Al optar por un estilo de vida fuera del sistema escolarizado, nos encontramos con una serie de dilemas en la dinámica cotidiana, que muchas veces no sabemos cómo resolver.

Uno de esos dilemas con el que nos topamos frecuentemente, es el cómo organizar el estudio para niños de diferentes edades.

La semana pasada hice una pregunta y agradezco a quienes se tomaron el tiempo para responder. Aquí puedes leer sus respuestas, que seguramente, serán muy enriquecedoras para ti como lo fueron para mí.

Ahora me gustaría contarte un poquito de mi experiencia y de cómo me organizo yo, y para eso, voy a contarte algo de mí que probablemente no sepas: A mí también me tocó la oportunidad de aprender libremente, sin escuela. Acá puedes leer toda la historia.

Bueno, pero eso tal vez ya lo sabías. Lo que sí es nuevo –porque no lo había contado antes– es que a mí no me gustaba hacer las actividades que mi mamá nos proponía. Yo renegaba y a veces hasta lloraba porque me sentía un tanto ridícula o como que era una pérdida de tiempo… Sí, creo que identifico ese mismo sentimiento en mis hijos cuando les propongo hacer algo que preparé porque a mí me pareció muy lindo y a ellos no les parece así.

¿Y te gustaría saber cómo lo solucionó ella? Pues te cuento que fue muy lista, porque no nos obligaba a hacer lo que ella decía, sino que más bien hacía a un lado los libros, nos veía a los ojos y se esforzaba para entender qué estábamos pensando y sintiendo. En muchas ocasiones terminábamos llorando después de nuestro tiempo de “estudio”, sintiéndonos un poco más cerca unas de otras.

Aquí te comparto algunas acciones clave que yo puedo identificar en la labor que mi mamá realizó, de inspirar y motivar a tres adolescentes que recién habían dejado la escuela, en el proceso de tomar decisiones hacia construir su proyecto de vida:

1. Encontró lo que le apasionaba a cada quien y nos dejó expresarlo con libertad

Después de los primeros meses de ajustes, decidió trabajar por proyectos –ahora sé que ése es su nombre, pero en aquel entonces, creo que ella sólo siguió su intuición.
A ella no le agobiaba pensar en lo que “debíamos saber” según nuestra edad. Más bien quería que cada una desarrollara sus propias habilidades, así que escogíamos un tema para tratar cada semana o dos semanas y entonces decidíamos lo que queríamos estudiar sobre eso.

Por ejemplo, si el tema era “La antigua Grecia”, yo me dedicaba a investigar sobre el lenguaje griego, su estructura gramatical, los tiempos verbales, y todas esas cosas fascinantes. Mi hermana Haniel, (la que sigue de mí) se dedicaba a hacer un estudio sobre los acontecimientos más importantes de la historia griega, algo de geografía, y todo eso que le apasiona a ella. Y Cesia, la más chica, estudiaría algo sobre las matemáticas, por ejemplo.
O si el tema era “El sistema solar”, yo me encargaba de investigar la etimología de los nombres de los planetas, sus nombres en diferentes idiomas, etc. Hani investigaría la historia de cómo se descubrió el sistema solar, cuáles fueron los acontecimientos históricos contemporáneos, qué personajes participaron, etc. Y Cesia investigaría cómo se calculan las distancias entre planetas, o la velocidad a la que giran o todos esos datos interesantes que implican algo de cálculos matemáticos.

El caso es que siempre trabajábamos de esta forma. Decidíamos un tema general y luego, cada una escogía qué aspecto de ese tema quería abordar, desde su propia perspectiva y considerando sus talentos y habilidades particulares. Después de una o dos semanas, hacíamos una reunión familiar en la que les presentábamos a los demás lo que habíamos estado estudiando y nuestras conclusiones, generalmente a través de diagramas, gráficas, carteles o ensayos.
Fue una época muy enriquecedora en la que aprendí acerca de muchos temas y sobre todo, fortalecí mis propias habilidades. Aprender se convirtió en un placer.

proyectos
Priscila, Haniel y Cesia (1998)

