Ésta es la segunda parte de la serie: Cómo organizar el estudio para niños de diferentes edades. Para leer la primera parte, pulsa aquí.

Uno de los dilemas con los que nos topamos frecuentemente, es el cómo organizar el estudio para niños de diferentes edades. Como mamá de tres activos hombrecitos que se llevan año y medio de edad y que requieren mucha atención, puedo decirte que efectivamente, éste es uno de mis “dilemas recurrentes” que debo resolver continuamente.

La dinámica familiar es un continuo cambio y ajuste. Según los niños van creciendo, sus intereses van cambiando, y nuestro pensamiento va evolucionando. Realmente no sé si es posible llegar al momento en que se pueda decir “he encontrado mi equilibrio perfecto al cien por ciento”. Creo que más bien es como estar parados en una tabla de surf sobre las olas del mar. Te mantienes haciendo el esfuerzo de encontrar tu equilibrio continuamente, y puedes lograr no caerte en un largo rato, pero en realidad nunca podrás decir que estás perfectamente estable y que puedes dejar de esforzarte porque ya encontraste tu “punto de equilibrio”. Es una actividad que requiere nuestra participación continua.

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Dentro de esa dinámica oscilante y variable, creo que hay algunos consejos o pautas que nos pueden ayudar a mantener el equilibrio sin “caernos” tan seguido. Aquí te comparto algunos de los que yo he logrado identificar y organizar, pero al final del post me encantaría conocer los tuyos:

1. Recuerda que no eres una maestra y no estás en una escuela

Aunque este recordatorio podría parecer obvio y como que sale sobrando, muchas veces sí seguimos teniendo una imagen escolarizada en la mente que nos susurra muy bajito al oído que lo que estamos haciendo, está mal. Mal porque no todo marcha a la exactitud de la imagen en nuestra mente.

Piensa que una maestra de escuela sólo debe preparar sus materiales, pero cuando suena la campana, guarda todo y se va a su casa. Tú no. Además de preparar materiales, tú también debes pensar en qué van a comer los niños, si su ropa está limpia, si las recámaras ya necesitan ordenarse o si hay que pagar el recibo de la luz. Y cuando se acaba todo, tú sigues siendo mamá ¡incluso durante la noche!
Tú no eres una maestra. Eres una mamá que está viviendo la vida real y está incluyendo a sus hijos en su vida.
Tu ideal debe ser cubrir las necesidades únicas de tu familia, no imitar lo que se hace en la escuela.

2. No pretendas que todos hagan lo mismo al mismo tiempo

En una escuela todos abren el libro en la misma página y escriben las mismas oraciones en su cuaderno. En la casa, además de que hay edades diferentes, también hay intereses, horarios y estados de ánimo muy diferentes. Lo rico de no vivir bajo los límites de un sistema estandarizado es que tú puedes diseñar tu día como tú quieras. Piensa en cómo quisieras que fuera tu día y organiza todas las piezas para que así sea.

3. Tampoco te obsesiones con la idea de que cada niño debe tener una actividad diferente y a su nivel

Si el niño de ocho se pone a hacer plastilina con el de 5, ¿cuál es el problema? Lo importante es que todos estén productivos y ocupados en algo que les interese. Si encuentran algo que los engancha en ese momento, aunque sea ensartar cuentas o picar papel, ¿qué importa que no sea de su “nivel”?

Por otro lado, muchas veces me ha pasado que las actividades que planee para los chicos no les resultaron tan atractivas y ellos prefirieron hacer la actividad del grande. Tampoco hay problema. Adapto la actividad, e incluso, si todos quieren trabajar juntos, pues lo hacemos juntos.

4. Fomenta el trabajo independiente

Uno de los hábitos que les he inculcado a mis hijos y que más me ha ayudado en la rutina diaria, es el trabajo independiente.

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Mati (4), Pao (2), Caleb (1)

Desde pequeñitos, todos los días los sentaba en su silla con cinturón y les daba juguetitos o cositas interesantes para que estuvieran varios minutos mientras que yo limpiaba la cocina o hacía otra cosa. Ellos aprendieron a estar tranquilos, a entretenerse solos y a no estar demandando atención durante un rato. Ojo que no estoy hablando de ignorar ni de abandonar ni de dejarlos pegados al iPad o frente a la televisión. Estoy hablando de diez o quince minutos haciendo alguna actividad interesante (juguetes, materiales, rompecabezas, bloques, dependiendo de la edad) –y yo ahí, a un lado.Y cuando veía que ya estaban aburridos o cansados, pasábamos a otra actividad.

Un ejercicio que iba poniendo las bases del aprendizaje autodidacta: hacerte cargo de tus propios pensamientos, resolver tus propios problemas, encontrar tus propias respuestas. Un niño que sabe trabajar independientemente desde pequeño es un niño que puede estar tranquilo él solito, sin estar demandando la participación de alguien más para estar contento. Aquí puedes leer 25 ideas para motivar el trabajo independiente.

