Es probable que hayas visto esta imagen en internet muchas veces. Yo sí la he visto en diferentes lugares y ahora me tomé la libertad de retocarla, traducirla y compartirla aquí, porque creo que ilustra una gran verdad.

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Sin embargo, a veces los papás que educamos en casa nos convencemos tanto de los beneficios de que nuestros hijos aprendan libremente, que llegamos a ver a las escuelas o al sistema educativo como un enemigo de quien debemos cuidarnos o a quien debemos atacar sin piedad.

El enemigo a vencer no son las escuelas, sino la falta de responsabilidad

Es verdad que el sistema educativo estandariza, no brinda atención personalizada, pierde mucho tiempo, suscita problemas sociales, no respeta los ritmos naturales de cada niño y un largo etcétera. Pero a final de cuentas, todos tenemos la libertad de elegir si la usamos como herramienta educativa para nuestros hijos o no. Incluso en países donde este asunto está en crisis como en España, hay papás valientes que hacen valer su derecho de elección y ellos deciden cuándo y cómo educar a sus hijos.

Creo que el peor daño que los paradigmas educativos le han causado a nuestras sociedades es el de hacernos sentir liberados de nuestra responsabilidad y por lo tanto, indiferentes a nuestros hijos, confiando en que alguien más se está haciendo cargo de ellos.

Esta mentalidad se ha infiltrado tanto en nuestras vidas, que incluso habiendo tomado la decisión de responsabilizarnos de nuestros niños, seguimos sintiéndonos inseguros de qué hacer y cómo hacerlo, y buscando guías o autoridades que nos lleven de la mano paso a paso.
Es posible que aun no enviando a nuestros hijos a una institución educativa, caigamos en la falta de responsabilidad al no tener bien claro qué queremos lograr, hacia dónde vamos, por qué hemos elegido tales o cuales herramientas, o sintiendo que porque compramos tal currículo, ya tenemos nuestro trabajo resuelto como padres educadores.

La razón esencial de tomar la educación de nuestros niños en nuestras manos es precisamente ésa: hacernos responsables

Hacerte responsable no significa que tú vas a saber todas las respuestas, o que debes tener una preparación previa que te acredite como maestra de todas las materias. Hacerte responsable de la educación de tus hijos es mucho más que cerciorarte de que obtengan sus certificados de primaria, secundaria, preparatoria y universidad.

Tomar la responsabilidad de la educación de tus hijos en tus manos significa visualizar un objetivo en el horizonte. Es hacerte una imagen mental de cómo ves a tus hijos en este momento, y de aquí a diez, quince, veinte años:

¿Cuáles son las características particulares de cada uno?, ¿cuáles son sus fortalezas y sus debilidades?, ¿cuál es su pasión en la vida?, ¿a dónde quieres que lleguen?, ¿qué tipo de personas quieres que sean?, ¿qué tipo de padres quieres que críen a tus nietos?, ¿cómo quieres que se relacionen con el mundo que los rodea y de qué manera quieres que sean recordados cuando mueran?

Después de tomarte unos minutos para pensar en esto, es probable que te des cuenta de que tomar una responsabilidad así no tiene nada qué ver con los planes de la SEP o con los exámenes del INEA, y de que debes comenzar a trabajar muy duro en otras áreas que hasta hoy no les has puesto atención.

El asunto no es saber cuáles herramientas usar, sino saber cuál es tu objetivo

¿Te acuerdas de esa escena de la película de Alicia en el País de las Maravillas con el Gato Risón? La niña está muy triste porque se le borró el camino que estaba siguiendo y cuando el gato le pregunta a dónde quiere ir, ella le dice que eso no importa; entonces el gato le contesta: «pues entonces tampoco importa cuál camino tomes».

Muchos papás se sienten angustiados porque no saben cómo comenzar y me preguntan cuál programa deberían usar para sus hijos. Yo les preguntaría: ¿a dónde quieres llegar con la educación que les proporciones?, y entonces puedes darte una idea de qué tipo de herramientas necesitas encontrar para poder llegar hasta allí.

Si tu objetivo es que reciban sus certificados de primaria y secundaria, y que vayan al ritmo de los alumnos escolarizados, pues baja los programas de la SEP y tú ve llevando un registro para ver que no te estés atrasando y llenando los huecos que hagan falta, y listo.

Pero si tu objetivo es que encuentren cuál es su pasión en la vida, que desarrollen al máximo todo su potencial y que se conviertan en un beneficio para su sociedad, entonces estamos hablando de cosas totalmente distintas.