2. Fomentó el trabajo autodidacta

Creo que este punto se puede inferir del anterior, pero de todas formas quiero enfatizarlo. Aunque los temas generales los proponía ella, nosotras decidíamos qué aspecto de ese tema queríamos abordar y qué queríamos haber logrado al finalizar el proyecto. Aunque se mantenía accesible para ayudar en lo que fuera necesario, siempre nos dejaba trabajar por nuestra propia cuenta, nos motivaba a investigar por todas partes y a resolver nuestros propios problemas.
Ni siquiera teníamos un horario de trabajo impuesto por ella. Solamente nos decía para cuándo era la fecha de “exposición”, y nosotras organizábamos nuestro tiempo como mejor nos pareciera o como se acomodara mejor con las demás –para usar la computadora, por ejemplo. Cada quien era responsable de su propio aprendizaje y de su propio avance.

autodidacta
Hani trabajando. Decorábamos la pared con nuestros trabajos.

3. Siempre estaba disponible y dispuesta a acompañarnos

En todo lo que necesitáramos, sabíamos que podíamos contar con ella. Desde llevarnos a la papelería a conseguir materiales, hasta ayudarnos a organizar una reunión con amigos. Desde ayudarnos a coser un vestido hasta quedarse hasta la madrugada escuchándonos y consolándonos. No le importó parecer taxista llevándonos y recogiéndonos de las múltiples actividades que llegamos a tener en diferentes épocas; siempre estaba contenta y nos hacía sentir que era un verdadero placer acompañarnos y contribuir en los proyectos que cada una tenía, buscando la manera de acomodar todo y de encontrar el tiempo para todo.

trabajo
Primeros proyectos de lo que luego se convertiría en el SEA, nuestra empresa familiar: http://sistemadeactitud.com/

4. Definió qué era lo importante para todas y nos ayudó a hacerlo aunque no nos gustara tanto

Por supuesto que había áreas no opcionales que ella y mi papá consideraron muy importante que todas aprendiéramos a hacer. Todo lo relacionado con la administración y mantenimiento del hogar, saber cocinar, saber inglés, tocar música, tener algún trabajo o actividad productiva, y algunas otras ocupaciones eran parte de nuestro currículum básico no opcional en casa. Tomábamos turnos para hacernos cargo de la cocina durante toda una semana. Era nuestra responsabilidad –acompañadas y asesoradas por mi mamá, por supuesto– planear el menú, hacer las compras, mantener el refri al día, cocinar y usar las sobras, etc.
Aunque al principio tampoco era muy de mi agrado participar en la limpieza de la casa, poco a poco comencé a verle la utilidad, y ahora agradezco profundamente todas esas habilidades que aprendí gracias a la perseverancia y paciencia de mi mamá.

cocinando
Mamá y yo (2000)

5. Procuró un tiempo especial con cada una

Una de las prácticas que mis papás acostumbraron y que recordamos con mucho aprecio, fue la de dedicar un tiempo especial para estar con cada una de nosotras a solas. De repente recibíamos una invitación para ir a tomar un helado o al teatro, como una “cita especial” solamente con mamá o solamente con papá. En esas citas ellos aprovechaban para conocernos más a fondo, para hablar de temas profundos y para demostrarnos cuánto nos amaban, en lo individual. Aun en medio de tantas ocupaciones y proyectos, sabíamos que éramos especiales y que mis papás no se olvidaban de nutrir su relación personal con cada una de nosotras.

hani y cesia
Cesia y Hani (2000)

Es posible que estés pensando: “bueno, pero ellas ya eran grandes y ya sabían leer y escribir, y hacer operaciones básicas”. Sí, tienes razón. Y además estábamos entusiasmadas de trabajar cada día un poquito más hacia nuestro proyecto de vida, por lo que mi mamá podía darse el lujo de tener sus propios proyectos también, con tres adolescentes que trabajaban bien enfocadas durante varias horas, por su cuenta.

Sin embargo, si tú tienes niños pequeñitos, no te sientas frustrado pensando que tú no puedes aplicar este concepto de trabajo independiente en tu caso. Todos estamos en diferentes etapas de desarrollo y maduración, y si algún día en el futuro queremos gozar de una dinámica así, debemos comenzar a formarla desde ahorita que son pequeños.

En el siguiente post de esta serie estaré compartiendo algunos consejos para trabajar con niños pequeños de diferentes edades. ¡No te lo pierdas!

Leer la introducción de la serie

Leer la parte 2 de la serie

Leer la conclusión de la serie

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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