Entre las mamás que se plantean desescolarizar a sus hijos, existe una preocupación generalizada:

«No sé si tendré la paciencia suficiente para estar todo el día con mis hijos»
«Me preocupa estar tan estresada que llegue a gritarles o lastimarlos»

Según recuerdo, todas mis maestras perdían la paciencia varias veces al día y nos gritaban e incluso llegaron a lastimar a algún niño no sólo verbalmente sino también físicamente, tanto en primaria como en secundaria.
Ahora que soy mamá y después de haber dado clases por varios años, entiendo el difícil trabajo de una maestra de niños y la cantidad de estrés que puede llegar a cargar. Todas las personas que trabajamos con niños diariamente somos candidatas a perder la paciencia en algún momento.

Perder la paciencia siendo mamá tiene sus ventajas

Por supuesto, perder la paciencia no es un acto voluntario y después de hacerlo, experimentamos ese sentimiento horrible de culpabilidad y tristeza profunda. Sin embargo, al ser tú la mamá, tienes la gran ventaja de dedicar un tiempo especial para hablar con tu hijo, reconocer tu error, pedirle perdón, comprometerte con él a cambiar tu actitud y seguir avanzando juntos. Lo cual, en muchas ocasiones no puede pasar en la escuela.

Pero no se trata de resignarnos a vivir perdiendo la paciencia. Para eso necesitamos revisar nuestra visión

63683413ef3029e3eb7b9a90ae99fe21Una de las causas de nuestro agobio y cansancio diario es el lugar en el que está ubicada nuestra visión. La visión de una maestra por lo general está en el aquí y ahora: mantener al grupo bajo control, cubrir el programa, cumplir con las fechas, cuidar que ningún niño se atrase, mantener buenas relaciones con los papás, etc.  Una carga muy fuerte que puede estresar a cualquiera.

Cuando tú eres mamá y tienes a tus hijos en casa, ¿cuál es tu visión?, ¿qué quieres lograr con tu trabajo diario?, ¿por qué decidiste (o vas a decidir) hacerlo?
¿Tu visión está en lo que estás sembrando y formando en esas pequeñas vidas? ¿O tu visión está estacionada en el aquí y ahora: en los gritos, en el caos y en la montaña de platos, ropa y juguetes?

Una visión te motiva a aplicarte

Piensa en las siguientes declaraciones:

«Quiero ganar dinero, pero no sé si tendré la paciencia de levantarme todos los días a la misma hora para ir a trabajar y de seguir las instrucciones del jefe»
«Quiero hablar otro idioma, pero no sé si tendré la paciencia de estudiar todos los días y practicar aunque me equivoque y me dé pena»
«Quiero ganar una medalla en atletismo, pero no sé si tendré la paciencia de entrenar y seguir una dieta estricta todos los días»

Yo entiendo que todos tenemos aptitudes e inclinaciones distintas, pero estarás de acuerdo conmigo en que si estas tres personas de verdad quieren lograr sus metas, encontrarán la forma de hacer un esfuerzo y desarrollarán las habilidades que antes no tenían.
Todos conocemos historias increíbles e inspiradoras de personas que desarrollaron habilidades sorprendentes motivados por la visión de alcanzar una meta.

La paciencia no se «tiene», se cultiva

En muchas ocasiones, nuestras metas están determinadas por lo que nos gusta hacer o para lo que somos buenos: Poner un estudio de arte, poner una pastelería, hacer tutoriales en Youtube, viajar por el mundo, convertirse en chef, programar videojuegos, etc.
Pero no siempre tiene que ser así. En algunas ocasiones, la meta es tan importante en sí misma, que es suficiente para motivar y desarrollar incluso las habilidades que no se tenían.

La crianza y formación de hijos es un ejemplo de esto.

Cuando mis hijos eran bebés, mucha gente se sorprendía al verme con tres bebés menores de tres años. Uno de los comentarios frecuentes que recibía era: «Esque como tú tienes tanta paciencia, por eso te gusta cuidar bebés». A mí me causaba gracia y hasta ahora sigo sin entender la lógica del comentario:

Yo no me dedico a cuidar a mis hijos porque me sobra la paciencia, sino al contrario:
estoy desarrollando mi paciencia porque amo a mis hijos y quiero dedicarme a criarlos.