El mundo mismo ES el salón de clases –tenemos acceso a recursos ilimitados

Te darás cuenta de que entonces, como lo expresa la imagen de los pececitos, el mundo entero se convierte en un salón de clases, y toda la gente que te rodea, en instructores potenciales. Existen recursos ilimitados a todo nuestro alrededor: nuestra vida diaria, nuestro trabajo, nuestras obligaciones, la gente con la que convivimos, la tecnología ¡incluso las escuelas!: todos son recursos educativos cuando tenemos bien claro hacia dónde queremos llegar.

Sara McGrath, en su libro “Unschooling, a lifestyle for learning”, dice:

«Yo me enfoco en mi papel como mamá. Mis hijas quieren que yo haga lo que hago para que así puedan aprender de mí. Cuando tienen intereses de los que yo sé muy poco o nada, les ayudo a encontrar personas que sí saben acerca de esos intereses; no necesariamente maestros, sino gente real que realiza ese trabajo o ese pasatiempo o lo que sea, gente que se apasiona con su trabajo. 

Amigos, parientes y miembros de grupos de educadores en casa pueden hacer un fondo común con sus habilidades y ofrecerlas a todos los niños de la familia o del grupo.  Todos somos expertos en algún área: desde programación de computadoras hasta reparación de autos, carpintería o trabajo doméstico. Mis hijas tienen una bisabuela que confecciona patrones para ropa; otra bisabuela que hace edredones y era dueña de una tienda donde los vendía; un papá que programa videojuegos y una mamá que trabaja como mamá, lo que ellas aspiran hacer, y que tiene una pasión por destrezas naturalistas, música tradicional y narración. Entre nuestros vecinos hay un músico y un constructor de barcos. Nuestra localidad tiene muy buenos instructores de danza, maestros de arte y un dependiente de la biblioteca de los niños que siempre recuerda los nombres de mis hijas y les pregunta cómo están, al igual que las cajeras del supermercado y los empleados de la oficina de correos. Hemos hecho algunas excursiones al departamento de policía local, a la oficina de correos y a la veterinaria. 

Durante mi infancia temprana, mi abuela me enseñó a coser, a seguir una receta, a cultivar y cosechar la hortaliza y a hacer conservas. El asilo de ancianos de nuestra localidad ofrece clases a familias que demuestran esas habilidades también. Las oportunidades abundan.»

Los programas y currículos no hacen la diferencia; ésa la haces tú, invirtiéndote día con día

¿Nunca te has preguntado cómo es que hay tanta gente de bien a nuestro alrededor, y todos ellos fueron a la escuela?
Yo sí, y mi marido y yo tenemos un debate continuo sobre eso.

Muchos de los grandes hombres y mujeres que nos rodean, tuvieron grandes padres y madres o tutores o maestros, que estuvieron dispuestos a invertirse en ellos y que dejaron una huella muy profunda de inspiración y sentido de propósito en la vida –lo cual no tiene nada qué ver con ir a la escuela o no.

Por supuesto que tener a tus hijos contigo todo el día es una oportunidad extra de sembrar a diario en sus corazones, y además les ayudará a mantenerse enfocados sin distracciones, pero no es el ingrediente clave. Igual conozco familias que sacaron a sus hijos de la escuela y no tuvieron resultados positivos.

No es que la escuela funcione o no, o que la educación en casa funcione o no, o que tal o cual currículo sea mejor que éste o aquél.

El éxito no radica en los sistemas, dentro o fuera de la escuela. El éxito radica en saber hacia dónde vas y tomar todas las decisiones necesarias para llegar hasta allí. Cualquier recurso puede ser útil en las manos de un padre que sabe qué hacer con él.

No te agobies buscando cuál es el mejor programa o de qué manera los certificas o cómo le haces para evaluar que sí están aprendiendo. Mejor destina tiempo en definir cuál es tu objetivo como padre de tus hijos y qué quieres lograr en sus vidas. Después, dedícate a analizar todos los recursos que tienes a tu alcance (¡incluso escuelas!), y luego, ¡inviértete de lleno en sus vidas!

Si deseas conocer más sobre
este estilo de vida,
no te pierdas mi libro:
AprendizajeSupraescolar.

20 comentarios sobre “Nuestro peor enemigo a vencer… ¿la escuela?

  1. Antes de saber que existía el homeschooling ya tenía yo mas de un año investigando acerca de como es la educación en otros países, particularmente en Finlandia, incluso cuando descargué el método que está disponible en línea me preguntaba: “Pero solo viene la idea ¿Dónde dice exactamente cómo debo dar la clase?…”. Confieso que me asusté.Con el tiempo entendí que el daño que había ocasionado en mi persona nuestro sistema escolar, era esperar precisamente que se me dijera todo, con puntos y comas, tal como está programado en la actualidad, en que la libertad de cátedra es totalmente nula. Entonces el panorama se amplió de forma muy interesante porque ya tenía yo la opción de decidir los temas, los tiempos, los recursos; fué como estar ante un gran bufet.Para mí la escuela sí ha sido un enemigo ha vencer, pero mis armas son: La información, el análisis y la toma de decisiones. Tal vez me equivoque pero asumo con gusto esa responsabilidad desde ahorita.Un abrazo Priss.

