Debido a los paradigmas de nuestra sociedad, muchas veces sentimos una urgencia de escolarizar a nuestros hijos a una edad cada vez más temprana. Incluso cuando hemos decidido no llevarlos a la escuela, sentimos una premura por comenzar con la instrucción académica. Creemos que mientras más pronto comiencen, mejor preparados estarán, o que gozarán de una mayor ventaja sobre sus compañeros, o que su inteligencia se verá incrementada de cierta forma.

¿En realidad estamos garantizando un beneficio al comenzar tan temprano?

qué le enseñoEn su libro, Unschooling: a lifestyle for learning, Sara McGrath afirma que los padres pueden cometer el error de enfocarse en materias académicas abstractas antes de que el niño haya tenido la suficiente experiencia explorando el mundo físico, y que el hecho de que un niño haya aprendido a leer o a sumar a una edad temprana, no significa que de verdad comprenderá el lenguaje escrito y los conceptos matemáticos más pronto que un niño que no aprendió el ABC y el 123 siendo tan pequeño.

Por otro lado, el paradigma académico es tan fuerte que nos ha hecho creer que debemos acumular ciertos conocimientos a ciertas edades y a través de ciertas metodologías. Sin embargo, el mundo es tan extenso que toda la vida no nos alcanzaría para obtener todo el conocimiento que hay en él. ¿Alguna vez te has quedado atrapado en Wikipedia? Yo puedo quedarme horas y horas brincando de artículo en artículo y mientras más leo, más quiero saber.

¿Quién decide cuáles conocimientos de todo ese océano de información deben aprenderse? Y si cualquier niño de hoy tiene acceso a esa información, en cualquier momento, con un solo clic, ¿para qué forzarlos a que la retengan en su cabeza a determinada edad? Y por otro lado, ¿aprender todo ese conocimiento es la herramienta principal que necesitas para vivir en el mundo?

Que tu objetivo no sea enseñar conocimientos, sino llevarlo a la madurez

Un niño que es maduro, tiene conciencia de quién es él, del lugar al que pertenece, y tiene claridad en sus propios objetivos. Por lo tanto, es un niño feliz y seguro que desea ser autosuficiente, aprender todo lo que necesite para lograr sus propios objetivos y beneficiar a su entorno.

Al definir mis propios objetivos para la educación de mis hijos, he llegado a la conclusión de que una de mis metas más importantes es ayudarlos a alcanzar la madurez en todas las áreas de su vida.

Teniendo ese objetivo en mente, es más fácil definir ciertos aprendizajes más concretos en los que podemos enfocarnos desde que nuestros hijos son bebés:

1. Enséñale quién es

La conciencia de nuestra identidad comienza desde el día que nacemos, y nosotros como padres tenemos el gran privilegio de construir en gran medida la identidad de nuestros hijos. La conexión con tu hijo es fundamental para transmitirle que es una persona digna de amor, de respeto y de atención. Poco a poco, a través de esa conexión profunda también podrás transmitirle todos los rasgos maravillosos y únicos que observas en él o ella y que lo hacen ser quien es: una persona irrepetible que no puede compararse con nadie más.

Por lo tanto, una característica importante que deben tener las actividades que planees para tus hijos es que deben fortalecer tu conexión con ellos profundamente, y que les ayuden a descubrir y explorar sus características únicas.

2. Enséñale que pertenece a una familia

Todos tenemos la necesidad de sentirnos incluidos en nuestro círculo social inmediato. Como padres, nosotros podemos satisfacer esa necesidad de nuestros hijos desde pequeños tansmitiéndoles la idea de que siendo parte de esta familia, tienen el privilegio de participar y contribuir con todas las actividades que son importantes para la familia.

Aprovecha el entusiasmo de tus pequeños para incluirlos en todas las actividades de administración y mantenimiento del hogar. No solamente estarán contribuyendo al orden y limpieza de su hogar, sino que también estarán perfeccionando sus destrezas en las labores de la casa, y practicando su esmero, diligencia y responsabilidad, a la vez que aprenden a trabajar en equipo.

3. Enséñale el poder que posee en su actitud

Generalmente entendemos la educación como “lo que necesitas aprender para tu futuro”, pero la verdad es que nadie conoce el futuro y nadie sabe lo que necesitaremos de aquí a diez años. Por eso es tan inútil tratar de encontrar un cierto conjunto de habilidades que “toda persona debería aprender”, porque cada persona es diferente y lo que necesita saber en diferentes momentos de su vida es muy cambiante.

Sin embargo, sí que existe un conocimiento general que toda persona debería aprender, ya que es el factor clave del éxito en la vida: ser conscientes del poder que poseemos en nuestra actitud. La razón es sencilla: el conocimiento y la habilidad no sirven de mucho si no se cuenta con una actitud correcta. En cambio, una actitud correcta nos puede ayudar a obtener los conocimientos y las habilidades que necesitamos.

