Hace aproximadamente unos 15 años, por allí de 1997, conocí a la familia Villa, en Monterrey.

Ellos, al igual que nosotros, acababan de tomar la decisión de sacar a sus hijos de la escuela para que aprendieran libremente, sin escuela.  Durante algunos años participamos juntos en algunos eventos, así que convivimos con sus tres hijos: Ammi, Adar y Edwin.

Muchos años después, por allí del 2010, supe que Adar estaba comenzando un proyecto para enseñar mecatrónica a niños.

Nunca supe más, hasta hace unos días, cuando vi la noticia de que recibió el reconocimiento de Emprendedor del Año 2011, por la revista Expansión, y que venía a Guadalajara como orador del primer evento TEDxZapopan, así que inmediatamente hice planes para asistir a la charla TED y para saber más del proyecto de Adar.

En estos artículos puedes conocer más de lo que él hace:

Vocación Ejecutiva
Enlace + E (págs. 26 y 27)
Página web de Mecatroniks

Adar y yo, en el evento TEDx Zapopan 2012

Después de leer todo esto, le pedí que me platicara más de todo su proceso, ya que le perdí la pista desde que era un jovencito que recién comenzaba la aventura de aprender sin escuela, y yo quería saber qué había pasado después, durante todos estos años.

Después de escuchar su historia, puedo ver que la intervención de sus padres ha sido determinante en su vida y en los alcances que está teniendo. Una vez más, comprobé que lo que marca la diferencia no es si los niños van a la escuela o no, sino qué tanta disposición tienen los papás de tomar en sus manos la responsabilidad de la educación de sus hijos.

Me gustaría compartirte algunas acciones clave que los padres de Adar efectuaron, y que para nosotros como padres, pueden sernos de gran ayuda, pues nos revelan el camino que tomaron unos padres cuya prioridad siempre ha sido responsabilizarse de la educación de sus hijos.  Espero que su experiencia sea tan inspiradora para ti como lo ha sido para mí:

Su mamá estuvo dispuesta a renunciar a su carrera para invertirse en sus hijos

Cuando Adar tenía 14 años sus papás decidieron sacarlo de la escuela, principalmente porque Adar mostraba actitudes violentas y rebeldes. Era de esos niños que terminan muy pronto su trabajo y luego se dedican a causar problemas en el salón.

Su mamá pensó que lo que él necesitaba era su atención, por lo que estuvo dispuesta a dedicarse de tiempo completo a la educación de sus tres hijos. Esta parte en especial me fascinó, pues Adar me platicó que justo en ese momento, su mamá estaba a meses de recibir un ascenso, un mejor sueldo y un reconocimiento por una trayectoria de años como maestra de preescolar. Pero aun así, ella decidió que su prioridad era dedicarse a sus hijos, así que sin pensarlo más, renunció a su carrera.

Sus padres aprovecharon todas las oportunidades a su alcance

Durante todo este tiempo, Adar tuvo la oportunidad de aprender y practicar muchas actividades diferentes, inspirado y animado por sus papás. Entre ellas, practicó alpinismo, tomó clases de violín, aprendió inglés y luego dio clases a niños en escuelas rurales. Obtuvo su certificado de secundaria a través del INEA; tomó una carrera técnica en computación y un diplomado en soporte técnico.

Después de un tiempo, su papá supo que el Tecnológico de Monterrey tenía la opción de preparatoria en línea, por lo que lo animó a presentar la prueba de Aptitud Académica para ser admitido. A pesar de las bajas expectativas que Adar tenía de su propio desempeño, ganó una beca del 100% por su alto puntaje en la prueba. Así pues, pasó tres años estudiando siete u ocho horas diarias en línea para terminar la prepa, hecho que reforzó mucho más sus habilidades autodidactas. Terminó sus estudios con el mejor promedio de su generación y con el puntaje más alto en la prueba de CENEVAL, más alto, incluso, que el de los alumnos que habían estudiado en modo presencial.

Finalmente, estudió la carrera de Mecatrónica en el Tec de Monterrey de manera presencial, y como proyecto académico, creó el concepto SETEC (Sembrando Tecnología), junto con unos amigos, lo que finalmente se convirtió en Mecatroniks.

Sus padres le concedieron la libertad de hacerse cargo de su propio aprendizaje

Adar me platicó que sus papás no acostumbraban obligarlo a estudiar ni a hacer sus tareas –muchas veces él no tenía ganas de levantarse temprano y ponerse a trabajar. Por el contrario, ellos siempre se mantuvieron pacientes y amorosos, sin presionarlo, haciéndole sentir que la responsabilidad de aprender o no, era solamente suya. Para Adar, su propia consciencia era un acicate mucho más fuerte que la presión que pudieran haber ejercido sus papás, pues él tenía bien claro que sus decisiones presentes afectarían su futuro.

Estudiar por su propia cuenta le brindó una ventaja competitiva muy importante, pues durante todos esos años aprendió a aprender solo. Él mismo se trazaba sus propias metas y luego diseñaba los procesos para alcanzarlas. Era el alumno y el maestro al mismo tiempo.

Sus padres supieron esperar los frutos de su esfuerzo, a su debido tiempo

Cuando escuchamos historias similares a ésta, podemos voltear a ver nuestra propia realidad y sentirnos un tanto desanimados porque nosotros no hemos visto tantos logros todavía. Sin embargo, quiero que consideres que para esta familia no todo fue color de rosa: al principio no fue fácil, ya que Adar no estaba muy contento con esta decisión. No tenía una actitud muy cooperativa, se avergonzaba cuando sus amigos le preguntaban por qué no iba a la escuela, y tenía una actitud renuente con sus papás.

Tuvieron que pasar cuatro largos años antes de que Adar comenzara a valorar el esfuerzo que sus padres estaban haciendo, gracias a que supo noticias de algunos viejos amigos y le causó mucho impacto saber que algunos estaban casados sin haberlo planeado, o en la cárcel, o incluso muertos. Hasta entonces fue que él se dio cuenta de que todo este proceso estaba valiendo la pena.

Durante todos esos años, sus padres se mantuvieron pacientes y amorosos, pero firmes en su decisión, sin dar marcha atrás. Estuvieron dispuestos a esperar el tiempo oportuno en que verían los frutos de lo que estaban sembrando, sin darse por vencidos en su labor.  Ahora disfrutan con orgullo el ver los triunfos que están alcanzando sus tres hijos, pero más que eso, se sienten satisfechos de tener una familia unida que se ama, que trabaja como un equipo y que está causando un gran impacto a la sociedad.

Como ves, el éxito no radica en apartarnos de la escuela o no. El éxito radica en estar dispuestos a darnos por nuestros hijos, a ser sensibles a sus necesidades, a aprovechar los recursos a nuestro alcance que les permitan encontrar su pasión, y a ser pacientes para esperar el momento preciso en el que florecerán.

No te des por vencido. Invertirte en la vida de tus hijos es una labor ardua, que requiere de muchos años de entrega y sacrificio, pero sus recompensas trascenderán generaciones y alcanzarán a todos los que les rodean.

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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