5. Aprovecha el trabajo independiente para dedicar atención personalizada

A medida que han ido creciendo, mis niños pueden estar concentrados en sus proyectos durante ratos largos, lo que me permite dedicarle atención personalizada a cada uno. Mientras que dos niños trabajan solos, yo me concentro de lleno con uno y así vamos turnando.

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Mati (8) y Pao (7) haciendo figuras de masa, mientras que yo practico letras con Caleb (5)
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Pao (7) decorando un calendario y Caleb (5) armando bloques, mientras que Mateo (8) y yo revisábamos su libro.
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Mateo (8) leyendo y Caleb (5) pintando, mientras que yo le ayudo a Pao (7) a publicar una entrada en su blog.

 

6. No pasa nada si un día sólo trabajas con un niño

Muchas veces me dedico a un solo niño y cuando termino, ya todos quieren hacer otra cosa, como ir al parque o jugar.

No pasa nada.

Dedico tiempo para estar con los otros niños jugando, viendo una película, jugando un videojuego o cocinando; realmente no hay mucha diferencia entre pasar tiempo haciendo estas actividades o estudiando. Para mí, el objetivo principal de cualquier cosa que haga con mis hijos es fortalecer mi conexión con ellos.
Y después, nos tomaremos otro tiempo para estar concentrados trabajando en los proyectos específicos de los niños que siguen.

7. Ten un plan

Este punto me lo robé de este post, donde Elizabeth tan amablemente compartió su experiencia.
En mi caso, una de las razones de mis “dilemas recurrentes” radica en que no estoy organizada o que no tengo un plan concreto. Los niños se la pasan dando vueltas preguntando qué van a hacer. Pero cuando sí me doy el tiempo de planear las actividades, de platicarlas con los niños y de inspirarlos, ellos saben perfectamente en qué trabajar y lo hacen con gusto.

Acá tengo algunas ideas para crear ese plan.

Y para cuestiones de planeación, te recomiendo muchísimo este e-book de Marvan, en el que explica paso a paso cómo usar las educajas y comparte muchísimas de las ideas que ella ha usado con sus hijos por los últimos casi diez años. Realmente inspirador.

8. Mantén el orden en el área de trabajo

Cuando los niños no encuentran sus materiales necesitan ayuda de los papás, y si tú estás ocupada con otro niño y tienes que estar contestando preguntas continuas, puede ser estresante. Tómate un tiempo para ordenar muy bien todo, para ponerles letreros a las cosas y para darles un “tour” a los niños para que sepan dónde está todo. Mantener el orden no significa que sólo tú debas andar recogiendo todo, sino enseñar y animar a los niños a que ayuden a mantenerlo. Cada vez que trabajen, recuérdales dónde están las cosas y que las regresen a su lugar después de usarlas. (Especialmente si son niños varones. Y aun así… no te garantizo que lo recuerden siempre 😛 )

9. Aprovecha tus habilidades y las de tu esposo

En casa nos ha funcionado bien que yo me encargue del área de comunicación escrita, y mi esposo se encarga del área de lógica y matemáticas, y programación y diseño. Él tiene una clase diaria con los niños –a veces los tres juntos, a veces sólo con uno o dos niños–, y yo también tengo una clase diaria con ellos. Igual, a veces con los tres juntos y a veces sólo con uno o con dos, dependiendo de lo que estemos viendo o lo que queramos reforzar.
Esta forma de trabajar me ha liberado a mí –que soy muy mala para el área matemática– y me ha permitido enfocarme en lo que es mi fuerte y sacarle provecho al máximo. Los niños también se benefician de recibir instrucción no sólo de mi parte, sino de su papá también; y nuestra relación de pareja también se fortalece al repartir la carga entre los dos.

clase papá
Clase con papá
clase mamá
Clase con mamá

Observa cuáles son tus áreas fuertes y las de tu esposo. Platiquen y lleguen a acuerdos en los que ambos puedan beneficiar a sus hijos con sus intereses y conocimientos, y beneficiar a su relación repartiendo la carga.

10. Acepta la etapa en la que te encuentras… ¡y disfrútala!

Cuando tenemos bebés sentimos que esta etapa durará por siempre y que nunca lograremos organizarnos. Lo sé, yo estuve allí por varios años, pero créeme: esa etapa sí pasa y sí llega el día en que tus hijos se visten solos y doblan su ropa y abren su cuaderno para escribir un párrafo, ellos solos.
No te desesperes, y lo más importante: no te pierdas lo maravilloso del día de hoy anhelando que llegue el mañana. Si tienes bebés que no dejan trabajar mucho, disfrútalo. Dedícate a jugar con ellos. Deja las actividades para después.
El trabajo más importante que estás realizando en la vida de tus hijos es permitirles vivir la vida a tu lado.

No te pierdas la última parte de esta serie, donde estaré compartiendo algunas ideas para motivar el trabajo independiente.

Leer la introducción de la serie

Leer la parte 1 de la serie

Leer la conclusión de la serie

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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