Mucha gente tiene esta impresión, ya que desde su perspectiva, privar a la familia del sueldo de uno de los padres para que se encargue de los niños durante todo el día, es un lujo que sólo los ricos pueden darse.

Hagamos algunos números:

Supongamos que yo trabajara ocho horas fuera de casa en un empleo equis, y que mi sueldo fuera de unos $8,000 pesos mensuales (el equivalente a unos 600 dólares) De ese dinero, yo tendría que restar algunos gastos significativos al mes:

  • Necesitaría una empleada doméstica para que se encargara del mantenimiento de la casa, ya que yo no estaría la mayor parte del día.
  • Suponiendo que tenemos un segundo auto para mí, el cual también implica otros gastos, tendríamos que considerar la gasolina de ir y venir todos los días a la escuela y al trabajo.
  • También tengo que considerar que muchas veces no voy a poder llegar a tiempo a cocinar y que vamos a tener que comprar comida ya hecha.
  • También tengo que pensar en una niñera o en alguien que me ayude a cuidar a los niños, considerando que no voy a llegar a tiempo por ellos a la escuela, o que en la tarde tenga que regresar a la oficina.
  • Y por supuesto que tengo que incluir los gastos de la escuela de mis hijos. Pensando que ahora no van a la escuela y no tenemos ese gasto, si yo comenzara a trabajar, tendría que dedicar parte de mi sueldo para cubrirlo. Basándome en este estudio, y considerando que enviara a mis hijos a una escuela de gobierno (por aquello de ahorrar dinero, no por la calidad), tendría que gastar $ 2,000 pesos anuales por niño. Es decir, $ 6,000 pesos por mis tres hijos. Esto sin considerar todo el material para tareas, proyectos especiales, eventos, festivales, excursiones, cooperaciones, convivios, refrigerios, etc., que significan un gasto durante el año escolar. Redondeando, digamos que tendría que gastar unos $10,000 pesos anuales por mis tres hijos. Si divido ese gasto entre doce meses del año, tengo un gasto de $ 835 pesos mensuales, que también debe salir de mi sueldo.

Quiere decir, entonces, que el 72% de todo mi ingreso mensual estaría destinado a suplir los gastos necesarios para que yo pudiera trabajar y para que mis hijos pudieran ir a la escuela. Y esto sin considerar el desgaste físico, mental y emocional por el estrés de andar de aquí para allá todo el tiempo, las consultas y medicamentos (porque seguramente nos enfermaríamos más seguido), y un largo etcétera.

No sé cómo lo veas tú, pero en mi caso, enviar a mis hijos a la escuela para salir a trabajar es un lujo que yo no podría darme.

(Nota: Estoy consciente de que estos números serán diferentes en cada caso particular, y muy probablemente no apliquen en tu caso. Usé estos rubros ficticios como ejemplo para ilustrar que en muchos casos, el costo real de lo que estamos haciendo es mucho más caro que los beneficios reales que estamos recibiendo).

Las decisiones importantes no se toman con base en el dinero

El dinero va y viene, por lo que es un factor muy inestable. Hoy podemos tener dinero y mañana estar en bancarrota, o viceversa. Una decisión de peso en la vida no puede depender de aspectos monetarios. Si tuviste a tus hijos en una etapa cuando te fue muy bien económicamente, pero después de algunos años comienza a irte muy mal, ¿te deshaces de los niños? O si te casaste cuando tenías suficiente dinero, pero luego tu situación empeoró, ¿entonces te divorcias? Lamentablemente, mucha gente sí, porque fundamentó decisiones de peso en factores muy inestables, como el dinero.

Pero los padres que hemos decidido hacernos responsables de la educación de nuestros hijos no estamos fundamentando esa decisión en factores inestables como el dinero; el fundamento de nuestra decisión radica en que este estilo de vida es la herramienta que nos acercará un poco más a nuestras metas a largo plazo.

Nuestro estilo de vida determina nuestras circunstancias, en vez de que nuestras circunstancias determinen nuestro estilo de vida

Es cuestión de prioridades.

Si una persona decide ser atleta, entonces tiene que evaluar sus prioridades y acomodar sus circunstancias de manera que le sea posible llevar el estilo de vida por el que ha optado. Si una persona quiere ser concertista, también tendrá que escoger cuáles son sus prioridades; quizá tendrá que sacrificarse o privarse de muchas otras cosas para poder tener tiempo para practicar, para acudir a los ensayos, para comprar y mantener su instrumento, etc., y todos sabemos de historias inspiradoras en donde el anhelo de una persona fue mucho más allá de sus circunstancias presentes y finalmente alcanzó sus sueños.

