Como ya lo hemos hablado antes, la escuela surgió como una solución a la necesidad de educar a los niños de todas las clases sociales y prepararlos para la era Industrial, que iba tomando auge en el siglo XIX.
La escuela fue un mecanismo efectivo para sacar del oscurantismo a la humanidad y esparcir el conocimiento y la lucidez que tanto se necesitaba y que estaba tan lejos del alcance de la mayoría de la gente. En su momento, fue un acierto que benefició a muchas generaciones, y aun en nuestra época sigue favoreciendo a quienes no tienen mayores oportunidades. Sin embargo, nuestras sociedades siguen avanzando y las soluciones que satisficieron las demandas de la era industrial no servirán para las demandas de la era de la información.

Una tecnología no aplicable a la educación

«No sé cómo hemos llegado a concebir la disparatada idea de que una clase aprenderá mejor si todo el mundo aprende al mismo tiempo. Como si una clase fuese una fábrica.»
John Holt

estandarizadoLa nueva tecnología de producir masivamente a bajo costo que estaba revolucionando la industria, no puede aplicarse en la educación de los niños. Los niños no son productos. Son personas con habilidades, talentos, capacidades, ritmos y anhelos únicos que le dan a cada uno su identidad particular. Una de las razones del gran fracaso escolar es que la tecnología que revolucionó el campo industrial se sigue aplicando a un campo totalmente distinto: la educación.

¿Por qué querríamos educarlos a todos de la misma forma, si sus necesidades son tan diferentes y si su desarrollo en la vida será tan diferente?

Ofrecemos educación masivamente a un costo muy alto

Actualmente hemos logrado ofrecerle escuela a casi cada niño de cada rincón del país gratuitamente, pero para poder hacer eso, es necesario bajar los costos al mínimo, lo que significa estandarizar contenidos, horarios, ritmos, períodos, métodos y estándares promedio, sin detenerse mucho a considerar las necesidades particulares de cada alumno.

selección justa

Hay niños que se adaptan bien y tienen éxito, pero hay otros cuyas aptitudes naturales no encajan en los estándares promedio, y entonces nos encontramos con la situación de los animalitos de la ilustración. Imagínate la decepción del pez de la foto cuando se entere de lo que se trata la prueba para medir su aptitud. Sólo porque trepar no está entre sus habilidades naturales, ¿está reprobado? ¿Qué hay de su gran capacidad para nadar?, ¿existe el lugar en donde esa habilidad sea tomada en cuenta?

Los niños no tienen suficiente tiempo para prepararse bien en su propia área

Los primeros 15 años de su preparación académica (preescolar, primaria, secundaria, preparatoria), todos los alumnos reciben el mismo tronco común: conocimientos muy generales de diferentes materias sin importar cuál será el área de especialización de cada niño. Al no tener interés en todos esos temas, los niños se concentran en aprobar los exámenes, pero sin profundizar en ninguno en particular. De hecho, la mayoría de los alumnos pasan sus años académicos odiando las materias y deseando no tener que estar allí. Para cuando llegan a la universidad, saben un poquito de todo, pero de nada a la vez.

¿No sería mucho más productivo y efectivo que desde pequeñitos los niños pudieran dedicarse a aprender lo que les gusta? ¿Por qué no aprovechar su curiosidad, su interés y su entusiasmo para que profundizaran y se volvieran expertos en sus propias áreas desde pequeños? ¿Para qué hacerlos perder tantos años de creatividad e inventiva estudiando y memorizando datos que no les interesan y que además no tendrán ninguna utilidad en su campo específico?

La educación requiere otro tipo de paradigma

Como lo afirma Sir Ken Robinson, es necesario cambiar el modelo educativo de nuestras sociedades: pasar del paradigma lineal al orgánico.

En 1988, Isaac Asimov, ya concebía la visión de una forma diferente de aprender en el futuro: Imaginaba que en el futuro cada niño tendría el acceso a bibliotecas virtuales en donde podría investigar lo que fuera que realmente le interesara. Visualizaba que en el futuro, ¡todo el mundo disfrutaría de aprender!, pues sería una actividad que podría llevarse a cabo desde la casa, a la velocidad, ritmo, y estilo propios, y en la dirección del propio aprendiz.

En esa época Asimov ya tenía una visión de lo que «podría» ser en el futuro, pero para él todavía estaba lejano. Ni siquiera pudo verlo con sus ojos, ya que él murió en 1992, y no fue hasta 1993 que el Internet fue usado comercialmente. Para nosotros ya es una realidad en nuestras manos.

Dentro del sistema educativo tradicional sería muy difícil y muy costoso proveer este contacto directo entre el alumno y la información, dirigido por su propio interés. Pero como padres, sí tenemos la alternativa de proveer esta oportunidad, de manera más fácil, práctica y no muy costosa.

No visualicemos la educación como una gran industria que manufactura productos en serie, masivamente; sino como un dedicado grupo de agricultores que producen cultivos orgánicos. Agricultores a quienes no les interesa alterar o apresurar el desarrollo de cada semilla con productos químicos o dañinos, sino que pacientemente invierten todo el tiempo y cuidados necesarios para que cada plantita crezca a su tiempo, a su ritmo y que dé el fruto que estaba en su diseño dar.

¿Qué quieres producir tú con el tipo de educación que les estás proveyendo a tus hijos?

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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