Sin darte cuenta en qué momento pasó todo, ahora tu pequeño bebé ya tiene edad para irse a la guardería o al kínder. Tú has estado presente en todas sus etapas de desarrollo, y ahora te emociona este nuevo paso en su madurez.

Sin embargo, después de unas semanas o meses o incluso años, llegas a la conclusión de que esta experiencia no está siendo lo que tú esperabas. En vez de disfrutarla, la estás sufriendo, porque tu pequeño no se ha integrado al sistema, le afecta separarse de ti, no es comprendido, ha recibido malos tratos, su personalidad se ha visto afectada o incluso se ha enfermado.
En tu angustia comienzas a investigar, a leer, a escuchar experiencias de otros y encuentras que existe la opción de que tu hijo aprenda sin escuela. Nerviosa y titubeante, decides que por ahora esperarás un tiempo para escolarizarlo de nuevo, pero al tener como referencia lo que se hace en la escuela, te sientes llena de dudas:

“¿Qué hago todo el día con él en casa?, ¿a qué edad debo comenzar la instrucción académica formal?, ¿seré capaz de organizarme?”

1. No te sientas culpable; confía en tu intuición

Lo primero que debes hacer es tranquilizarte y sentirte contenta porque estás siendo sensible a las necesidades de tu pequeño. Piensa que su bienestar, su tranquilidad y su relación contigo están por encima de cualquier convención o costumbre social. Piensa que en los países más avanzados, la instrucción académica formal comienza hasta los siete años. Y piensa que la necesidad más grande de los niños pequeños, y su derecho, es la de estar cerca de sus padres y saberse amados; por lo tanto, es natural que sienta esa angustia al separarse de ti y tú también percibas que algo no anda bien cuando lo dejas llorando. Tu intuición es esa voz dentro de ti que te susurra (o a veces, grita) lo que debes hacer. Nadie conoce mejor que tú a tu bebé y por lo tanto, nadie puede suplir sus necesidades mejor que tú.

No te sientas culpable; confía en tu intuición.

2. Decide qué quieres lograr y conviértelo en tu ancla

Cuando tienes una imagen mental del lugar al que quieres llegar, es más difícil que los obstáculos del camino te detengan. Esa visión se convierte en el alimento de tu constancia y de tu seguridad, y también es la brújula que te dirige para saber qué decisiones debes tomar día con día. Qué materiales usar, cuánto tiempo dedicar al estudio, qué habilidades reforzar, cuándo comenzar, y un largo etcétera, son preguntas que se contestan solitas cuando tienes un proyecto de vida claro.

Piensa en todos los anhelos que tienes para tu bebé:

¿Quieres que se sepa amado?, ¿quieres que crezca sabiendo que puede confiar en ti?, ¿quieres que desarrolle sus habilidades y talentos únicos?, ¿quieres que tenga la libertad de aprender a su ritmo?, ¿quieres que sepa cómo convivir con otros?, ¿quieres que sea autosuficiente?

Anota todos esos anhelos y conviértelos en objetivos claros: tu imagen en el horizonte. Y luego, determina qué acciones prácticas debes realizar día a día, momento a momento, para poder materializar esa visión.

3. Esfuérzate y desarrolla las habilidades que te faltan

¿Sientes que no tienes tanta paciencia? ¿Crees que no eres taaaan organizada? ¿Piensas que no podrás con el paquete?

Te entiendo. Yo igual.

Supongo que la mayoría de las mujeres no llegamos a la maternidad siendo un ejemplo de paciencia… o de orden… o de excelencia. Sin embargo, cuando uno está convencido de que realmente quiere lograr algo, por supuesto que también desarrolla el potencial para llevarlo a cabo.