Nosotros no esperamos a que las circunstancias sean «favorables» para animarnos a tomar la decisión de ser responsables de la educación de nuestros hijos, sino que una vez tomada la decisión, hacemos que nuestras circunstancias nos permitan continuar con ese estilo de vida.

Conozco muchas familias que han decidido educar a sus hijos en casa y han acomodado todo su entorno para que les sea posible llevar el estilo de vida que han escogido. Algunas familias deciden emprender un negocio desde casa, donde pueden estar al pendiente de sus hijos a la vez que les dan la oportunidad de aprender el oficio. Otros deciden mudarse a las afueras de la ciudad donde pueden tener una casa más espaciosa por un costo menor. Sin el compromiso de tener que salir todos los días a la escuela y al trabajo, pueden darse el «lujo» de sacrificar distancia por espacio. Otros han decidido recortar todos los gastos, como no tener una casa propia o buenos carros o empleada doméstica. Y también he visto mamás solteras ser totalmente autosuficientes y no sólo eso, sino que han acomodado todo su entorno para vivir tal y como ellas lo desean.

Cualquiera que sea el caso específico, los muchos o pocos recursos que esas familias tienen, son invertidos mucho más eficazmente que en la escuela pública. De eso estoy totalmente segura.
Y también estoy segura de que muchos de ellos no son «ricos» porque no tienen casa propia ni buenos carros ni mucho dinero para mandar a sus hijos a clases fuera de casa ni para comprar bonitos materiales educativos; pero son mucho más ricos que mucha gente que sí tiene todos esos bienes materiales porque tienen la libertad de vivir de acuerdo a sus ideales, caminando cada día un poquito más hacia sus metas en la vida.

Nosotros ordenamos nuestro presente

En nuestro caso, nosotros decidimos cuál queríamos que fuera nuestro estilo de vida, y eso no estaba sujeto al trabajo de mi marido o a nuestra situación económica. Dentro de nuestras posibilidades siempre nos esforzamos por tener lo suficiente para continuar con nuestro estilo de vida. Eso significa que hemos ordenado nuestras prioridades y hemos tomado algunas decisiones.

Mi marido decidió traer su oficina a la casa, lo cual reduce por mucho los gastos. Hemos buscado vivir siempre en lugares cerca de parques o áreas verdes donde los niños puedan jugar libremente. Hemos decidido prescindir de la ayuda de una empleada doméstica y nosotros mismos limpiamos nuestra casa. Hemos reducido al máximo nuestras deudas, lo que significa que no tenemos ni tendremos una casa propia hasta que podamos comprarla de contado. Tenemos un solo carro que usamos sabiamente. Comemos comida saludable preparada en casa y organizamos bien nuestros menús para ir al súper solamente una vez al mes. Escogemos muy bien qué materiales vamos a adquirir para los niños, y mucho de lo que usamos lo he hecho yo misma.

Los resultados valen muchísimo la «pena» (si se le puede llamar pena a vivir de acuerdo a tus ideales)
Nuestra relación familiar se fortalece día con día. Los recursos que tenemos son usados eficazmente para suplir cada necesidad, sin desperdiciar. Mi marido es cada vez más productivo en su trabajo, ya que trabaja en un ambiente de calidez y armonía, con toda la libertad de hacerlo a su ritmo y a su estilo. Vivimos en paz, sin presiones ni estrés. Debido a ello y a que comemos saludablemente, rara vez nos enfermamos. Nuestros hijos aprenden libremente, a su paso, y mucho más de lo que podrían aprender en la escuela. Son cada vez más independientes, trabajan solos, son más respetuosos, hacen menos ruido y yo también tengo más tiempo para trabajar en mis propios proyectos. La casa se mantiene más limpia y nosotros estamos adquiriendo más y mejores destrezas.

No se ha dado de la noche a la mañana. Ha sido un proceso de años, y poco a poco, comenzamos a ver los frutos. Como lo dije antes, es cuestión de prioridades. La escuela no es parte de nuestros objetivos familiares y ésa es la razón principal por la que no lo hacemos. Si la escuela fuera parte de nuestros objetivos, entonces encontraríamos la manera de destinar los recursos necesarios para integrarla en nuestro estilo de vida.

Cada quien decide el estilo de vida que desea vivir, de acuerdo a sus ideales y metas en la vida. Hacerte responsable de la educación de tus hijos es un estilo de vida no sólo para los ricos, sino para todos aquellos que, independientemente de su estado económico, sean lo suficientemente valientes y determinados como para evaluar sus prioridades y ordenar sus circunstancias presentes de modo que les sea posible vivir así.

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Acerca de la autora

Priscila Salazar es la autora del blog Supraescolar en el que a través de reflexiones claras y profundas, te inspira a usar tu privilegio de papá o mamá para impulsar a tus hijos a dirigir su propio aprendizaje.
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