No todos nacimos con las habilidades natas que se requieren para fundar una familia, para criar hijos y para administrar un hogar; pero cuando eres consciente de la magnitud y de la trascendencia de tu trabajo como papá o mamá, entonces decides ampliar tu visión y ubicarla un poquito más a futuro, ya no en el presente de las montañas de platos y pañales sucios, de mocos y llantos a media noche.

¿Tu visión es tan fuerte como para darte la paciencia que necesitas?

En mi caso, la visión de fundar y nutrir una familia, de criar hijos que tengan vidas plenas y beneficien la sociedad que les rodea, es suficiente motivación.

Mi personalidad nata no es paciente ni empática. Ni activa ni servicial ni le gusta cocinar ni arreglar la casa por gusto. ¿Qué hago entonces? Todos los días recuerdo por qué estoy aquí y cuál es la visión que quiero alcanzar. Yo no pienso que mi trabajo diario es limpiar casa, lavar ropa y alimentar tres niños tres veces al día. Yo pienso que con mi trabajo diario estoy produciendo las siguientes sociedades, estoy trascendiendo, estoy dejando una huella, le estoy aportando a mi sociedad ciudadanos maduros, responsables y proactivos que beneficien a otros. Y solamente tengo 20 o 25 años para influir en ellos y disfrutarlos antes de que se vayan, y el tiempo ya está corriendo. Ese pensamiento me motiva todos los días a levantar mi vista de las montañas de ropa y de trastes, y a desarrollar la diligencia, el orden, la productividad y la paciencia que necesito diariamente.

¿Es fácil? ¡Claro que no! Sigue siendo difícil, me sigo cansando, sigo perdiendo la paciencia. Pero la satisfacción de ver que vamos avanzando cada día un poquito más hacia nuestra visión, y que soy yo –y no una maestra– la persona más cercana al corazón de mis hijos, me dice que estoy en el lugar correcto y me da las energías para seguir adelante.

¿Cuáles son las habilidades que necesitas desarrollar?

Me encantó esta frase de Maïder Tomasena, una bloguera que escribe sobre cómo usar tus propias inseguridades como la adrenalina que te motive a enfrentar tus retos.

«Las inseguridades forman parte de tu propia llamada a la acción»

Esa debilidad que sientes ahora es precisamente lo que debe motivarte a dar el paso. No se trata de ignorar tu realidad y pretender que vives una vida de ensueño. El trabajo sigue siendo el mismo, el cansancio sigue siendo el mismo, pero tu actitud es la que marca la diferencia entre vivir en un ciclo eterno de estira y afloja con tus hijos o de vivir en un estado de continua armonía y disfrute.

¿Qué áreas de tu actitud necesitas desarrollar?

¿Necesitas organizarte?, ¿necesitas agilizarte?, ¿necesitas levantarte temprano?, ¿necesitas fortalecer tu autoridad natural?, ¿necesitas mejorar la comunicación con tus hijos?, ¿necesitas revisar tus prioridades?

Pues hazlo.

Sé consciente de que lo necesitas y aplícate. Un atleta toma la decisión de ser atleta y después acomoda todas sus circunstancias para llevarlo a cabo. Tal vez tenga días muy malos en los que se canse muchísimo o incluso se lastime, o tenga que privarse de cosas que sus amigos o familiares hagan, pero él tiene una meta que le da las energías para mantenerse firme en su ejercicio.

Recuerda que la actitud está dentro de nuestra capacidad de decisión, lo que significa que somos completamente responsables de ella y que podemos mejorarla tanto como sea necesario.

No te preguntes si tendrás la paciencia suficiente para llevar a cabo tus planes: pregúntate si tus planes son lo suficientemente importantes como para luchar por ellos y desarrollar todas las habilidades que te hacen falta hoy.

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