Si ya has decidido que éste es el estilo de vida que quieres darle a tu hijo, toma las acciones necesarias para que así sea:

Desarrolla tu paciencia, busca consejos para organizarte, agilízate en el trabajo de la casa, aprende nuevos trucos, busca formas de ahorrar recursos, observa en qué se te está yendo tiempo valioso y aprovéchalo, aprende a escuchar con atención, reestructura tu día de tal forma que puedas vivir el estilo de vida que deseas, ponte de acuerdo con tu pareja y decidan cómo organizarse para trabajar en equipo.
Cuando tenemos un objetivo en mente, es más fácil tener motivación para esforzarnos.

4. Dedícate a crear una rutina

En este momento que tu bebé es pequeño, es muy importante que te dediques a crear una rutina que le dé seguridad a él y que te dé a ti la base sobre la que construirás después.
Piensa cómo puedes organizar tu día de tal modo que satisfagas todas sus necesidades primero, que puedas incluirlo en todas tus actividades, y que además satisfagas tus propias necesidades también. Sé que parece una tarea imposible, pero con creatividad y disposición, claro que es posible. Te lo dice una mamá que algún día tuvo tres bebés de 3, 1 y 0 y lograba crear una dinámica familiar diaria armoniosa en la que había tiempo para todo: juego, aprendizaje, trabajo y orden. Si te interesa leer sobre esa época, mira aquí.
Levántate temprano; aprovecha cada minuto disponible; prioriza tus actividades, ministerios u oficios; enfócate en lo verdaderamente esencial; apaga tu teléfono; aprovecha el entusiasmo de tu bebé para comenzar a incluirlo en las labores domésticas, y ayúdale a fortalecer su autonomía fomentando el trabajo independiente.

5. No te agobies por el asunto académico, pero prepara actividades interesantes

Es verdad que en esta etapa lo más importante es que los niños jueguen libremente y participen en las actividades cotidianas de su hogar; sin embargo, también es frustrante tener un niño entusiasmado y listo para trabajar, y no saber qué ofrecerle.
Sin el afán de “cumplir con” los requisitos de ningún parámetro, poco a poco ve adoptando el hábito de preparar actividades y materiales atractivos para tu bebé. En internet existen miles de ideas hermosísimas que te pueden servir. En mi época, yo tomé muchas ideas del libro: “Learning FUNdamentals”.
Me fue muy útil tenerlo a la mano y dedicar un tiempo de cuando en cuando para preparar materiales, planear actividades, y organizar espacios en casa cómodos y llamativos.
Ten cuidado de que este hábito no te robe tiempo importante para estar con tu bebé. Busca la mejor forma de administrar tu tiempo y de hacer sólo lo indispensable, sin caer en “activismos” innecesarios.

6. Aprovecha cada minuto para construir una relación con tu hijo

El propósito de las actividades que hacemos con los niños no es sentir que “sí estamos aprendiendo”, sino acercarnos cada vez más, conocerlos mejor, invertir tiempo en sus vidas.
Recuerda que tu objetivo más importante como papá o mamá y de cualquier decisión que tomes o actividad que realices, debe ser la de fortalecer tu conexión con tu hijo en todo momento.

7. Infórmate, aprende, conoce

Sea que decidas escolarizar en algún momento, o que tus hijos se queden contigo hasta más grandes, es necesario que leas y te informes. Mientras más acceso tengas a los recursos que existen y que pueden ayudarte a cumplir tus objetivos como papá o mamá, más elementos tendrás para tomar mejores decisiones.

Mi libro, Aprendizaje Supraescolar, no solamente está dirigido a los padres que han decidido desescolarizar a sus hijos, sino a cualquier padre que desea saber cómo fortalecer su relación con ellos y potenciar sus habilidades y talentos, ya que ofrece una perspectiva clara acerca de los objetivos más profundos de la educación y la crianza, al mismo tiempo que responde a las inquietudes generalizadas entre aquellos padres que han decidido prescindir del sistema educativo tradicional.

Te invito a conocer más y a tomar las mejores decisiones,
que afectarán el resto de la vida de tus hijos
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Foto Circulo Priss
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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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