La socialización es un tema que le interesa a la mayoría de los papás. Y aunque por lo general se busca que los niños tengan muchas oportunidades de convivir con otros a edades cada vez más tempranas, esa convivencia no siempre es garantía de que aprenderán cómo relacionarse adecuadamente con otros y cómo manejar las situaciones que se les presentan.

La simple convivencia no garantiza una buena socialización

En el mundo hay siete mil millones de habitantes y todo el tiempo estamos rodeados de gente y no por eso podemos decir que los humanos saben socializar correctamente unos con otros: La rebeldía de los jóvenes hacia sus autoridades, la falta de comunicación con sus padres, los pleitos entre hermanos, la dificultad para conservar un empleo por no saber trabajar en equipo, las amistades con personas poco convenientes, el bullying… son ejemplos de cómo la simple convivencia con otros no nos proporciona las habilidades necesarias para vivir en sociedad.

Claro que convivir con otros niños es bueno, y es recomendable exponer a nuestros hijos a diferentes eventos, excursiones o visitas en grupo, ya que ofrecen una excelente oportunidad para poner en práctica herramientas de socialización específicas. Pero es importante notar que existe una diferencia entre usar esas experiencias para practicar lo que nosotros como papás hemos estado enseñando en casa, y creer que la simple convivencia está equipando a nuestros hijos con buenas destrezas de socialización.

Las destrezas sociales se enseñan en casa y luego se practican en cualquier situación que tengas a tu alcance, pero no al revés:
la convivencia no es garantía de que los niños aprenderán destrezas sociales.

¿Cómo aprendemos a socializar?

Aunque la mayoría de nosotros sí tuvimos muchas oportunidades de interactuar con otros niños y jóvenes de nuestra edad, la realidad es que mucho de lo que ahora sabemos lo aprendimos dándonos de topes: cometiendo errores y dañando relaciones, porque casi a nadie de nosotros le enseñaron estratégicamente a relacionarse con otros.

De hecho, muchos de nosotros aun llevamos las heridas de no haber hablado en el momento preciso, usado las palabras correctas, callado cuando era necesario o protegido nuestros sentimientos. Si alguien nos hubiera enseñado cómo manejar situaciones específicas, nuestro desarrollo habría sido mucho más sencillo y menos doloroso.

Pero ahora que somos padres, nosotros sí tenemos en nuestras manos la oportunidad y el privilegio de equipar a nuestros hijos con habilidades que les ahorren muchos golpes y experiencias dolorosas en la vida. Así como un niño puede perfectamente aprender a no tocar la estufa si tú te tomas el tiempo de explicarle qué es el fuego sin que tenga que experimentar sus efectos en su propio cuerpo, igual podemos enseñar estratégicamente muchas otras verdades importantes sin que nuestros hijos tengan que aprenderlas dándose de topes.

Es indispensable tener una estrategia

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Cuando hablo de estrategia de socialización me refiero a que tú como papá o mamá tengas claro cuáles habilidades sociales necesita dominar tu hijo para poder manejar cualquier situación que se le presente, y que tengas un plan para enseñárselas deliberadamente y no sólo esperar a que las adquiera por simple convivencia con otros.

La estrategia de cada familia será única, pues depende de sus propios objetivos y necesidades particulares; pero puedes considerar los siguientes conceptos al diseñar tu propia estrategia:

1. El propósito de toda relación es crear sinergias

Para favorecer el desarrollo integral de nuestros hijos se requiere tener en mente que el propósito de toda relación es crear la sinergia que le permitirá avanzar en su propósito particular. Una relación sinérgica es aquella en donde las partes involucradas aportan sus aptitudes, habilidades y talentos para lograr un objetivo que en conjunto, es mayor a lo que cada uno podría lograr en lo individual.

2. Las lecciones más importantes de socialización se aprenden en familia

Las personas que integran nuestra familia son quienes nos conocen mejor. Tratar de aparentar lo que no somos o ponernos una careta no sirve de nada en casa, porque allí nos conocen tal como somos. En casa es donde solemos tener los conflictos más profundos y penosos, ya que la combinación de personalidades que se da en una familia puede llegar a ser muy irritante.

Nuestra aportación más importante en las habilidades sociales de nuestros hijos es ayudarles a saber cómo conectarse con los miembros de su familia primero, y después, con el resto de las personas. Los miembros de nuestra familia son las primeras personas con quienes podemos practicar el conectarnos y crear sinergias. Si logramos crear conexiones duraderas con ellos, es muy probable que podamos hacerlo eficazmente con otras personas fuera de nuestra familia.

3. La madurez emocional va primero

La comunicación efectiva es el primer paso para relacionarnos con otros. Los berrinches y las explosiones emocionales son un llamado a la comunicación. Crea un plan que ayude a tus hijos a conocer las emociones que están sintiendo, a saber qué hacer con ellas y a saber cómo comunicarse efectivamente.

4. Los hermanos sirven para enseñarnos a resolver conflictos

Los hermanos se pelean y se contentan todos los días. Para las mamás puede ser agotador, pero si vemos los conflictos como prácticas de socialización, todos los días estarán llenos de nuevas oportunidades. Crea un plan para equiparlos con habilidades de comunicación, de solución de problemas, de negociación, de ceder derechos, de liderazgo. Anima a los mayores a promover la armonía, y a los menores a cooperar por el bien de todos. En vez de perder tiempo en comparaciones o competencias, ayúdalos a entender que cada uno es diferente, a descubrir los talentos de los demás y a ver cómo pueden incluirlos para lograr un trabajo en equipo mucho más rico y completo que un trabajo individual.

En este sentido, yo sí animo mucho a las mamás a que consideren tener más de un hijo. Un hermano es el mejor regalo que les podemos dar a nuestros hijos. Pero si tu hijo no tiene hermanitos, se aplica lo mismo para él: tú determina qué habilidades quieres que adquiera, enséñaselas deliberadamente, y luego busca las oportunidades para que las practique.

5. Las interacciones fuera de casa pueden ser muy productivas si se tiene un plan

Cuando tienes una estrategia clara, tú puedes decidir en qué situaciones, con qué personas y por cuánto tiempo es mejor que tu hijo se relacione con otros. De esta manera, te aseguras de que cada experiencia cumpla eficazmente tus objetivos. Al prepararte para recibir amiguitos en la casa, para una actividad en grupo o para visitar un lugar público, pregúntate:

  • ¿Qué espero que mi hijo obtenga a través de este evento?
  • ¿Qué destrezas sociales espero que practique?
  • En caso de que surja algún conflicto, ¿cuál sería la mejor forma de manejarlo? ¿él está preparado para responder así?
  • En caso de que necesite mi ayuda, ¿cómo voy a intervenir?

Las interacciones sociales con gente fuera de casa no son la ocasión para liberarte y desentenderte de los niños; sino que son la oportunidad perfecta para llevar a la práctica lo que estás formando en casa.

¿Cuál es tu estrategia de socialización para tus hijos?

¿Te gustaría saber más sobre cómo fortalecer a tus hijos en ésta y otras áreas?
Te invito a conocer esta herramienta.

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