Cuando entré a primer grado, allá por 1977, aprender la letra cursiva era imprescindible. En Argentina y en aquella época (no sé cómo será ahora), hacías toda la primaria con tu letra cursiva a cuestas, estaba prohibido escribir en imprenta. Y ya en la secundaria vos elegías qué letra usar. Y bueno, yo crecí con la convicción de que no saber escribir o leer letra cursiva era lo más próximo al analfabetismo =)

Pasaron muchos años, y a mis 33 estrené mi maternidad con Gaia.

Cuando ella tenía 3 años tomamos con mi pareja la decisión de educar sin escuela (claro, en ese momento no sabía que la escuela no es sólo un edificio, sino que es un paquete de ideas y de mecanismos que llevamos dentro, muy muy enraizados en nuestro cerebro y en nuestras emociones).

A los 4 años Gaia ya leía y escribía. ¡Pero no por mérito mío!! Sino porque aprendió mucho antes de lo que yo esperaba. Esto la libró de mis clases «amorosamente planificadas», y a la vez me enseñó que el aprendizaje es un proceso muy diferente a lo que yo me imaginaba. Aprendió a leer y a escribir en letra imprenta porque, obviamente, todo cuando nos rodea –carteles, libros, letreros– está escrito en imprenta.  Todo muy hermoso… pero yo sentía que DEBÍA enseñarle a escribir con letra cursiva; sentía que su aprendizaje estaba incompleto, que no iba a estar a la altura, que sería una semi-analfabeta!!!

Screen Shot 2013-06-11 at 6.00.16 AMPreparé un alfabeto móvil de letra cursiva. Y una mañana se lo presenté y le expliqué de qué se trataba. Gaia tenía 5 años.

Lo odió. Ni me dejó terminar mi explicación tan didáctica y me dijo que no le gustaba esa letra, que era difícil y que ella quería seguir escribiendo con la otra letra.

Fue una batalla de voluntades durante una semana, hasta que decidí escuchar mi voz interior que me decía que dejara en paz a la pobre criatura y no echara a perder lo que con tanto cuidado había logrado: mantener intactas su curiosidad y sus enormes ganas de aprender y experimentar.

Screen Shot 2013-06-11 at 6.00.03 AMAsí que, con determinación pero llena de dudas, abandoné la misión de enseñarle a leer y a escribir en cursiva.

Pasaron los años. Gaia aprendió a expresarse muy bien en forma escrita, con coherencia y riqueza de vocabulario, y lo que es más importante, disfrutando de la escritura y comprendiendo que es un medio muy poderoso y eficaz para comunicarnos con los demás.

Si bien yo había descartado la enseñanza de la letra cursiva, en esos años transcurridos le compré tinta china y plumas con puntas diferentes y le enseñé a hacer trazos redondeados, muy parecidos a los de la escritura en cursiva. A ella le fascinó escribir con tinta china y pasó mucho rato haciendo trazos. Hasta inventó una «letra de ángel» que es la letra de imprenta con terminaciones redondeadas y adornadas. Su mano se iba soltando cada vez más, y a medida que pasaban los años ella desarrollaba mucho más su motricidad fina y por lo tanto tenía un mayor dominio de sus trazos.

A mediados del año pasado ocurrió algo muy curioso: estábamos en la cocina, yo tenía abierto un cuaderno de recetas que voy recopilando, todas escritas en letra cursiva (que es la que casi siempre utilizo). Ella quiso leer lo que decía pero no pudo. Entonces me pidió que le enseñara a leer letra cursiva, aclarándome que ¡no tenía ninguna intención de aprender a escribirla! …jeje

En una semana estaba leyendo perfectamente todas mis listas, notas, recetas y demás escritos.

Pero lo más alucinante ocurrió hace como un mes, una mañana en que me dijo que quería escribir en cursiva porque le parecía una letra muy bonita y elegante =)

Screen Shot 2013-06-11 at 8.28.32 PMTenía que hacer una actividad, y decidió escribir el texto en cursiva. Lo hizo como le pareció y me lo mostró. Charlamos acerca de cómo se «enganchan» las letras. Me pidió que le escribiera el alfabeto en cursiva, mayúscula y minúscula. Y a partir de ese momento, se obsesionó con el tema y no paró en los días que siguieron. Daban las 10 de la noche y ella seguía transcribiendo los cuentos que más le gustaban, practicando y practicando.

A sus 9 años, sabe leer y escribir letra cursiva muy bien, y le llevó menos de un mes de su vida aprender a hacerlo

Sin lugar a dudas, el aprendizaje es un proceso interno que sucede cuando está la motivación (escritos de mamá en cursiva), la necesidad (quiero saber lo que ella escribe, y quiero saber escribir esa letra tan bonita) y un genuino interés por adquirir ese conocimiento en particular.

Fue una de mis mejores experiencias educando sin escuela.

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Foto Circulo Priss
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Acerca de la autora

Laura Castellaro educa en casa a sus dos hijas que nunca han ido a la escuela. Le encanta hacer actividades y materiales muy creativos con ellas, lo que la ha llevado a compartir todas esas ideas con los papás que han decidido seguir por este camino también. Puedes ver todo lo que ella ofrece en su web: Aprende con ALAS.

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