ea9409ddf630d0d4defaee2e4ff6446aMuchas mamás se preguntan si es posible hacer «homeschooling» con pequeños de 4 años y menos: cómo hay que comenzar y qué hay que enseñar.
Algunas mamás incluso, abrumadas por la carga diaria de tener niños pequeños, me han preguntado si será buena idea mandarlos a la guardería o al kínder por un tiempo y luego regresarlos a casa para hacer «homeschooling» cuando ya sean más grandes y todo sea más fácil.

Para contestar estas preguntas, primero quisiera recordar que el motivo de no mandar a los niños a la escuela no es «hacer homeschooling».
El motivo de no mandar a los niños a la escuela es que tú tienes una visión clara de lo que quieres para su educación, y has decidido que uno de los recursos que te permitirá lograr esa visión es no mandarlos a la escuela.

Para muchos de nosotros, esa visión incluye anhelos como: formar a nuestros hijos, ayudarlos a que maduren, a que desarrollen todo su potencial, a que tomen el control de su aprendizaje, a que encuentren el sentido de su vida…
¿Cuándo será el mejor momento para comenzar a trabajar en esos objetivos?
Por supuesto: mientras más temprano, mejor.

Cuando una familia desescolariza a sus hijos, por lo general necesitan pasar por un periodo de «desintoxicación» para restaurar su relación familiar, para sanar su autoestima, para recuperar las ganas de aprender. Pero si tus hijos nunca han ido a la escuela y desde que son pequeñitos comienzas a trabajar en su identidad y su relación familiar, llevas una gran ventaja estableciendo una base muy sólida para después comenzar a explorar áreas más concretas de interés.
…Y al ser tú quien tiene en mente esos objetivos que quieres lograr, no hay nadie mejor que tú para formar a tus hijos.

Sin embargo, en una etapa tan agotadora en la que los niños dependen por completo de nosotras, ¿cómo podemos dedicarnos a trabajar en esos objetivos, además de la carga diaria que ya tenemos?

Aquí te comparto algunos consejos:

1. Olvídate de la obligación de hacer algo educativo

En esta etapa, tu prioridad es suplir las necesidades de tus bebés y que tu día tenga orden y armonía, nada más.
Olvídate de que tengan que aprender letras y números y capitales de países. Eso vendrá después como resultado natural de tu inversión en ellos.
Por supuesto que puedes hacer actividades educativas como leer, dibujar, armar rompecabezas, recortar y pegar, o lo que sea que a ellos se les antoje hacer. Pero tu razón de hacer cada actividad debe ser divertirse, conocerse y pasar tiempo juntos, y no «que aprendan algo académico».

2. Enseña lo que sí es importante: a escuchar tu voz

Si tienes que gritar o correr detrás de un pequeño para que te haga caso, la carga diaria será mucho más pesada de llevar.
Si enfocas tu esfuerzo en crear una relación de atención con tus hijos en la que puedas darles explicaciones y ellos las entiendan y las acepten, tu día será mucho más llevadero y armonioso.
Lo más importante que tus pequeños sí deben aprender en esta etapa es a escuchar tu voz.
Lee este artículo para tener algunas ideas de cómo hacerlo.

3. Crea rutinas que te ayuden a mantenerlos ocupados y gastando energías

A veces los problemas con los niños son simple ociosidad y exceso de energía acumulada en sus cuerpecitos. Los niños necesitan grandes cantidades de tiempo al aire libre para correr, gritar, jugar y sacar toda su energía. Arma tu rutina de modo que gastar energías sea tu prioridad principal: destina un buen rato en la mañana y otro en la tarde para ir al parque, para observar la naturaleza, para jugar, para hacer picnic, para ir a los juegos…
Cuando regresen a la casa, entonces puedes dar un refrigerio, hacer alguna actividad tranquila como contarles una historia con títeres, tal vez darles un baño en tina y luego seguro que dormirán una siesta. En ese tiempo tú puedes aprovechar para recuperar tu salud mental y para avanzar en todo lo que haya quedado pendiente.

