucho tiempo y de mucha inversión cercana por parte de los padres.

4. Es lo mejor para mis hijos

Me gustaría concluir diciendo que aunque es evidente que existen muchas buenas razones para educar sin escuela, ninguna de ellas es mi razón principal para hacerlo.

Según las estadísticas, las personas educadas en casa tienen muchas características sobresalientes como madurez, pensamiento crítico, habilidades sociales, competencias académicas, etc., pero yo conozco muchas excepciones entre los educados en casa, al igual que conozco gente escolarizada que es muy exitosa.

Yo creo que el éxito o fracaso de una persona depende solamente de ella, de su actitud hacia la vida y de las decisiones que tome, no de que haya ido a la escuela o no, aunque por supuesto que ambas herramientas juegan un papel importante en su desarrollo. Pero, si hoy tengo la oportunidad de invertirme en la vida de mis hijos y ayudarles a lograr sus sueños, ¿por qué no hacerlo?

Yo he decidido educar sin escuela porque quiero, porque puedo, porque nos acerca más a nuestros objetivos como padres y porque es lo mejor para mis hijos en esta etapa de su vida. La pregunta para ti como papá o mamá es: ¿cuál es tu objetivo final con tus hijos y cómo vas a alcanzarlo?

Si te interesa la versión de mi marido al respecto, no te pierdas este artículo.

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