Antes de que mi hija naciera tenía muy claro cómo quería criarla. Cuando la tuve en mis brazos no pude llevar a la práctica todas esas teorías que me parecían las más adecuadas para educar a mi pequeña. Me dediqué a investigar, a leer y poco a poco me fui sumergiendo en el mundo de la crianza con apego. Al paso del tiempo me fui dando cuenta de cuán relacionadas están la crianza con apego, la socialización de los niños y el homescholing.

Una cosa me ha llevado a la otra y conforme mi hija se ha ido convirtiendo en una niña pequeña (según sus propias palabras) me siento más segura de que la forma en que la estamos criando es la mejor para ella.

La crianza con apego está basada en la teoría del apego de John Bowlby que, por explicarlo de forma muy escueta, afirma que cuando un bebé establece un apego emocional y físico con su cuidador adquiere la estabilidad y seguridad necesarias para un sano desarrollo de la personalidad.

Cuando un bebé se siente aceptado, protegido y no tiene que preocuparse por satisfacer sus necesidades inmediatas (tiene un cuidador atento y amoroso que lo atiende) su desarrollo se facilita porque puede dedicarse a observar y a explorar su entorno.

Una de las bases de la crianza con apego, además del trato amoroso es el respeto. El respeto hacia el bebé como un ser humano. Al criar a los niños con respeto y al establecer lazos de apego sólidos les damos herramientas para construir relaciones con otras personas.

Todas las interacciones entre el bebé y sus padres ayudan a establecer un vínculo entre ellos; puede ser una sonrisa, el contacto corporal al llevar al bebé en brazos, los juegos, el atender su llanto. Entre más interacción haya, más se fortalece el vínculo.

Los hijos aprenden con el ejemplo, los padres somos sus modelos y aprenden de lo que hacemos. Así pues, aprenden por medio de nosotros a relacionarse con el resto de las personas. Desde muy pequeñitos podemos alentarlos a comunicarse al hablar con ellos, al responder a sus risitas y gorgeos, al explicarles las cosas y presentarles a las personas que le rodean.

Cuando un bebé llora en los brazos de una persona desconocida o un bebé de dos años se muestra tímido es probable que los padres reciban el consejo bienintencionado de que “ese niño necesita socializar”. El significado detrás de esa frase es “tiene que alejarse de sus padres”.
La socialización en los niños se entiende como pasar tiempo con otros niños, pero la socialización no es eso. La socialización es ‘un proceso por medio del cual el niño asimila la cultura de la sociedad a la que pertenece’.

La socialización empieza desde que un bebé nace. Empieza con la familia, con los vecinos, con otros niños en el parque, con todo tipo de personas en la calle cuando nos acompañan en nuestras actividades diarias y eventualmente, en ambientes donde no está presente la familia y sí, poco a poco aprenden a compartir, a ganar, a perder, a defenderse, a resolver problemas.

Me parece que hay mucha presión por la socialización y hay padres que tienen prisa porque el niño socialice y por ello, quieren (o se sienten obligados a) llevarlo a la guardería, a la escuelita y/o a clases de estimulación temprana, cuanto antes mejor.

Desde mi experiencia he comprobado que no es necesario (e incluso puede resultar contraproducente). No estoy en contra de las guarderías o las escuelas con programa “prematernal” y “maternal”, de hecho mi hija asistió durante 6 meses a maternal mientras yo trabajaba fuera de casa. Entiendo que son necesarias cuando los padres trabajan fuera de casa y no hay otra opción; con lo que no estoy de acuerdo es con llevar a un niño bajo los argumentos “para que socialice”, “para que se vuelva independiente”, “porque necesita jugar con otros niños (a los 8 meses)”, “para que aprenda a compartir”, “porque les hace mucho bien”, “para que aprenda”.

No hay mejor lugar para un bebé y para un niño pequeño que junto a su mamá (o la persona con quien esté apegado). Con nadie, ni en la guardería más linda del mundo se sentirá más seguro y confortable que con su mamá. Los niños no están listos para jugar con otros niños ni para compartir hasta alrededor de los 3 o 4 años; así que el empeñarse en que lo hagan u obligarlos, simplemente va en contra de su ritmo natural de desarrollo.

Esto no significa que no convivan con nadie (una de las críticas al homeschooling). Los niños que no van a la escuela no están aislados del mundo. Generalmente, uno de los padres permanece en casa y, por supuesto, no deja de lado sus actividades diarias, incluye a los niños en ellas.

En mi caso,  además de mis actividades cotidianas como mamá y ama de casa, trabajo desde casa y cada cierto tiempo me reúno con algunos clientes de mi ciudad. Belén me acompaña a todos lados (a donde va la mamá va la hijita, dice ella);  vamos a visitar clientes, al banco, de compras, a la biblioteca, al parque. El hecho de que Belén no esté escolarizada no significa que nos pasemos los días encerradas la una con la otra.
Belén está siendo criada con apego, no ha asistido a la escuela para socializar y no tenemos planeado escolarizarla.

¿Cómo es mi hija? Es una niña segura, independiente, que sabe defenderse, que sabe expresarse, que sabe relacionarse con niños y adultos. Por supuesto llega a pelear con otros niños, a veces no quiere compartir, de vez en cuando hace berrinche. Lo normal en una niñita de casi 4 años.
No nos sintamos obligados a hacer lo que se supone que debemos hacer. Nuestro deber es escuchar, observar y atender las necesidades de nuestros hijos; por supuesto, cada quien lo hace de distinta manera y desde sus posibilidades, pero no lo hagamos porque es el modo en que siempre se ha hecho.

Démonos la oportunidad de explorar otras alternativas, de informarnos y tomar las mejores decisiones para nuestra familia.

Roxy González

 

Roxy es mexicana, disfruta de ser esposa, mamá homeschooler, promotora de la crianza con apego y emprendedora de Internet por medio de sus blogs: www.EscuelaDePadresPrimerizos.com y
www.pymE-marketing.com