A veces, cuando comparto escenas de nuestro día a día en mis historias de Instagram, algunas mamás me comentan que en mi caso todo es más fácil porque mis hijos ya son grandes, maduros y cooperan mucho en la casa, pero en el suyo es casi imposible.

¿Será que se imaginan que mis niños nacieron siendo grandes y maduros? 
¿Creerán que los buenos resultados se dan solos de la noche a la mañana?

Mis niños se llevan un año y medio, y cuando eran chiquitos había días en que me sentía exhausta, al borde de la locura.

Sin embargo, también me sentía plena, realizada y cuando me iba a la cama, tenía una sensación de haber dado un pasito más hacia algo muy importante. 

Los hábitos que establecí durante esos años fueron la base que ahora nos permite disfrutar de una dinámica familiar tranquila, armoniosa y productiva. Por eso quiero compartirte lo que he aprendido a lo largo de mi experiencia como mamá.

Foto: 2010: “Arte” con pintura lavable Mati (4), Pao (3), Caleb (1.5)

No es suficiente «fluir»

Los consejos que más leo acerca de cómo organizarte giran en torno a: «Relájate», «no te obsesiones con el orden y la limpieza», «no te preocupes, sólo fluye», «enfócate en lo que sí te gusta y no pierdas tiempo tratando de ser lo que no eres»…

En parte coincido con que la limpieza no debe ser una obsesión, pero me parece que estos consejos muchas veces minimizan el valor de la formación de hábitos y resaltan el conformismo.

Aunque trates de relajarte, de respirar hondo y de no darle mucha importancia, la realidad es que el desorden, la mugre y la falta de tiempo afectan tu estado de ánimo, tu salud y tus ganas de seguir adelante.

Si tú:

  • No encuentras el tiempo para poner comida en la mesa, para tener ropa limpia o para hacer las actividades que consideras importantes…
  • Necesitas insistir, amenazar o gritar para tener algo de ayuda en la casa…
  • Te sientes afanada, agobiada, exhausta…
  • Te enfermas seguido por estrés…

Entonces no necesitas «fluir». Necesitas cambiar tus hábitos. 

Y para eso, debes entender…

Dos conceptos importantes sobre la organización:

Primero,

  • Ser organizada es tener la claridad, el tiempo y el espacio para hacer todo lo que es importante para ti. 

Ser organizada no significa ir por la vida con agenda y reloj en mano, educar a los niños bajo un régimen militar ni tener una casa preciosa de Pinterest.

Ser organizada no se trata de obsesionarte con la perfección, sino de tener claro qué es lo importante para ti y hacer todos los cambios en tu entorno para ser congruente con tus ideales y lo que quieres enseñar.

Y segundo, 

  • La organización no es un asunto de naturaleza, es un asunto de actitud

A veces pensamos que las personas que son organizadas es porque así nacieron o porque así les gusta ser. Pero la realidad es que la organización, como cualquier otro rasgo del carácter, es un asunto de actitud.

Las actitudes no son reacciones inconscientes. Las actitudes son manifestaciones voluntarias de nuestro ser.

Eso significa que aunque creas que tú no puedes ser organizada porque no naciste así, en realidad SÍ puedes decidir desarrollarla, y tienes toda la capacidad para hacerlo.

Entonces, ¿cómo me organizo?

1. Revisa tu visión

Muchos de los problemas de organización y falta de tiempo se deben a que no tienes claro lo que debes estar haciendo cada día y te envuelves en el caos diario de lo urgente, pero sin ningún rumbo definido. Por otro lado, algunas mamás se sienten exhaustas y sin motivación, pensando que podrían estar en un lugar mejor haciendo algo más importante, pero están atrapadas en este presente lleno de demandas.

Haz un alto y piensa en tu vida, en lo que haces diario y pregúntate:

«¿Por qué estoy aquí?», «¿Éste es el lugar donde realmente quiero estar?», 
«¿Qué quiero lograr?», «¿Mis acciones diarias me están llevando hacia esa meta?»

Si tú has elegido esta vida con toda conciencia y libertad, entonces estás en el lugar correcto. Recuerda que tu trabajo diario es producir seres humanos. Hombres y mujeres que causarán algún tipo de impacto en la sociedad. 

