Todos los niños juegan. El juego fantasioso o imaginario es una parte natural de sus vidas, y como mamá (o papá), tú puedes aprovecharlo para obtener cambios significativos en tu relación con tus hijos y en tu manera de comunicarte con ellos.

Para sacar el mejor provecho del juego de tus hijos, necesitas utilizarlo como medio para conectarte con ellos:

1. Reconoce la importancia del juego en la vida de tus hijos – no lo veas como algo secundario o algo que hay que evitar, sino como una parte vital de su vida.

Muchas veces, cuando vemos a nuestros hijos jugar y meterse en sus fantasías, pensamos que están fuera de la realidad y hasta nos asustamos. John Holt dijo: “Los niños utilizan la fantasía no para salirse de, sino para adentrarse al mundo real”.

En su libro, Teach Your Own (Enseña tú mismo), continúa con este tema:

“Se han hecho estudios persuasivos para demostrar que los niños que son buenos para fantasear, también son buenos tanto para aprender del mundo como para aprender a enfrentar sus sorpresas y desilusiones. No es difícil ver el porqué.  En una fantasía, tenemos la manera de probar distintas situaciones, de experimentar cómo se sentirían o cómo nos sentiríamos en ellas, sin tener que arriesgar demasiado. Además nos ofrece una manera de enfrentar malas experiencias al dejarnos repetirlas una y otra vez en nuestra mente hasta que hayan perdido mucho de su poder de lastimarnos, o hasta que seamos capaces de dejarlas salir en maneras que nos dejen sintiéndonos menos derrotados o tontos.Para una vida de fantasía saludable y activa, los niños necesitan tiempo, espacio y privacidad, o al menos sólo tanta compañía como ellos pidan. Obviamente, la escuela o cualquier otra situación en la que se encuentren en un grupo grande – guardería, juego grupal, jardín de niños, etc. – no permiten mucho de esto. Probablemente lo peor de todo es que los niños constantemente están bajo la mirada y el control de los adultos quienes, aun cuando les permitieran una vida de fantasía, sienten que tienen que vigilarla, entender lo que significa, juzgarla, hacer uso de ella”.

“De igual manera, debemos resistir la gran tentación de pensar que esta área en la vida de los niños es menos importante que las áreas en las que están haciendo algo “serio”, como leer o escribir, o hacer tareas, o cualquier cosa que nosotros queremos que hagan; o pensar que sólo podemos permitirles tiempo para la fantasía ya que hayan realizado su trabajo importante, como cuando les damos un dulce después de la comida. Los niños deben poder jugar, no sólo en el tiempo restante después del trabajo “importante”, sino cuando están llenos de energía y entusiasmo. Actualmente hablamos de tiempo de calidad. Los niños necesitan tiempo de calidad para sus fantasías y juegos tanto como para leer o resolver problemas de matemáticas. Necesitan saber jugar bien tanto como necesitan leer bien. De hecho, si miráramos con detenimiento, probablemente encontraríamos que los niños que no son buenos para jugar, soñar y fantasear, por lo general tampoco son buenos para leer”. 

Y en su libro “How Children Learn” (Cómo Aprenden Los Niños), también nos explica:

“Los niños también pueden usar la fantasía para entender la realidad, hacer un modelo mental de la realidad que les funcione. Ya que tienen tan poca experiencia, es difícil hacerlo. Son como alguien tratando de armar un rompecabezas sólo con el diez por ciento de las piezas – tienen que inventar piezas imaginarias para llenar los huecos vacíos. A los adultos no nos gusta hacer eso. Si no estamos seguros de que tenemos todas o casi todas las piezas, no trabajamos en el rompecabezas. Pero los niños pequeños no pueden esperar hasta que tengan todas las piezas, que es, toda la información y experiencia que necesitan para crear un modelo coherente y sensible de la realidad. Tienen que encontrarle algún tipo de sentido ahora mismo. Su fantasía se sale de la realidad, se conecta con la realidad y va mucho más allá de la realidad”.

2. Utiliza el juego como medio de conexión, no de desconexión.

Como papás, muchas veces aprovechamos el tiempo del juego de nuestros hijos para “deshacernos” un rato de ellos y concentrarnos en otra actividad.
Cuando salgo al parque del coto con mis hijos, me sorprende ver niños entre cuatro y seis años cruzando calles y sin la vigilancia de un adulto. Y en el mejor de los casos, si la mamá anda por allí, está hablando por teléfono, lavando su cochera o platicando con las vecinas, pero muy lejos del juego de sus hijos.

Recuerdo que en un episodio del “Encantador de perros”, César dijo que cuando llevas a tu perro al parque no es la ocasión para olvidarte de él, sino para estar cerca de él, ponerle atención y convivir con él, y de esa manera, evitar problemas con otros perros y sus dueños. Si esto es cierto para las mascotas, ¡cuánto más para los niños!

