Recientemente expuse el por qué es mejor que un niño aprenda de una manera personalizada, a su ritmo y a su estilo. Si esto es verdad para cualquier niño, lo es dos veces más para un niño cuyas características difieren un poco más de los estándares promedio de la escuela.

Considera que aprender directamente del mundo no es estar encerrado en una burbuja, sino todo lo contrario

Casi nunca falta el argumento de “la burbuja” cuando explicas que tus hijos no van a la escuela:

«Pero no puedes mantenerlo en una burbuja siempre»
«Lo estás sobreprotegiendo»
«No es saludable que los niños vivan apartados de la sociedad»

Para mí, mantener a un niño brillante, inquieto, lleno de curiosidad y energía para vivir, encerrado en un salón gris, exigiéndole que se esté quieto durante seis horas, haciendo actividades monótonas que sólo requieren que ejercite una o dos inteligencias (y que muy probablemente no sean las suyas), conviviendo sólo con treinta niños de su misma edad, es no dejarlo aprender de primera mano, del mundo real, y crearle un concepto ficticio, erróneo, de lo que es una sociedad.

¿Quién está encerrado en dónde?

Considera que existen otras oportunidades para adquirir destrezas sociales, mucho más eficaces que el estar encerrado con otros treinta niños de la misma edad durante seis horas diarias

El asunto de la socialización de por sí es una preocupación generalizada entre los papás; pero cuando existe una diferencia marcada en el estilo de aprendizaje del niño, las mamás se preocupan aún más, y desean que sus hijos no crezcan excluídos o aislados del «mundo real». Se experimenta una mezcla de sentimientos al querer proteger a su hijo de la discriminación y las burlas, al mismo tiempo que se tiene el profundo deseo de que el niño aprenda a socializar.

Como ya lo he mencionado antes, la escuela no es el mejor lugar para adquirir destrezas sociales, puesto que la escuela NO es el mundo real.

Si deseas que tu hijo se beneficie de experiencias del mundo real, déjalo que viva EN el mundo real y no lo recluyas:

  • Ayúdalo a saber cómo relacionarse con sus hermanos armoniosamente sabiendo cómo resolver conflictos.
  • Déjalo que viva la vida cotidiana a tu lado y que aprenda cómo es que uno vive en sociedad permitiéndole absorber tu ejemplo.
  • Inspíralo a valorar la sabiduría de quienes tienen más experiencia que él.
  • Enséñale que existen normas sociales que deben ser respetadas llevándolo a lugares públicos, a eventos donde haya que seguir instrucciones y explícale qué es lo que se espera de ustedes.
  • Permítele que se beneficie de la convivencia con otros niños estando cerca de él para ofrecerle tu apoyo y aliento al comenzar conversaciones o juegos, y ayúdalo a saber cómo actuar cuando surjan conflictos, o incluso, intervén si es necesario.

Cuando tú tienes el control, tú puedes decidir en qué situaciones, con qué personas y en qué momentos es mejor que tu hijo se relacione con otros. De esta manera, te aseguras de que cada experiencia cumpla eficazmente su objetivo, que es el de brindarle las destrezas necesarias para saber cómo vivir en sociedad, en el mundo real, sin salir lastimado innecesariamente.

Considera que en un sistema estandarizado, ser diferente merece recibir una etiqueta de por vida

problemas de aprendizajeEl paradigma escolar se ha encargado de exaltar sólo unas cuantas habilidades muy por encima de todas las demás, por lo que cualquier persona cuyas características no sean esas poquitas sobrevaloradas para la sociedad, entonces recibe la etiqueta de algún síndrome, alguna deficiencia o alguna discapacidad. A mí me gusta mucho pensar que todos somos un conjunto de características, de inteligencias, de habilidades, de fortalezas y de debilidades que nos hacen únicos.

Un niño dictaminado con autismo quizá tenga una habilidad para las matemáticas o para las ciencias; un niño que muestra rasgos de dislexia quizás tenga gran talento para el arte; una niña con síndrome de Down tal vez tiene una gran sensibilidad para las demás personas y sus necesidades; un niño etiquetado con déficit de atención quizá llegue a ser campeón olímpico. Pero para el sistema educativo tradicional, una forma diferente de aprender representa una contrariedad para su propia agenda, por lo que es más fácil etiquetar al niño como defectuoso en vez de adaptar sus programas y metodologías a él.

Considera que una educación “normal” es la que está hecha a la medida, y tú tienes la capacidad para confeccionarla

habilidadesNo podemos cambiar el criterio del sistema educativo, pero sí podemos desescolarizar nuestra mente y liberarnos y liberar a nuestros hijos para que aprendan a su ritmo, en su estilo y de acuerdo a sus necesidades MUY particulares. ¡No existe el niño estándar ni el niño promedio!
Para que un niño sea verdaderamente «normal» y tenga un desarrollo «normal», es necesario suplir sus necesidades muy particulares, de la manera que él lo requiere. Tenga o no deficiencias, sea niño o niña, grande o pequeño, de la nacionalidad que sea y con el trasfondo cultural, social o familiar que sea.

Repetidamente, en vez de clases especializadas, terapias o medicinas, lo que más necesitan los niños es la atención de sus papás. Steve Biddulph, autor del libro Raising boys, (Criando niños varones)  dice que en muchos casos, el famoso Trastorno de Déficit de Atencion (TDA), en realidad es un Déficit de Atención por parte de los Papás (DAP).

Nadie puede amarlo y estar dispuesto a invertir su vida en él como tú. Dedica tiempo todos los días para estar con él, para observarlo, para conocerlo. Enfócate en ayudarlo a desarrollar sus fortalezas sin obligarlo a que supere sus debilidades. A medida que él vaya madurando y que se sienta seguro y confiado, quizá querrá incursionar en otras áreas y entonces les dará una segunda oportunidad a sus debilidades, pero ahora desde otra plataforma: una que lo impulse a hacerlo por motivación propia.

Considera que la responsabilidad de su educación es tuya, y también es tu privilegio

Las mamás contamos con un recurso que ningún profesional ni especialista tiene ni tendrá jamás: nuestra intuición. Nadie conoce mejor a tu hijo que tú, y sólo tú sabes cuál es el camino a seguir. Muchas veces esa intuición se ve empañada por los paradigmas culturales y sociales que nos rodean, y entonces nos sentimos confundidas cuando debemos tomar decisiones importantes.

Es necesario que escuches tu interior con mucha atención. No te sientas presionada por las opiniones y consejos bienintencionados de quienes te rodean. Ese niño es tuyo y nadie más que tú y su papá son responsables de él.

Quizás tu intuición te está dictando que tu hijo necesita ir a la escuela, o que debe quedarse en casa sólo por un tiempo, o de tiempo completo, o tal vez debes contratar maestros particulares, o llevarlo solamente algunas horas a la semana a alguna clase especial. Yo no sé, pero tú sí. Cualquier decisión que tú tomes consciente y libremente, será lo mejor para tu hijo, pues estarás tomando esa responsabilidad en tus manos, sin dejársela a un doctor, a un pariente, a un maestro, a una institución, a las costumbres o a la presión social.

Al darle la oportunidad a un niño de crecer en un ambiente natural, libre de etiquetas y estándares promedio, también le damos la oportunidad de verse a sí mismo como un ser único que no puede compararse con nadie más, porque nadie tiene la misma combinación de características que él.
Escucha tu interior, sigue tu intuición, escucha lo que tu hijo te está diciendo. El destino te escogió a ti para ser la mamá de esa persona. Tú sabes mejor que nadie lo que él necesita.

Apodérate de tu responsabilidad y toma la mejor decisión

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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