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Los últimos meses hemos comenzado la educación en casa, y también hemos vivido algunos beneficios en nuestra alimentación, los cuales quiero compartir con ustedes.

Uno de los problemas más comunes con los niños escolarizados es que muchas veces no les da tiempo de tomar un buen desayuno y esperan hasta la hora del lunch (entre 10 y 11 am) para probar alimento, es decir, aproximadamente 12 horas entre cena y comida, lo cual no es nada recomendable pues ellos necesitan energía para poner atención en sus clases, tener creatividad para trabajar en proyectos y además crecer.

Entre las ventajas que yo observo al tener a los niños más tiempo en casa puedo mencionar:

Desayunar en familia.

Para nosotros es la única comida que hacemos todos juntos, pues papá sale a trabajar todo el día. Los niños ayudan a poner y recoger la mesa y hay días que ayudan en la preparación de los alimentos. Estas actividades los hacen sentir importantes y tomados en cuenta.

También durante este momento compartimos nuestros planes del día. Procuramos que este momento se viva sin televisión, juguetes y sin peleas, así ellos sienten la hora de la comida como algo relajante y así podemos aprovechar para introducir más fácilmente algún alimento o preparación nueva.

Comer más saludable.

Al tener un poco más de tiempo, podemos poner más atención en consumir los 3 grupos de alimentos que se deben de incluir en cada comida principal como son los cereales, productos de origen animal y leguminosas, frutas y verduras. Yo trato de que los niños se den cuenta de qué alimentos pertenecen a cada grupo y cuando me hace falta alguno, ellos mismos señalan lo que nos falta. Esto sin sermones ni nada, simplemente como una simple pregunta: “¿qué es la manzana: fruta o verdura?” Y así ellos van identificando los alimentos.

Se han acostumbrado a que por la mañana siempre hay una fruta. Ellos ya hicieron suyo este hábito y solos escogen su fruta. Creo que como en todo, ellos aprenden de nosotros y la buena alimentación se debe de aprender desde pequeños pero de manera natural, introduciendo ciertos hábitos.

Experimentar en la cocina.

A mi hijo le encanta crear sus propias recetas y hace licuados con diferentes frutas, lo que le da la oportunidad de probar cosas diferentes.

También podemos darnos un poco más de tiempo para poder explicar medidas como mililitros o gramos al realizar una receta con ellos, o qué tal un poco de paciencia para que ellos mismos mezclen o viertan y así desarrollen su motricidad.
En conclusión, aprender sin escuela nos da el tiempo para disfrutar nuestros alimentos y así creamos una buena relación con la comida previniendo posibles trastornos. Además de que nosotras como mamás podemos estar cerca para estar al pendiente de lo que realmente han comido y así, balancear correctamente las comida del día.

Y tú, ¿cuáles beneficios nutricionales has experimentado como resultado de que tus hijos no vayan a la escuela? Compártelo en los comentarios.

Norma Angeles
www.nutriendoconamor.com

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Norma es nutrióloga y mamá, ha comenzado la grandiosa aventura de educar en casa a sus dos niños de 6 y 3 años. Su propósito principal es crear una buena relación de confianza con sus hijos, ayudarlos a descubrir su pasión y trabajar en ella. Hace poco ha comenzado a escribir en un blog de nutrición donde trata de difundir temas de ayuda para alimentar correctamente a bebés, niños y adolescentes.