Cuando sea tiempo de jugar en el parque o en cualquier otro lugar, involúcrate por completo en el juego. Tómalo como un tiempo de esparcimiento, de renovación, de tomar nuevas energías y de llenar tus pulmones de aire fresco. Es un tiempo es para ustedes, para alimentar su relación, su unidad, su mundo juntos.

3. Tómate el tiempo de conocer a los personajes que les gustan o las formas particulares en las que les gusta jugar.

Si tus hijos son como los míos, seguramente cambian de héroes cada vez que ven una película o un videojuego nuevo. Mis hijos han sido de todo: vaqueros, dinosaurios, astronautas, superhéroes, magos, cocineros, arqueólogos, ogros… ¡y hasta gatos!

Lo importante no es lo que les gusta en sí, sino el grado de conexión que tú obtienes de esos gustos. Los niños pasan de una etapa a otra muy rápidamente, y sus gustos por personajes, modas o marcas también son pasajeros, pero tu conexión con ellos no pasa, sino que se fortalece con el tiempo. En vez de pelearte con sus gustos, aprovéchate de ellos utilizándolos como medio de acercamiento, como tema de conversación, como oportunidad para hacer investigaciones, como temas de juegos, y sobre todo, como motivo para pasar tiempo con ellos.

Tómate el tiempo para investigar si les gustan las princesas, o los bebés, o vestir muñecas, o jugar a los caballeros, o a la comidita, o armar rompecabezas, o jugar ajedrez, o hacer algún deporte… no sé, yo no los conozco… pero tú sí.

4. Toma la iniciativa

Muchas veces tengo flojera de jugar y me llevo mi libro al parque y espero que ellos jueguen amistosamente mientras que yo leo tranquilamente. Pero entonces compruebo vez tras vez que mientras más evado la conexión, más la demandan ellos. Comienzan a pelearse, no se ponen de acuerdo, dicen que tienen sed, que les duele el pie… y no florece ningún juego.

Es cuando tengo que hacer a un lado mi propia comodidad, tomar la iniciativa, levantarme y comenzar la acción yo misma. Me levanto y grito: “¡Mamá la trae! ¡Corran porque los alcanzo!”, y entonces, como por magia, todos ponen una sonrisota en la cara y corren emocionados.
Mi intervención es clave.

No esperes que ellos lo hagan todo solos. Tú toma la iniciativa y comienza un juego que les guste a tus hijos. Verás cómo se llenan de energía y te siguen, y el juego puede durar hasta horas.

5. Pierde la timidez y dispónte a personificar fases recónditas de tu ser introduciéndote en las fantasías de tus hijos

El juego favorito de mis hijos son las fantasías. Les encanta disfrazarse, meterse en el papel de cierto personaje e interpretarlo, y quieren que yo también interprete a un personaje. Estoy muy agradecida de tener puros hombres en casa, pues los papeles que me toca interpretar siempre son de princesas o damiselas en peligro, y a mi llamado de auxilio, aparecen tres raudos y apuestos caballeros a rescatarme… supongo que si tuviera niñas, tendría que hacer yo el papel del príncipe azul.

Yo disfruto mucho ese tiempo de internarme en la fantasía y realmente vivir la escena. Me encanta ver sus ojitos brillantes, llenos de emoción y felicidad de que su mamá esté jugando a la par de ellos. Y correr al aire libre de la mano de tu hijo, gritando de alegría, sintiendo el aire en la cara y cómo tu alma se une a la de él, es una sensación indescriptible.

Internarte en el mundo de los niños puede requerir que pierdas contacto con la realidad durante un rato, pero verdaderamente vale la pena. Bajarte al nivel de un niño, pensar como él y dejarte dirigir por él dentro de su fantasía son los medios más poderosos que hay para crear vínculos sólidos que fortalecen tu autoridad natural.

6. Dedícate a disfrutar de la profunda conexión que has creado con ellos.

Después de una sesión de juegos al aire libre basada en la conexión, verás cómo las siguientes horas fluyen suavemente y todos se encuentran en un estado de cooperación y armonía natural. Dedícate a disfrutar y a alimentar esa fluidez sin interrumpirla por detalles como un vaso derramado en la mesa o unos calcetines tirados en la sala. Aprovecha el buen ánimo para delegar tareas y alcanzar misiones trabajando en equipo.

Pam Leo, autora del libro “Connection Parenting” (Crianza basada en conexión) afirma:

“Jugar activamente con los niños es la forma más poderosa en la que nos conectamos con un niño y llenamos su “tanque” de amor. El tipo de juego que los niños más anhelan es el tipo de juego que los padres menos practican. Es el tipo de juego físico de perseguir y atrapar, de las escondidas, del caballito, y de luchas que hacen que los niños se carcajeen y pidan más y más y más. Este tipo de juego conecta emocionalmente al adulto con el niño y fortalece sus lazos. Les damos atención a los niños al cuidarlos y darles nuestro reconocimiento. Proveemos conexión al involucrarnos con ellos. La atención se siente bien, pero la conexión se siente mucho mejor”.

¿Cómo te conectas tú con tus hijos a través de su juego?