Cuando hablamos de socialización, existe la fuerte creencia de que los niños deben pasar grandes cantidades de tiempo con otros niños de su misma edad para desarrollarse adecuadamente y sobre todo, para aprender a socializar.

«Los niños aprenden de sus pares»
«Miran el comportamiento de sus pares y así aprenden cómo actuar»
«Es importante que se relacionen con muchos niños de su edad para que creen fuertes vínculos de amistad»

Piensa en esto…

Si tuvieras que perfeccionar tu inglés, ¿qué preferirías: practicarlo con otros 15 alumnos que tienen tu mismo nivel de conversación, o practicar uno a uno con un maestro nativo? …o mejor aún: ¿irte unos meses a vivir en Estados Unidos o Canadá y aprenderlo por inmersión total en la sociedad?

No nos parece tan atractivo practicarlo con otros 15 que hablan igual que nosotros, porque sabemos que el aprendizaje será muy lento y vamos a copiar errores de pronunciación. Muchas de mis experiencias en clases de conversación fueron frustrantes. Sentía que mi oído se acostumbraba a los vicios de lenguaje de mis compañeros y luego yo también los repetía, además de que dos horas repartidas entre quince estudiantes me dejaba muy poco tiempo para hablar o exponer mis dudas.

En el tema de la socialización es lo mismo. ¿De verdad esperamos que por el simple hecho de poner un montón de niños igual de inexpertos e inmaduros juntos varias horas al día, todos aprenderán adecuadamente acerca de la vida y de cómo vivir en sociedad?

Aprendemos de quien tiene más experiencia

Existe un antiguo proverbio hebreo que dice:

«El que anda con sabios será sabio, mas el compañero de los necios sufrirá daño.»

En un grupo de niños de la misma edad no existe suficiente sabiduría, pues todos se encuentran en la posición de aprendices. ¿Qué pueden aprender unos de otros? Tal vez, como en el caso de mis clases de inglés, vicios y malos hábitos no sólo socialmente, sino en muchas otras áreas de la vida.
¿De verdad deseamos que otros niños igual de inexpertos que el nuestro sean quienes le enseñen las lecciones que debe aprender acerca de la sociedad y la vida en general? Yo no. Yo quiero que mis hijos aprendan de alguien con mayor experiencia, con más sabiduría que ellos.

El mejor lugar para aprender a socializar es la familia

Creo que la mayoría de nosotros, de alguna u otra forma llegamos a una edad en la que sabemos cómo relacionarnos con otros. Tal vez ese proceso fue duro. Tal vez tuvimos que darnos de topes, lastimarnos emocionalmente o dañar relaciones, para aprender cuáles son las mejores maneras de interactuar con otros. Y en el peor de los casos, tal vez fuimos tan lastimados que ahora no tenemos la libertad para relacionarnos adecuadamente. Cualquiera que sea el caso, y como lo mencioné en un artículo anterior, la realidad es que a la mayoría de nosotros no se nos enseñó consciente y deliberadamente a vivir en sociedad. Sin embargo, ahora tenemos en nuestras manos la oportunidad de ahorrarles golpes a nuestros niños, enseñándoles a socializar efectivamente.

Yo creo que el mejor lugar para aprender la sabiduría necesaria para relacionarse en sociedad es la familia, ya que:

La familia es la base de la sociedad. Mucho del gran problema actual que sufrimos de falta de tribu para criar a la siguiente generación, se debe a que las familias no están lo suficientemente unidas. Ahora nosotros tenemos en nuestras manos la oportunidad de crear lazos tan fuertes con nuestros hijos y entre ellos como hermanos, de modo que nos veamos como un equipo que sabe cómo complementarse y que se beneficia mutuamente.
Los compañeros de la escuela van y vienen, pero la familia siempre permanece y sus miembros son las personas con quienes mejor podemos construir relaciones sinérgicas.
Una familia fuerte tiene el poder de influir en la sociedad y en las futuras generaciones.

Un hijo siempre será amado incondicionalmente. En una familia estable, un niño no tiene la presión de tener que luchar por ser aceptado socialmente. Sus padres lo aman tal y como es, independientemente de su comportamiento. A partir de esa base sólida, el niño puede construir relaciones fuertes que no corren el riesgo de romperse tan fácilmente por rivalidades, desacuerdos, conflictos o decepciones. El amor le provee la seguridad que necesita para poder aprender de sus errores, y lo fortalece hasta el momento en que está lo suficientemente maduro y listo para salir y enfrentar el mundo solo.

Existen diferencias de edades. En una familia rara vez hay dos individuos de la misma edad, lo que brinda un «programa de inmersión total» de lo que es una sociedad: gente de todo tipo, de todas edades, con diferentes opiniones y perspectivas de la vida. Gente de quien aprender sabiduría y gente a quien guiar pacientemente. La familia de cada quien provee la combinación de personalidades perfecta para que cada individuo aprenda lo necesario para enfrentarse a la sociedad e integrarse eficazmente en ella.
Además, al no tener compromisos de horarios y tiempos, una familia puede exponer a sus hijos a lo que es la sociedad real, como ir de compras, hacer mandados, negociar, etc.

Hay supervisión personalizada. Como en las clases uno a uno, un papá a cargo de tres o cuatro niños es mucho más eficiente que una maestra a cargo de veinte o treinta. Además, a diferencia de la maestra, el papá es el primer interesado en que surja un aprendizaje valioso de cada interacción, y no sólo en que se mantenga el orden y el silencio. Obviamente, es necesario que estemos presentes todo el tiempo para conocer el trasfondo de cada situación, la personalidad de cada niño y les ayudemos a saber qué herramientas escoger para cada inconformidad: mostrar empatía, negociar, delegar, persuadir, tomar turnos, buscar soluciones, ceder, callar, ver por los débiles, cooperar con los líderes, compartir, etc.

Creo que la convivencia de los niños con sus pares puede ser muy valiosa y enriquecedora si los padres se dedican a fortalecer las relaciones dentro de la familia primeramente, y luego usan esas oportunidades para que sus hijos practiquen lo que están aprendiendo.
Y como todos sabemos, el ejemplo habla más que mil palabras, así que todos estos conceptos no se enseñan en sermones ni en clases, sino en vivo y a todo color. Nuestras habilidades sociales como padres en el trabajo, en la casa y al lidiar con cada conflicto día con día es lo que realmente les está enseñando a nuestros hijos cómo socializar con otros.

Si deseas saber cómo fortalecer a tu familia,
te invito a conocer esta herramienta.

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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