«Ya tengo tiempo educando en casa y he encontrado mucho el “no te preocupes”, “relájate”, en cuanto al aspecto académico de mis hijos, que ya son adolescentes. Lo que he visto con muchísima tristeza es que por mucho “relajarse”, algunos chicos están realmente sufriendo un gran estrés porque no pueden lograr las calificaciones mínimas para su posterior ingreso a la universidad.
Entiendo que sí debemos relajarnos y no estar estresadas por alcanzar un estándar o cumplir con requerimientos, pero ¿qué caso tiene estar muy relajados al principio y luego entrar en un estrés mayor porque los niños no pueden alcanzar sus propias metas?
¿Qué puedes decirme sobre este tema?»

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Ésta es la pregunta que una mamá me envió hace unos días y me pareció muy interesante, porque expone una realidad que cada vez es más común entre las familias que educan sin escuela. Veo que conceptos tan verdaderos y liberadores como la confianza en la motivación interna de los niños o la liberación de objetivos estandarizados pueden convertirse en un peligro para las metas de nuestros hijos, si es que no entendemos lo que realmente significan y cómo se llevan a la práctica cotidiana.

Antes de compartirte mi punto de vista sobre este asunto, quisiera contarte una historia. Es una historia ficticia, pero inspirada en varios casos que he conocido de personas reales:

Amanda es una chica de 18 años a la que le apasiona la fotografía. Desde los ocho años estudia en casa libremente. No ha tenido estudios formales de fotografía, pero le gustaría dedicarse a eso y busca aprender por su propia cuenta y practicar mucho. Hace tres meses la contactó la dueña de un estudio de fotografía para invitarla a trabajar. El estudio compró una cámara mejor que la que tenía Amanda y le dijeron que podía irla pagando con el trabajo que estaría realizando.

Amanda estaba muy contenta. Sin embargo, a medida que el trabajo comenzó y las responsabilidades también, Amanda empezó a sentirse abrumada. Le costaba trabajo organizar su tiempo, a veces tenía ganas de hacer otras cosas, y muchas veces llegaba tarde a los eventos o no entregaba las fotos en el día acordado porque se le había ido el tiempo platicando con una amiga, recogiendo su recámara o retocando las fotos de su blog. A veces sus amigos la invitaban a salir y se iba todo el día con ellos sin contestar correos ni llamadas de su jefa o los clientes. Otras veces amanecía muy cansada por el evento de la noche anterior, o deprimida y entonces prefería quedarse en casa a descansar.

La dueña del estudio estaba muy desconcertada. Varias veces habló con ella y Amanda le decía que sí le interesaba mucho el trabajo y que ahora sí le iba a echar ganas; pero pasaban unos días y todo volvía a ser igual. Finalmente, la dueña del estudio decidió contratar a otro chico y darle la cámara a él, porque estaban perdiendo mucho tiempo, dinero y ya habían quedado mal con algunos clientes. Aunque Amanda tiene mucha pasión por la fotografía, se quedó sin la oportunidad de tener una buena cámara propia, y sobre todo, perdió una muy buena oportunidad de ganar experiencia y desarrollar su pasión, por falta de disciplina y constancia.

1. Entonces, ¿no es suficiente la “pasión”, o la “motivación interna” o la “curiosidad natural” de los niños para llegar a concretar algo en la vida?

John Holt decía:

«Ya que no sabemos qué conocimiento necesitaremos en el futuro, no tiene sentido tratar de enseñarlo por adelantado.»

Esta frase es cierta. Ni siquiera sabemos lo que tú y yo necesitaremos de aquí a cinco o diez años; ¿cómo podemos saber lo que nuestros niños necesitarán saber cuando sean adultos?
No podemos obligar a los niños a aprender conocimientos «por si acaso».

Sin embargo, también es verdad que hay muchas habilidades que sí le dan una ventaja a la persona que las tiene, independientemente de la actividad a la que se dedique. Yo veo esas habilidades como una plataforma para aprovechar mejores oportunidades, y definitivamente sí deseo que mis hijos estén equipados con ellas. Para mí son como “regalos” que yo puedo darles, porque los beneficiarán grandemente.

¿Cómo saber cuáles son esas habilidades?
Yo veo dos formas:

  1. Lo que nosotros (papá y mamá) necesitamos diariamente: Leer y escribir bien, manejar dinero, usar la computadora, relacionarnos con otros, resolver conflictos, saber negociar… tú haz tu propia lista.
  2. Lo que ellos (hijos) necesitan para ser responsables (autosuficientes) de sí mismos. Las habilidades van aumentando según su madurez: Primero, mantener ordenado su espacio, su ropa, cuidar sus pertenencias, que no se pierdan o rompan. Luego, van colaborando cada vez más para suplir sus propias necesidades: lavar/doblar/planchar/guardar su ropa, cocinar, mantener su espacio limpio, etc. Y finalmente, generar el dinero para suplir esas necesidades. La disciplina y la constancia que se necesitan para poder adquirir todas estas habilidades es un gran regalo que podemos darles a nuestros hijos, ya que les permitirá aprovechar oportunidades y ver concretados sus proyectos en cualquier actividad a la que se dediquen.

2. Entonces, ¿cómo se enseñan cualidades tan importantes como la disciplina y la constancia, pero sin dañar el espíritu de los niños?

Inspiración y Repetición

Hay destrezas que sólo se dominan a través de la repetición y la práctica. Aunque tengas muchas ganas y mucha «pasión», no podrás dominarlas en una sola tarde. Tienes que practicar y equivocarte y seguir practicando mucho antes de dominarlas. Por ejemplo: lavar trastes, conducir, redactar, mecanografiar, tocar un instrumento, etc.

