Hace unos dos meses me contactaron de la revista Selecciones para hacerme una entrevista acerca de la educación sin escuela. Ayer vi que el artículo salió publicado en la edición del mes de mayo de 2017.

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Me emociona mucho que una revista de tanto alcance haya decidido publicar un artículo acerca de la educación sin escuela y en una forma positiva y abierta. Espero que esta acción beneficie a muchas familias.

Si te gustaría tener un poco más de información, aquí te comparto la entrevista completa que me hicieron. Me parece que las preguntas tocan temas interesantes:

Sé que generalizar siempre es malo pero me gustaría saber si los mexicanos están preparados para el homeschooling.

Durante los últimos años, en México, he visto crecer de forma exponencial el número de padres que han decidido retirar a sus hijos de la escuela para asumir ellos mismos la responsabilidad de formarlos integralmente. Y también he visto, con mucha alegría, cómo esos pequeños han ido creciendo y madurando hasta convertirse en jóvenes llenos de creatividad y entusiasmo, responsables, bien seguros de su plan de vida y con la actitud necesaria para aprender todo lo que necesiten por su propia cuenta.

Pienso que cualquier padre que esté dispuesto a invertirse de lleno en la educación de sus hijos tiene el potencial de ayudarlos a ser los autores de su propio aprendizaje, independientemente de su nacionalidad. Pero en México, en especial, somos muy afortunados, ya que contamos con muchos recursos muy interesantes al alcance de cualquier persona deseosa de aprender y aprovechar el tiempo al máximo.

¿A quiénes no les recomendarías este tipo de educación?

A todos los papás que no estén dispuestos a transformar su estilo de vida. A quienes no entiendan que educar sin escuela no es otro «sistema», sino que es una herramienta poderosa para llevar a cabo todo un proyecto de vida. Y para hacerlo se tiene que tener claro desde el principio cuál es ese proyecto de vida.

¿Se violan leyes mexicanas al escolarizar a los hijos en casa?

No, porque estamos haciendo uso de los mecanismos que el mismo Estado ha provisto para acreditarnos, tal como se estipula en el artículo 64 de la Ley General de Educación:

«La Secretaría, por acuerdo de su titular, podrá establecer procedimientos por medio de los cuales se expidan certificados, constancias, diplomas o títulos a quienes acrediten conocimientos parciales o terminales que correspondan a cierto nivel educativo o grado escolar, adquiridos en forma autodidacta, de la experiencia laboral o a través de otros procesos educativos.»

Por otro lado, según el artículo 7o. de esa misma Ley, la educación que imparta el Estado debe tener ciertos fines específicos, como:

  • Contribuir al desarrollo integral del individuo para que ejerza plena y responsablemente sus capacidades humanas;
  • fortalecer la capacidad de observación, análisis y reflexión críticos;
  • inculcar amor y respeto a nuestro país y su cultura;
  • promover el valor de la justicia y propiciar la cultura de la legalidad, de la inclusión y la no discriminación, de la paz y la no violencia;
  • desarrollar actitudes que estimulen la investigación y la innovación científicas y tecnológicas, así como su uso y aplicación responsables;
  • fomentar la educación nutricional y estimular el ejercicio físico;
  • desarrollar actitudes solidarias, de cooperación y de trabajo en equipo;
  • inculcar valores que los lleven a tomar decisiones responsables sobre su sexualidad, planeación familiar y la paternidad;
  • inculcar una conciencia ambiental y deseo de preservar el planeta;
  • fomentar actitudes positivas hacia el trabajo, la productividad y la generación de ingresos;
  • desarrollar actitudes de responsabilidad, honestidad y veracidad; promover y fomentar la lectura; por mencionar algunas.

Por lo que, lejos de violar nuestras leyes educativas, pienso que al darles a nuestros hijos una educación que no sólo se enfoca en el plano académico, sino que abarca integralmente todas las áreas: intelectual, espiritual, afectiva, profesional, emocional, social, de salud, etc., estamos contribuyendo con el Estado a cumplir con todos estos fines de la educación y muchos más, de una forma sobresaliente; lo cual, en muchos casos, no sucede en los planteles escolares.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las familias que escolarizan en casa?

Cuando un papá realmente desea emprender este nuevo estilo de vida, siempre encuentra la manera de sortear los obstáculos. Sea en el aspecto que sea: de recursos académicos, de organización familiar, de sustento económico o de críticas de otros. Pero creo que el reto verdaderamente difícil se encuentra en el interior de cada persona.

Lo verdaderamente difícil en este nuevo estilo de vida, es desarraigar de nuestra mente ideas que se han ido impregnando a través de toda una vida en el sistema escolarizado, como lo son: «sin escolarización no puede haber aprendizaje», «los niños no son capaces de aprender a menos que se les enseñe», «debe haber alguien superior que decida qué, cuándo y cómo aprender», «los padres no están lo suficientemente capacitados para formar a sus hijos», «las buenas calificaciones garantizan éxito en la vida».

Esas ideas se convierten en los obstáculos más significativos en el camino de un padre que ha decidido darle la libertad a su hijo de que encuentre el sentido de su vida sin limitarse a los recursos del sistema escolarizado, porque en muchas ocasiones se convierten en temor y culpabilidad que frena el libre avance de esa familia.

¿Cómo resuelven el asunto legal? Me refiero a la validación de los estudios. ¿A qué instancias acuden? Tengo entendido que primaria y secundaria los resuelven con el INEA.

Así es. La mayoría de las familias se certifican a través del INEA. Otras lo hacen a través de escuelas en Estados Unidos que ofrecen educación a distancia y certificaciones oficiales.

¿Este movimiento ha tenido trabas en México? ¿Grupos o instituciones han tratado de frenar su avance?

Hasta donde yo sé, no. Por el contrario, hemos encontrado mucha apertura y simpatía por parte de los funcionarios y asesores del INEA, quienes nos orientan muy amablemente, e incluso nos felicitan por la labor que estamos haciendo. De igual modo, cuando hemos tenido algún acercamiento con trabajadoras sociales del DIF y han venido a nuestros hogares a supervisar lo que estamos haciendo, también se van gratamente sorprendidas y muchas nos expresan que ojalá más familias mexicanas tomaran en sus manos la educación de sus hijos con tanta responsabilidad.

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