Escribí este post como autora invitada en el blog Familia en Tribu. Pulsa aquí para leer la entrada original.

 

Mi nombre es Priscila Salazar y tengo tres niños de 7, 5 y 4 años que nunca han ido a la escuela. Nuestros días son tranquilos, sin prisas, armoniosos, organizados y llenos de conexión.

¿Cómo lo logro?

Muchas mamás se asustan y me preguntan: “¿pero cómo puedes pasar tooooooodo el día con tus hijos?, ¿cómo tienes la paciencia suficiente para hacerlo?, ¿de dónde sacas suficientes ideas para llenar catorce horas diarias con ellos?” Suena imposible. En el capítulo 9 de mi libro AprendizajeSUPRAescolar comparto varias claves importantes para gozar de una dinámica familiar armoniosa.

Una de ellas es dividir todo mi día en bloques manejables. A mí me ayuda mucho visualizar mi día fragmentado en varios bloques: el bloque de la mañana, la media mañana, el medio día, la tarde y la noche.

Bloque de la mañana

Mi día comienza a las cinco de la mañana, cuando tengo un tiempo muy agradable en el que puedo concentrarme por completo en mis propios proyectos. Dos o tres horas más tarde, los niños comienzan a despertar y entonces tomamos un pequeño refrigerio mientras que nos saludamos y platicamos.

Luego comenzamos a vestirnos, lo que incluye doblar las piyamas y dejar muy bien recogida la planta alta: juguetes, zapatos y ropa en su lugar. Mientras que los niños hacen eso, yo me arreglo y también doy una limpiadita donde haga falta (baños, sacudir, etc.)

Luego bajamos a desayunar. Mientras que yo preparo la comida y pongo a funcionar la lavadora, papá se sienta con los niños en la mesa a tener una conversación muy interesante que comienza con la frase: “el tema de hoy es…” De esas pláticas muchas veces surgen ideas de proyectos, actividades o manualidades para realizar más tarde.

Bloque de la media mañana

Terminando de desayunar yo me pongo a recoger la cocina y a dar una limpiadita a la parte de abajo (sala, comedor, cocina) mientras que los niños hacen sus “labores” (así les llamamos a las tareas domésticas que debe hacer cada uno)

Después de unos 20 ó 30 minutos, todos terminamos nuestras labores y nos sentimos llenos de energías, muy conectados entre nosotros, con la casa limpia, y listos para dedicarnos a hacer todo lo que nos encanta hacer: ir al parque, trabajar con materiales, leer libros, ver videos en el iPad, armar legos, tomar clases en la computadora, o realizar alguno de los proyectos que quedaron pendientes, etc.

Bloque del medio día

Más o menos como a la una o una y media, yo comienzo a preparar la comida mientras que los niños siguen por su cuenta. A veces quieren cocinar conmigo, lo cual es todo un reto, especialmente cuando los tres ¡muestran el mismo entusiasmo por ayudar! En esos casos yo debo ser muy sabia para saber cuándo y cómo involucrarlos. A veces es prioridad terminar la comida rápidamente sin distracciones, y a veces es prioridad darles la oportunidad de integrarse y sentirse útiles.

Después de comer, papá se pone a jugar un rato con los niños mientras que yo dejo bien recogida la cocina y el comedor. Y cuando termino, todos nos acostamos un rato a descansar.

Bloque de la tarde

Una hora más tarde, reanudamos nuestras actividades en la mesa. Sacamos plastilina o pinturas, rompecabezas o juegos de mesa, o hacemos algún experimento. A veces, mientras que ellos están trabajando en la mesa, yo voy por la canasta de ropa que lavé en la mañana y me pongo a doblarla.

Ya que el sol no está tan fuerte, salimos al parque otra vez y a veces tomamos un pequeño refrigerio allí. En el parque siempre estamos practicando cómo relacionarnos correctamente, cómo resolver los conflictos. Yo aprovecho los juegos para empaparme de ellos, para conocerlos cada vez más, para fortalecer mi autoridad natural. De regreso, nos quedamos regando el pasto. A veces vamos a visitar a nuestros amiguitos que también educan sin escuela, o los recibimos en casa.

Bloque de la noche

Alrededor de las siete de la noche los niños se meten a bañar y luego cenamos. Muchas veces nos quedamos platicando de todo lo que hicimos durante el día, de lo que aprendimos o de cómo debimos haber resuelto un conflicto de una mejor manera.
Después de dejar todo recogido abajo, por allí de las nueve, ya estamos todos en la cama listos para descansar.

Como familias interesadas en el desarrollo de nuestros hijos, creo que tenemos en las manos la oportunidad de hacer de nuestra dinámica cotidiana un ciclo dinámico y lleno de energía que nos lleve un pasito adelante cada día en nuestro objetivo final: que nuestros hijos descubran su identidad, que sean capaces de asumir su propia responsabilidad en cada área de su vida y que puedan integrarse a la sociedad adecuadamente.

Si quieres conocer más a detalle cómo son mis días y los de otras mamás,
no dejes de echarle un vistazo a mi e-book: Un día típico viviendo sin escuela.
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