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Si eres papá o mamá, seguro que te preocupa la educación de tus hijos.

¿Cuáles son las materias más importantes para ti?  ¿a cuál de ellas se le debería dedicar más tiempo y atención?

En mi caso, hay materias que considero muy importantes y necesarias en la educación de mis hijos; pero también considero que para que todo ese conocimiento pueda aprovecharse y aplicarse de la mejor manera, existe una materia a la que se le debe dedicar una importancia especial, por lo que para mí, es la que todo niño debería cursar:

El tiempo que tus hijos pasan contigo escuchando tus opiniones y exponiendo las suyas.

¿Qué clase de materia es ésa?

No sé si se le podría llamar “Filosofía”, “Retórica”, “Habilidades Sociales”, “Ética”, “Oratoria”, “Dialéctica” o algo así… En realidad, yo creo que es una combinación de todas.

A lo que me refiero es a todos esos momentos cercanos en los que dedicamos nuestra atención completa para platicar con nuestros niños sobre cualquier tema. Esa plática que surge espontáneamente a partir de una pregunta, de un comentario, de una experiencia. No es nada planeado ni estructurado, es una simple charla en la que se aborda cualquier asunto, sabiendo que existe una atmósfera de respeto y libertad para hacer cualquier pregunta y exponer cualquier punto de vista con la seguridad de que será escuchado y considerado.

Un placer continuo

En lo personal, esos momentos son el beneficio más grande de que mis hijos no estén limitados por los horarios de un sistema escolarizado: pasar grandes cantidades de tiempo juntos, me permite disfrutar la enorme dicha de tener muchos momentos al día de debates deliciosos con ellos.
Cuando vamos en el carro, cuando les ayudo a bañarse, cuando estamos en el parque, cuando nos saludamos al despertar y cuando nos despedimos para irnos a dormir, existe una comunicación continua que parece nunca tener fin.

El tema de hoy

21db34611c236bb48404f9436f693f82Siempre hemos pensado que el momento de compartir los alimentos es el idóneo para relajarnos y disfrutar de la compañía de la familia. De hecho, a partir de que los niños fueron haciendo conciencia de este hábito, ellos solitos llegaban emocionados a la mesa preguntando con sus ojos de niño muy abiertos: «¿cuál es el tema de hoy, papá?»

8a800486be51b25d7576180412eb6a9dEn nuestro hogar, «el tema de hoy» es un momento especial, íntimo, relajado, ameno, que a todos nos fascina. Durante ese tiempo abordamos temas tan simples como un chiste, o tan complejos como de dónde surgen las guerras. Temas tan superficiales como los planes para esa tarde, o tan profundos e importantes como pedir perdón por una ofensa.

  • Este ejercicio de recibir y procesar la información fortalece el pensamiento crítico.
    Explicar tus argumentos con claridad, descubrir verdades y reconocer los errores propios, analizar cuidadosamente un producto y hacer la mejor compra, formular preguntas y encontrar las respuestas, entresacar los puntos principales de un discurso y encontrar lo verdadero y lo falso, comunicar un mensaje con elocuencia y ser persuasivo, son ejemplos de un pensamiento crítico.
    Pensar críticamente es una de las habilidades más importantes para cualquier actividad. La acumulación de datos por sí misma no tiene ninguna utilidad, pero un pensador crítico sabe qué hacer con la información.
  • El respeto, evidentemente, también debe practicarse al mantener una conversación habitual. Desde esperar su turno para hablar hasta escuchar una opinión totalmente opuesta a la suya, requiere una actitud respetuosa. En casa hacemos un énfasis especial en que es válido que cada persona tenga una opinión distinta a los demás y que nadie debe convencer a nadie de que su opinión es mejor; pero todos estamos abiertos a abrir nuestro marco de referencia y aprender de los demás.
  • Darles a nuestros hijos la libertad para hablar abiertamente sabiendo que son escuchados atentamente y que pueden decir todo lo que piensan sobre cualquier tema también fortalece su identidad. A través de este ejercicio van creando su propia perspectiva de la vida y de sí mismos, y alimentan su autoconfianza para sostener su punto de vista con argumentos fundamentados, porque saben que su opinión es valiosa y tomada en cuenta.
  • Es de sabios partir de la experiencia de otras personas y no perder tiempo experimentando en cabeza propia. Al dejar que nuestros hijos se beneficien de nuestros conocimientos y experiencia, en realidad les estamos brindando la gran fortuna de comenzar apoyados en nuestros hombros y desarrollarse a partir de allí. No es necesario que pierdan tiempo tropezándose con los mismos errores que nosotros.

La importancia de compartir tu vida con tus hijos

Realmente me atrevo a decir que «el tema de hoy» es la materia más importante que mis hijos cursan, y si sólo tuviera que elegir una materia para ellos, sería ésa.

De esas conversaciones tan espontáneas y amenas surgen temas para escribir, problemas para resolver, enigmas en los cuales pensar, proyectos para realizar y preguntas para investigar.

De esas pláticas tan cercanas y acogedoras surgen historias que inspiran, lecciones que exhortan y reflexiones que iluminan.

Esos momentos tan íntimos y profundos son los ideales para abrir nuestros corazones y crear vías de comunicación que se hacen más resistentes cada vez.

Finalmente, creo que lo más gratificante de compartir nuestra vida con nuestros hijos es que como efecto secundario se crean lazos familiares irrompibles. La intimidad con otras personas fortalece y une, y nuestras sociedades necesitan urgentemente ser fortalecidas desde adentro, a través de familias sólidas formadas por individuos maduros, con una identidad bien definida.

Tus hijos están absorbiendo tu esencia todos los días, aunque lo desees o no, aunque seas consciente o no, aunque estés presente o no. Sin darte cuenta, el quién eres tú está dándole forma al quiénes son ellos, día con día.

En medio de todas las actividades, materias, aprendizajes y ajetreo diario, tú tienes el privilegio de dedicarle un tiempo especial a la materia más importante que existe para cualquier hijo: platicar con él, escucharlo, conocerlo, disfrutarlo, potenciarlo… amarlo.

¿Cuál es la materia más importante que tus hijos están cursando?

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