Fragmento tomado del libro:
Unschooling: a lifestyle for learning
(Unschooling: un estilo de vida para el aprendizaje)
de Sara McGrath
Traducción: Priscila Salazar

Los niños pequeños ansían y necesitan tener interacción directa con el mundo físico. Esto significa cantidades generosas de libertad para tocar, saborear, oler, escuchar y ver. El juego libre introduce al niño a la observación científica (o bien, curiosidad y exploración).

Con el deseo de brindarle a su hijo una ventaja temprana, los padres pueden cometer el error de enfocarse en materias académicas abstractas antes de que el niño haya tenido la suficiente experiencia explorando el mundo físico y concreto, y absorbiendo conceptos por inmersión.

En una sociedad alfabetizada, un niño no puede evitar observar las letras y los números, además de que desea entenderlos. Los niños aprenden matemáticas y lectura por etapas. Van recorriendo una jerarquía de entendimiento. Por ejemplo, un niño pequeño que está aprendiendo rápidamente a comunicarse, desarrollará una conciencia de los símbolos numéricos y alfabéticos. Puede que esto suceda mientras uno de los padres le lee, o mientras ve la televisión, o mientras juega con juguetes y libros, etc.
Un niño debe aprender primero a reconocer las letras y los números antes de aprender a leer palabras, a calcular problemas matemáticos, a dominar la lectura de comprensión y a realizar cálculos más complicados con aplicación al mundo real.

Debido al énfasis convencional que se le da al aprendizaje académico por encima del juego imaginativo, los niños aprenden los números, las letras, a reconocer palabras y a contar, a edades cada vez más tempranas. Sin embargo, esto no significa que un niño de verdad comprenderá el lenguaje escrito y los conceptos matemáticos más pronto que un niño que no aprendió el ABC y el 123 siendo tan pequeño.
A medida que los niños se acercan a la edad de jardín de niños y preescolar, los padres pueden sentirse presionados a cumplir con el aprendizaje temprano oficial y los avances correspondientes a cada etapa de desarrollo; pero si respondemos a esta presión intentando coaccionar a nuestros pequeños para que logren esas metas, nos arriesgamos a transmitirles esa misma presión.

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