¿Se te ocurre alguna otra profesión tan importante como ésta?

2. Revisa tus prioridades

La maternidad es muy agotadora, y sus resultados no son tan inmediatos como el sueldo de un empleo o los comentarios halagadores de otros. Por eso, a veces preferimos involucrarnos en proyectos o emprendimientos o ministerios para suplir esa necesidad y perdemos de vista nuestra prioridad más importante.

Como mamás, debemos saber reconocer en qué momento de nuestra maternidad nos encontramos.

No es lo mismo tratar de generar ingresos cuando tienes un bebé de 6 meses o uno de 2 años o un chico de 12 años. En algunas etapas podremos hacer contribuciones económicas importantes a nuestro hogar; pero en otras, nuestra contribución más grande será la de estar tranquilas, dedicándonos de lleno a la crianza y dándole estabilidad emocional a nuestra familia. Cada etapa tiene sus propios desafíos y demandas. Acepta la tuya y disfrútala.

Revisa cuidadosamente tu visión y compárala con todas tus actividades diarias:

¿Qué cambios necesitas para alinear el rumbo de tu vida hacia tus objetivos? 
¿Qué actividades debes dejar?, ¿qué actividades debes adoptar?, 
¿qué relaciones debes reforzar?

No te sientas culpable por eliminar actividades, compromisos o responsabilidades. 
Ser consciente de tus capacidades y limitaciones y definir cuáles son los beneficios de hacer qué cosa, en qué momento y por cuáles razones, te traerá mucha claridad y mucha tranquilidad para hacer todo lo que es verdaderamente importante.

3. Agilízate

Cuando somos perfeccionistas dedicamos demasiado tiempo a una sola tarea. Pero ahora que tenemos a los niños en casa pocas veces podemos invertir esas cantidades de tiempo para limpiar, así que dejamos las tareas sin hacer.

No se vale desatender a los niños para invertir demasiado tiempo en la limpieza, pero tampoco se vale estar dejando todo siempre a medias porque tenemos niños en casa.

Agilízate para hacer las cosas bien hechas en poco tiempo. Mejora tus técnicas, simplifica, sé más eficiente.

La casa debe estar lo suficientemente limpia para que todo esté en su lugar y nadie se enferme, y para eso no es necesario tardarte horas.

4. Crea rutinas

Si visualizas tu día como una gran montaña de tiempo para llenar, te sentirás agobiada. Es mejor dividirlo en secciones para digerirlo más fácilmente.

Ya que has decidido cuáles son las actividades más importantes que sí quieres realizar, organízalas en rutinas o bloques. Un bloque es un espacio de tiempo en el que se hacen las mismas actividades o rutinas todos los días. De esta forma, tienes la tranquilidad de que todas las necesidades de comida, sueño, ejercicio, actividad mental, limpieza, etc., estarán cubiertas.

En mi libro y en el taller de papás hablo a profundidad sobre este tema.

5. Aprovecha el tiempo

Como mamá, el tiempo es un recurso invaluable que no puedes darte el lujo de desperdiciar.

Piensa de qué formas puedes añadirle más minutos a tu día: 

  • Guardar loza seca mientras la sopa suelta el hervor
  • Doblar ropa mientras escuchas una historia de tu hijo 
  • Levantarte antes de que tu hijo despierte para tener algo de ventaja
  • Hacer ejercicio mientras tus hijos juegan en el parque
  • Desinstalar las redes sociales de tu teléfono

¿De qué formas puedes «regalarte» más minutos al día?

6. Involucra a tus hijos en las labores de la casa desde pequeños

Las labores domésticas son un gran recurso para enseñar enseñar actitudes y destrezas… además de que son un excelente medio para propiciar conexión con los niños.

La lección más importante que les estás enseñando a tus hijos es a vivir. Y eso se enseña a través de incluirlos en tu día a día y dejarlos ver cómo enfrentas tú la vida.

Te invito a dedicar un rato para ver esta charla, en la que te explico estos puntos con ejemplos de mi vida como mamá:

3 comentarios sobre “¿Cómo se organiza una mamá que educa sin escuela?

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