4. Prepara un lugar especial para ellos

ffebf5bc51ba850859713bdea8947c02Durante toda la etapa que mis hijos fueron bebés, una esquina de mi casa cerca de la cocina estaba destinada a ser «su espacio». Puse un tapete grande y acolchado en el que podían sentarse y acostarse. Alrededor tenía mueblecitos bajos (a su altura) llenos de cosas interesantes para ellos, como libros, rompecabezas de madera, títeres, flashcards, juguetes para ensamblar. También había una mesita donde podían sentarse a dibujar o a hacer alguna manualidad, y en la pared puse un pizarrón blanco a su altura en el que también podían dibujar.
Allí pasábamos mucho rato jugando, platicando, leyendo –después de haber ido al parque a gastar energías. No era un lugar para mantenerlos «confinados», sino que yo también me sentaba en el tapete y me ponía a jugar con ellos.

5. Trata de incluirlos en tus actividades diarias, pero no te obsesiones con la idea

Muchas veces nos sentimos entre la espada y la pared, porque no queremos apagar su entusiasmo, pero a veces, incluirlos en las tareas ¡nos lleva el doble o el triple de tiempo!
Decide de antemano en qué actividades quieres involucrarlos y en cuáles no. Invítalos a hacer las que son fáciles y atractivas para ellos, y deja para ti las que necesitan precisión y rapidez.

Separar la ropa por ejemplo, era una actividad que les encantaba a mis niños. Claro que en vez de separar me dejaban la ropa tirada por todas partes, pero yo aprovechaba ese ratito que ellos estaban entretenidos, para avanzar en otras cosas, como tender las camas o arreglarme yo.
Otra tarea que les gustaba mucho hacer era separar frijoles. A cada uno le daba un puñito en su mesita (sillita con cinturón) y también les daba algunos platitos o cucharitas para que jugaran con los frijoles, mientras que yo terminaba lo demás muy rápidamente. (Claro, después hay que barrer)

Sé creativa para encontrar actividades sencillas que los niños puedan hacer y que los mantengan ocupados y que también los hagan sentir útiles:
Guardar vasos y platos de plástico en un anaquel, sacudir muebles bajos, acomodar los zapatos por pares en el clóset, recoger juguetes y ponerlos en su caja, doblar toallas de manos, encontrar pares de calcetines, lavar fruta… ¿tú tienes más ideas? Compártelas en los comentarios.

6. Acepta la ayuda que puedas tener

Si puedes contratar a alguien que te ayude con el quehacer, no lo pienses dos veces. El dinero que te estás ahorrando de colegiatura y de uniformes estará bien usado en alguien que te libere de trabajo doméstico.

En mi caso, solamente tuve ayuda durante un año y medio. Mi niño mayor tenía dos años y el segundo tenía meses. Luego, cuando mi tercer bebé llegó, ya no tuve quien me ayudara. Con tres bebés de 3 años y menos, esa etapa fue especialmente difícil y pesada. Aun así, busqué la forma de tener ayuda. Mis papás se llevaban a mis hijos una vez por semana todo el día, por lo general, los sábados. Yo me quedaba en casa y me relajaba haciendo limpieza a fondo. Sí, lo sé, no suena muy relajante, pero para mí, saber que mi casa por fin iba a estar limpia y que no tenía pequeñitos que estorbaran ni exigieran, me llenaba de motivación.
Aprovecha cualquier ayuda que puedas tener, sea de tu pareja, de familiares o amigos, o de una persona contratada.

Finalmente, no olvides mantener tus expectativas realistas. No te martirices pensando que tus hijos ya deberían saber esto o aquello o que no haces lo suficiente.
Mantén tu enfoque en lo verdaderamente importante: construir una relación profunda con tus hijos que les permita gozar de días ordenados y armoniosos.
Y sobre todo, no olvides que esta etapa es muy breve. En cualquier momento se acaba, pero todo lo que estás sembrando en sus pequeños corazones, se queda.

Decide qué es lo que quieres que se quede allí para siempre.

Si quieres saber más a detalle cómo eran mis días y los de otras mamás,
no dejes de echarle un vistazo a mi e-book: Un día típico viviendo sin escuela.
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