Depende de nosotros como papás que nuestros hijos lleguen a ese grado de consciencia y responsabilidad cuanto antes.

4. Enséñale a vivir en armonía

El mejor lugar para aprender a vivir en sociedad es la familia. Es el lugar ideal para enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes con las ideas diferentes a las suyas, a respetar a los demás, a resolver conflictos civilizadamente, a entender las razones detrás de las reglas que nos rodean y a usar sus talentos para contribuir al bien común.

Planea actividades en las que tus hijos deban practicar sus habilidades sociales diariamente y ofréceles tu orientación siempre que la necesiten.

5. Enséñale a gestionar su tiempo

Nuestros niños pueden aprender a gestionar su tiempo desde muy pequeñitos si nosotros les ofrecemos una rutina diaria que les dé seguridad y equilibrio en todas las actividades. Esa rutina es la base de todos los hábitos y conocimientos que irás construyendo más tarde.

Pulsa aquí para conocer mi propia rutina.

6. Enséñale a ser responsable de sus necesidades básicas

Tú puedes darle a tu hijo el gran beneficio de que sepa que él es responsable de su espacio, de su ropa, de sus pertenencias y de su alimento. Desde pequeñitos pueden ir adquiriendo esta conciencia si los motivamos a recoger después de jugar, a recoger su ropa después de cambiarse, a ayudarnos a preparar la comida… Más adelante y conforme van creciendo, esas responsabilidades crecerán junto con ellos: Lavar y planchar su propia ropa, cocinar su propia comida, mantener su recámara limpia… Incluso llegará el momento en que ellos deberán generar los ingresos para comprar su propia ropa, su propio alimento y la casa en la que habitan.

Nuestro privilegio es inculcarles esa responsabilidad desde que son muy pequeñitos.

7. Enséñale cómo se ganan la vida tú y tu pareja

El trabajo que ustedes hacen es un material educativo excelente. Tus hijos pueden observar el ciclo completo de adquirir habilidades reales que tienen una aplicación inmediata en el mundo real y que además reciben una remuneración económica tangible.

Involucra a tus hijos en lo que tú y tu pareja hacen. Enséñales las habilidades que tú dominas. Regálales ese conocimiento y experiencia que tantos años te ha costado a ti, y deja que reciban la remuneración de su trabajo. Pulsa aquí para leer mi experiencia al involucrar a mi segundo hijo en lo que yo hago.

8. Enséñale las destrezas básicas para vivir en el mundo

Aunque no podemos obligar a nuestros hijos a aprender un conjunto de conocimientos “para su futuro”, sí podemos beneficiarlos equipándolos con algunas destrezas básicas y generales que les serán útiles en cualquier lugar, en cualquier época y para cualquier actividad que desempeñen.

Dominar la comunicación oral y escrita, administrar su dinero, fomentar buenas relaciones con otros, cultivar sus propios alimentos, mantener su cuerpo sano y saludable, resolver cualquier problema con creatividad, encontrar cualquier dato o información, saber qué hacer con esa información… son algunas de las herramientas básicas que todos necesitamos para vivir en el mundo real.

Da oportunidades para que tus hijos practiquen estas habilidades no como parte de un currículum que debes cumplir, sino como las herramientas esenciales para vivir la vida real que ya están viviendo en este momento.

9. Enséñale a descubrir sus anhelos

Un anhelo es la razón más esencial por la que hacemos lo que hacemos.  Al entender nuestros anhelos con claridad, es más fácil identificar las actividades y destrezas que nos permitirán desarrollarlos.
Provee oportunidades para que tus hijos se expongan a la mayor variedad posible de materiales, información, gente y experiencias que puedan ayudarles a ampliar su panorama del mundo y a descubrir cuáles son sus anhelos más profundos.

Esos anhelos te darán la pauta de los recursos que debes acercar y de las habilidades que debes ayudarles a desarrollar. Un enfoque totalmente opuesto al del sistema convencional en el que se les obliga a los alumnos a obtener una certificación y después averiguar para qué.

10. Enséñale a convertir sus anhelos más profundos en una visión

A medida que tus hijos descubran cuáles son sus anhelos más profundos, es muy importante que vayan un paso más allá y los conviertan en una visión. De esa forma siempre tendrán la motivación suficiente para mantenerse abiertos, con iniciativa y aprendiendo no sólo lo que necesitan para cumplir sus propias metas, sino contribuyendo para beneficiar a otros con sus acciones.

Observa cómo con esta breve lista de 10 objetivos sencillos ya tenemos un plan de estudios suficiente para cubrir unos 18 años de cualquier niño, sea que vaya a la escuela o no 🙂

No te afanes por los detalles de los requisitos académicos: enfócate en lo verdaderamente importante y duradero. Define tus propios objetivos para la formación de tus hijos, planea tus propias actividades para lograrlos y ¡disfruta plenamente el proceso!