Sin embargo, creo que debemos equilibrar la repetición con inspiración. Los niños deben saber para qué les va a servir lo que están aprendiendo, y sobre todo, deben verle una aplicación práctica en su presente. Saber doblar bien su ropa es un beneficio a largo plazo, pero también tiene una aplicación inmediata en su día a día. Por supuesto que muchas veces no tendrán ganas de seguir practicando; y allí es donde entra nuestro trabajo de inspirar y también de repetir. Nosotros somos la constancia que queremos que ellos adquieran. No es necesario usar violencia si ellos nos ven hacer lo que les estamos pidiendo, porque esa congruencia los atrae. Y por otro lado, la repetición les enseña cualidades de carácter valiosas: constancia, diligencia, perseverancia, manejo de la frustración, hacer las cosas con calidad, dar un buen servicio.

3. Si nosotros estamos decidiendo que hay algunas habilidades o destrezas importantes que sí deben adquirir, entonces ¿qué significa en realidad «respetar el ritmo de aprendizaje de los niños»?

Personalmente, yo creo que esa frase se refiere a conocer tan bien a tu hijo, que con ayuda de tu intuición, tú puedas darle lo que él necesita en cada momento. También creo que las ideas de que los niños son libres y aprenderán cuando sea su momento, a veces pueden ser limitantes. A mí me ha pasado. El temor de «intervenir demasiado» o «forzarlos» o «controlar el aprendizaje» muchas veces me deja paralizada y sin el empuje necesario para tomar la decisión de enseñarle deliberadamente lo que sé que sí debería aprender.

Si tu intuición te está diciendo que tu hijo debería aprender esto o aquello, escúchala. Así como eres sensible para saber cuándo no debes obligarlo o forzarlo de más, también debes ser sensible para saber cuándo tu hijo sí está listo para aprender o para dar más de sí.

Aprovechemos nuestro tiempo sabiamente

Es verdad que todos cuando nos encontramos en el momento de crisis o de necesidad de saber algo, nuestra motivación interior nos permite aprender lo que sea necesario. Todos conocemos historias sorprendentes de personas que lograron sobrevivir e incluso destacar, en medio de una situación de crisis extrema, precisamente porque la crisis les hizo adquirir destrezas que no tenían.

Afortunadamente, nuestros hijos no viven en crisis, y tampoco podemos esperar a que tengan que pasar por una situación extrema para aprender habilidades valiosas. Nosotros podemos ayudarles día con día a aprenderlas de «buena manera», siendo constantes y siendo sensibles para saber qué tanto pueden estirarse y siempre motivándolos a dar más, a dar más.

«¿Qué harías ahora si tuvieras todo el tiempo libre que quisieras? Seguramente aprovecharías para hacer todo lo que te encanta, para echar a andar ese proyecto, para tomar esas clases que no has podido, para viajar a esos lugares que no conoces, para materializar tus sueños… ¡Tu hijo tiene todo el tiempo libre que quiera! Los niños no tienen una familia que mantener, no tienen obligaciones ni compromisos que cumplir; imagínate si dedican todos estos años llenos de inventiva, imaginación y energía a concebir un proyecto, a desarrollar sus verdaderos talentos, a aprender lo que necesitan, a trabajar para lograr sus sueños… para cuando lleguen a nuestra edad, ¡imagínate todo lo que habrán alcanzado! Aprovechemos nuestro tiempo sabiamente.»

~ Fragmento tomado de mi libro, Aprendizaje Supraescolar.

Pensando sobre este asunto, decidí invitar a dos queridas amigas que también educan en casa y que tienen hijos adolescentes o entrando a la adolescencia, para que a modo de charla, nos cuenten su perspectiva sobre este tema y cómo es que ellas están ayudando a sus hijos a prepararse para lograr sus metas, manteniendo un equilibrio saludable que no llega al extremo de la relajación ni del estrés.

ceci

Cecilia Arévalo es mamá de cinco hijos (18, 15, 12, 10 y 5) que nunca han ido a la escuela. Su hija mayor ya está estudiando la preparatoria y tiene el deseo de entrar a la universidad, y su segunda hija está preparándose para acreditar la secundaria.
Ceci considera su trabajo de mamá como una profesión seria, ya que está desarrollando el potencial de las cinco personas a su cargo. Puedes leer más de su perspectiva y experiencias en su blog: Aprendizaje Orgánico.
Quise invitarla porque considero que toda la experiencia que ha adquirido a lo largo de estos años puede ser muy enriquecedora para quienes vamos un pasito más atrás. Aquí puedes leer su conclusión de la charla.

lau1Laura Castellaro es mamá de dos niñas (11 y 7) que tampoco han ido a la escuela. Ella se ha dedicado a observar muy de cerca la personalidad y aptitud de cada una de sus niñas para luego invertirse en obtener los recursos más idóneos para cada una. Puedes leer su perspectiva, experiencias y también beneficiarte de todo lo que ha producido, en su página: Comunidad de ALAS

Quise invitarla porque en las largas conversaciones que hemos tenido ella y yo sobre este tema, he visto su preocupación e interés en aprovechar el tiempo ahora que sus hijas son pequeñas para equiparlas con todo lo necesario para que puedan alcanzar sus metas. Aquí puedes leer su conclusión de la charla.

a735aa9c2606e60f9fbe41f61eab2744A mí ya me conoces. Soy Priscila Salazar, y te invito a escuchar la charla, a reflexionar y a dejar tus comentarios al final de este post 🙂