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  2. Ivett, tienes toda la razón en hacer esa pregunta. Y en más de un caso, estoy segura de que la respuesta sería: “¡mucho más alto!” Sin embargo, también debemos reconocer que la desescolarización no es una vía para todos, y que no porque escolarizan a sus hijos, esos padres están “mal” o son “menos” que los que desescolarizamos. Y me incluyo en esta reflexión, porque muchas veces tiendo a perder el rumbo y a ver la escuela como el mismísimo diablo, cuando el verdadero enemigo es nuestra indiferencia hacia los niños, con o sin escuela.Juli, me da mucho gusto saber lo bonito que están avanzando, y que el interés de tus niños sea tu guía!Es verdad, Karla, como que todos tenemos que pasar por un tiempo de mucha escolarización para luego darnos cuenta de que no es así el asunto. Muchos se van hasta el extremo del unschooling radical, y otros luego regresan para encontrar un término medio. Lo importante es que lo que sea que hagamos obedezca a razones personales, y no a imitación ni a adopción de metodologías esperando que nos traigan éxito en sí mismas. El éxito radica en tener bien claro nuestro objetivo, no tanto en las herramientas que usamos para lograrlo.Liss, gracias por comentar, me da mucho gusto que encuentres alguna utilidad en lo que escribo. Te mando un abrazo y bienvenida!¡Totalmente de acuerdo contigo, Marvan! Y qué emoción debes de sentir tú ahora, con tus hijos ya más grandecitos, más conscientes de lo que quieren y cómo quieren alcanzarlo. Definitivamente, uno de mis objetivos a lograr en el mediano plazo con mis hijitos que por ahora, todavía son pequeñitos. ¡Un abrazo!Tienes mucha razón, Moni (qué gusto saber tu nombre!), que lo que hagamos cambiará mucho dependiendo de cuál sea nuestro objetivo. Y sí, muchas veces no podemos tener absoluta claridad de lo que queremos lograr, porque ni siquiera tenemos la certeza de que mañana tendremos vida :)Pero sí podemos armarnos una imagen mental, una visión en el horizonte que nos sirva de guía para seguir avanzando y no perdernos en la cotidianidad de los detallitos urgentes, como decía Liss.Un placer charlar con todas ustedes, gracias por tomarse el tiempo de enriquecer este espacio!!

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  3. Pero los objetivos hay que tomarlos como lo que son: son el objetivo al que aspiramos, para centrarnos ahora en el CAMINO, que es lo que de evrdad importa.Yo como objetivo tengo “que no me poden a los niños”, pues tengo cuidado con lo que hacemos, intento compensar….No está solo en mi mano que el objetivo se cumpla, sé que no lo voy a conseguir al 100% porque hay fatcores en juego que no puedo controlas. Pero es lo que me guía.Creo que el objetivo hace falta para dar coherencia a lo que hacemos. El ejemplo que ponía antes: “quiero que mi niño trabaje a su ritmo” implica una serie de cosas, mi trabajo personal irá por un camino diferente que si me planteo algo del tipo “quiero que mi hijo sepa muchísimas cosas”Y en el camino (que es lo difícil) está mi formación, mi día a día, mis miedos, nuestro entorno, mis hijos….

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  4. Una reflexión muy interesante y completamente de acuerdo. Solo añadiría algo más. Llega un momento en que como madre/padre responsable de la educación de tus hijos, por mucho que tú tienes claro el objetivo a dónde quieres que lleguen… ya tienes que hacer el cambio a ayudarles a que ELLOS MISMOS tengan claro SU objetivo.Ya no es ¿qué quiero YO para ellos? sino ¿qué quieren ELLOS para SI MISMO y dónde puedo yo ayudarlos en esto?Siempre teniendo un objetivo claro.Gracias por la reflexión.

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  5. Tienes toda la razón, sino hay un objetivo no hay tampoco un resultado positivo y puedes desviarte con facilidad de tu propósito, que es con lo que en lo personal batallo día a día; lo urgente por lo primordial que es estar ahí para mi hija!!gracias por tu artículo porque me hace centrarme y ponerme las pilas para analizar y mejorar lo que hasta ahora he hecho con mi nenaun saludo cordialLiss

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